Con el escritor Gerardo Molina, ante el lanzamiento de su nuevo libro, ‘Paisanos hazañosos’

Gerardo Molina presentando su nuevo libro, el pasado martes en la Feria Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro en San José.

Poeta, ensayista, narrador y docente. Son muchas las facetas de Gerardo Molina,  internacionalmente premiado autor oriundo de Los Cerrillos que es, además, responsable de La Página Literaria que, jueves tras jueves, engalana la página 10 de HOY CANELONES. En la siguiente entrevista abordamos las particularidades de su nuevo libro, ‘Paisanos hazañosos’, que acaba de publicar la Editorial Planeta y que fuera presentado el pasado martes en la Feria Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro en San José. La obra se presentará mañana en el Espacio Cultural de Los Cerrillos, a las 19 hrs., y en las próximas semanas hará lo propio en la Feria Internacional del Libro de Montevideo.

¿Con qué se va a encontrar el lector que se zambulla en ‘Paisanos hazañosos’?

Con unos cincuenta relatos, la mayoría breves, ambientados en la zona rural y en el Pueblo Cerrillos: con sus personajes y sus historias, sus tradiciones y sus dichos, las anécdotas y los ‘sucedidos’. El libro cuenta, además, con más de cuarenta ilustraciones que complementan y enriquecen los textos, entre las que se destacan las del dibujante amigo Pedro Cano. Podríamos abundar señalando que estos relatos se sustentan en tres vertientes: la festiva, la tradicional y la histórica. En general, la nota risueña aparece como culminación del cuento, en veces real otras, producto de la picardía del criollo: como en ‘La calderamóvil’, ‘Mentiras criollas’ y ‘Paisanos de actualidad’, por ejemplo. La vertiente tradicional refiere a algunas tradiciones que ya son historia, como ‘Las comparsas a caballo’ o ‘La noche de las travesuras’, y a otras, vigentes aún como ‘Las fogatas’ en las vísperas de San Antonio’ (12 de junio), de San Juan (23 de junio) y de San Pedro y San Pablo (28 de junio), y también a algunos ritos que se han perdido, precisamente de la Noche de San Juan, como las Cédulas, que algún ángel o demonio se encargaba de ‘arreglar’, o la cura milagrosa de la hernia. La vertiente histórica procura llevar la mirada y atención del lector hacia algunos episodios menos conocidos, algunos de ellos con un aura de misterio y hasta de leyenda. Por ejemplo: ‘La Cerrillada’, ‘En tiempos de la Guerra Civil’, ‘Divisas’, ‘Un pozo lleno de onzas de oro’, ‘El tesoro de los Illa’, ‘Juan Horminoguez y el Titanic’ y ‘Polizones’. Sin desmedro de otros que escapan a una clasificación rigurosa como ‘Barberos’, ‘Las Comadres’ y ‘Postales del Ayer’.

Un libro por demás variado, entonces…

Sí, sabemos que lograr la sonrisa de los lectores es gratificante al autor, del mismo modo que entretener relatando con una función de algún modo didáctica también, en especial para las nuevas generaciones que se encontrarán con aspectos de nuestra historia y tradiciones que formaron parte de las vivencias de sus mayores.

La narrativa, en este caso el relato, no es una de las zonas más transitadas por su escritura. ¿Cómo fue el proceso de armado de este libro, tan diferente supongo a uno de poesía?

Es verdad. Lo considero un libro atípico en mi creación, pero, de algún modo todos, no sólo los escritores, somos un poco ‘cuenteros’ en el buen sentido del término. Así, al cabo de los años (algunos cuentos son de la década del ochenta) se fue conformando y casi, casi, salvo algún derecho de edad, los relatos fueron acomodándose solos como los zapallos en el carro.

¿Siente que este libro se inscribe dentro de la tradición nacional del relato costumbrista?

Ni por asomo he pensado en esa posibilidad, pero quizás los estudiosos del tema encuentren útiles aportes al respecto.

El libro cuenta con una suerte de breve prólogo de Abel Soria, un creador con el que usted comenzó en el mundo de la publicación y con quien siempre permaneció en contacto. Me gustaría que nos contara algo de ese vínculo y sobre si encuentra alguna relación entre los relatos de ‘Paisanos…’ y la obra de Abel.

Cesado el tiempo del fútbol de campito, llego, desde El Colorado, a visitar los tíos Blanca y Antonio. Al bajar del ómnibus, frente al antiguo almacén de Bernardo Virgili, por entonces de Nelson Ferreira, me encuentro con Abel. Él, quinceañero, seguía soñando mientras trabajaba ahincadamente en la chacra y pronto comenzaría sus clases de guitarra con el profesor Humberto Calvetti. Yo, con trece años, había comenzado el Liceo. Nos saludamos y le comento: -¿Sabés que escribí unos versos? Y me responde: -¡Y yo también! Vamos hasta casa que te los muestro. Y allí los tenía, escondidos en una caldera vieja, como ‘una travesura más’. Escritas en papel de forrar cuadernos, cuidadosamente doblado, estaban sus primeras décimas. Tiempo adolescente, de sueños, de idealidad, de esperanzas, de sentir que llevábamos algo dentro que debíamos prodigar. Vendría, luego, la osadía de nuestro primer libro compartido, ‘Primeros Vuelos’. Era en marzo de 1956. Abel ya había armado los originales del libro, todo con su caligrafía tan admirable, y sólo faltaba llevarlo a imprenta. Ya habíamos recorrido Montevideo en busca de presupuestos y recalamos en la calle Cerrito, Imprenta Central. Ese mismo año, Abel Soria se va a San José en el comienzo de la que se transformaría en una larga y exitosa carrera como payador, cantor y poeta criollo. Muchas décadas pasaron, creció y se prodigó la amistad y la obra. Cada encuentro en su ciudad de adopción o en sus venidas al pago, estuvo salpicado siempre de estrellas, de recuerdos, muchas veces recurrentes, de proyectos, del regocijo que suponía comentar las creaciones, no sólo las nuestras, sino la de otros poetas que celebrábamos y aún aprendíamos de memoria.

En cuanto a la relación entre ‘Paisanos…’ y la obra de Abel podría estar en el aspecto festivo de algunos relatos, circunstancial en mi producción pero que sí llenó innumerables páginas del creador amigo, cerrillense y maragato. Pero sobre todo se da en la presencia del pago, aspecto que también es común a otros creadores de estos lares, desde Juan Pedro López hasta la obra de los talentosos narradores actuales María García Marichal y Martín Bentancor.

¿En qué se encuentra trabajando ahora?

Redondeando otro libro, ‘La última pulpería’ (Romances Históricos), con la particularidad de que, a modo del clásico ‘Flor Nueva de Romances Viejos’, al pie de cada romance se inscribe el contexto histórico y, en veces, el comentario y la visión personal sobre los hechos, lugares patrimoniales y personajes, motivo de los poemas. Proyecto, además, una posible segunda antología de mis versos. Y ya voy reuniendo material –nuestro pago es una cantera inagotable– para otro futuro libro de relatos.