Hace tres años que Mariela Fernández trabaja como taxista. En este momento se encuentra trabajando en la empresa ‘Taxi Pana’, de la ciudad de Canelones. Es oriunda de la localidad de Chamizo, Florida, y se mudó a Canelones por este trabajo. Esta historia es un claro ejemplo de que si bien no hay profesiones para hombres y profesiones para mujeres, en la sociedad uruguaya todavía existen prejuicios al ver a una mujer manejando un taxi.
Mariela cuenta que decidió ser taxista para probar algo nuevo y para recibir un aporte económico. “Al principio era el bichito raro. Me preguntaban si tenía miedo, pero ahora la gente ya se ha acostumbrado. Incluso me llaman porque prefieren ir conmigo”, comenta. “En el taxi escuchás cualquier tipo de comentarios. Me cuentan historias, me piden consejos, me hacen preguntas. Soy psicóloga, cura y chofer a la vez. Hay personas que vienen y me cuentan sus problemas y se ponen a llorar”, señala.
Sorpresa
Una pregunta frecuente que le hacen a Mariela cuando está manejando un taxi es: “¿No tenés miedo de andar de noche?”. Ella responde que no. “Me siento muy cómoda manejando. Pienso que si me va a pasar algo, me puede pasar a cincuenta kilómetros por la ruta, sola, como me puede pasar acá adentro del taxi”, afirma.
“Aunque parezca mentira, al principio la que me discriminaba más como mujer taxista era la propia mujer. Me pasó varias veces. Pasaban por delante del coche que yo manejaba y decían: ‘Vamos con el de atrás’. No me afectaba, pero a la vez no podía creer que se diera esta discriminación por parte de las propias mujeres”, dice Mariela. “Sin embargo, con el tiempo me doy cuenta de que mucha gente prefiere ir en un taxi con una mujer. Las personas me dicen que se sienten más cómodas, sobre todo las personas mayores”, agrega.
Trabajar con la gente
Además, Mariela manifiesta que se siente muy cómoda trabajando en la empresa actual, ‘Taxi Pana’. “Estoy muy contenta. En esta empresa trabajás tranquila, sin presiones. El patrón es un compañero más”, relata.
Sobre lo que más le gusta de manejar un taxi, expresó que “me encanta trabajar con la gente. Por ejemplo, disfruto ayudar a las personas mayores a bajar del taxi. A veces me peleo con los choferes de ómnibus porque paro sobre la derecha para que bajen con la silla de ruedas, tocan bocina, yo me enojo y respondo para ayudar al pasajero que tiene derecho”.
Elisa Romego


