En su taller sobre la calle Florencio Sánchez, con paciencia y en silencio, el reconocido creador local Ángel ‘Lito’ Saibene (Canelones, 1944) ha creado una obra deslumbrante: el ‘Bicentenario de la Iglesia de Canelones’ es un óleo sobre tela, de 60 por 50 centímetros, que el maestro trabajó con espátula, y en el que reconstruyó una imagen de una ciudad de Canelones que ya no existe pero que vuelve a revivir, ante los ojos del espectador, a través del color, el detalle y el rigor histórico. En esta nota, conocemos la historia del cuadro.
“El año 2016 es muy importante para la ciudad de Canelones”, comienza diciéndome Saibene, sentado a su mesa de trabajo mientras afuera, en el patio interno de su taller, el sol de la media tarde traza caprichosos círculos de luz en su descenso. “El 2016 es el año de tres bicentenarios. El 27 de enero de 1816 fue el nacimiento del departamento de Canelones. Ese día, el Cabildo de Montevideo creó seis departamentos, y uno fue Canelones. El segundo acontecimiento ocurre el 9 de febrero, cuando de acuerdo a los departamentos creados, los cabildos se reúnen para asumir las autoridades. Y el tercer acontecimiento ocurre el 13 de octubre, cuando se coloca la piedra fundamental de la Iglesia de Canelones”, relata. Saibene señala que los tres acontecimientos ocurrieron bajo el gobierno de José Gervasio Artigas, que se encontraba en su apogeo como Jefe de los Orientales.
Decidido a plasmar en una obra el bicentenario de la Iglesia, Saibene recurrió, en primer lugar, a la búsqueda de documentos históricos en la Parroquia de Canelones. “A partir de una serie de planos y de documentos que encontré allí, decidí pintar la Iglesia. Ahora bien, lo que yo plasmo en el cuadro no es la Iglesia tal como la conocemos, ya que su creación llevó muchísimos años, y ese proceso fue reflejando la realidad y la historia del departamento y, sobre todo, de la ciudad”, dice el artista.
Reconstruyendo la historia
El cuadro ‘Bicentenario de la Iglesia de Canelones’ nos ubica un poco después de aquel mes de octubre de 1816, aproximadamente, afila la precisión Saibene, en 1820. En la obra puede observarse el edificio del Cabildo (que llega hasta el actual edificio de la Zapatería Delgado), la llamada ‘Capilla vieja’ (que luego es demolida para dejarle lugar al cementerio, sobre los fondos de la actual Iglesia y del predio donde hoy se encuentra el Teatro Eslabón) y en la esquina de las actuales calles Rodó y Batlle y Ordóñez, vemos el primer edificio de la Iglesia.
“En 1820 pasa por acá el pintor (Juan Manuel) Besnes e Irigoyen, quien dibuja en acuarelas algunas de las imágenes que yo pinto en mi obra”, dice Saibene. De esa forma, el pintor canario incorpora como insumos, a la hora de pintar la Iglesia, no solo los documentos registrales hallados en la Iglesia sino la obra de un creador que lo precede, logrando así un mayor efecto de realismo, en consonancia con el rigor histórico. “Las acuarelas de Besnes e Irigoyen las consulté en la Biblioteca Nacional. Esas obras me resultaron muy importantes para recrear aspectos de las construcciones de la época (algunas eran de paja y otras de cuero) y hasta la indumentaria de los personajes”, afirma Saibene.
En el cuadro puede verse el espacio de la actual Plaza 18 de Julio, con una bandera izada en el lugar aproximado donde hoy se encuentra el Monumento a la Bandera, popularmente conocido como ‘La Joaquina’. “La Iglesia y los terrenos que están alrededor de la manzana, fueron la base principal para delinear todo el pueblo”, dice Saibene. “La Iglesia está en la punta misma de la capilla, es el ´parteaguas’. Si vos te parás frente a la Jefatura (en la esquina de Tomás Berreta y Batlle y Ordoñez), en un día de mucha lluvia, vas a ver que el agua corre hacia los dos lados, para la Parada Rodó y rumbo al Parque Artigas”, agrega.
De sus años de juventud, Saibene evoca un interesante recuerdo que arroja nueva luz sobre la antigua conformación del centro de la ciudad de Canelones, precisamente de la cuadra fundacional que ocupa la Iglesia. “Cuando en la década del sesenta se hizo la primera cancha del Guadalupe (que da sobre la calle Artigas), corría a lo largo de la Iglesia, en los fondos. Me acuerdo que yo era un muchacho e iba con otros jóvenes de mi edad a pasar el rodillo en la obra de la cancha, y aparecieron restos de crucifijos y pedazos de mármoles del antiguo cementerio”, cuenta.
En este momento de la conversación, Ángel ‘Lito’ Saibene abre una carpeta con material documental, donde se encuentran los diversos registros escritos y pictóricos que le permitieron, valga la redundancia, armar el cuadro. Vemos allí las acuarelas de Besnes e Irigoyen, en blanco y negro, en una de las cuales destaca el edificio de la Iglesia que Saibene reconstruyó en su propia obra. “Si vos mirás con atención el frente de la Iglesia de Canelones, vas a ver que está ‘echada para atrás’. El atrio se lo agregaron mucho después de la construcción y en una de las paredes se ubicó una marca de agua que sirvió de referencia para toda la ciudad”, afirma.
La pintura
Ángel ‘Lito’ Saibene manifiesta que su obra pictórica está muy atada a los temas históricos, de lo cual es clara muestra el ‘Bicentenario de la Iglesia de Canelones’ que acá nos ocupa. El gusto por los temas históricos (que se sigue manifestando en una obra en curso que este cronista pudo presenciar pero de la que, en acuerdo con el artista, nada se develará aquí) va de la mano con el rigor por los datos concretos, reales, aquellos que permiten dotar de veracidad y realismo a un cuadro figurativo como el ‘Bicentenario’. “Antes de comenzar a pintar este cuadro fui varias veces a la Iglesia, buscando antecedentes, documentos”, dice, al tiempo que me muestra la copia facsimilar de un libro llamado ‘Fábrica de la Iglesia’, documento que reconstruye el proceso de construcción del emblemático edificio.
El proceso de creación del cuadro fue largo: desde los primeros dibujos en base a las fotografías y acuarelas hasta la fijación de las imágenes en la tela, procediendo con la espátula y los colores, componiendo las formas y precisando, siempre atento, los detalles de cada composición.
La obra ‘Bicentenario de la Iglesia de Canelones’, que ilustra la portada de la agenda anual que se distribuye con esta edición de HOY CANELONES, deslumbra en su naturalidad plasmada en los trazos y el detalle, en el manejo de la luz sobre la escena y en el ejercicio que le propone al ojo del observador: comparar la imagen creada por Saibene con el mismo escenario en este 2015 que se apronta a terminar. El efecto es asombroso porque así funcionan, estoy seguro, las obras de los grandes artistas.
Martín Bentancor

