

Nació en un tiempo muy diferente al actual, a poca distancia del pueblo pero muy lejos del mundo… Presentamos esta historia compartida con Segunda Felicia Cabrera Pérez.
Los recuerdos
Soy de Leo. Dicen que los de Leo somos de carácter fuerte. Cuando hacíamos feria con mi esposo me decían ‘La Italiana’… no sé por qué… (Risas). Nací entre Paso del Bote y el Parador Tajes. El camino para el lado del Parador tenía un arroyo que muchas veces no daba paso. Los caminos eran de tierra, puro barro. La única abuela que conocí se llamaba Segunda, igual me pusieron a mí. Vivía en rancho aparte pero cerca de la casa de mis padres.
Juguetes no teníamos. Les pedíamos a los Reyes y nunca nos dejaban nada; eso si, nos hacían salir a buscar una carta entre las plantas y las flores que siempre dejaban… los Reyes, justificando con alguna excusa porqué no nos habían podido dejar nada.
Allá por los 11 o 12 años por conversaciones con unas niñas que vivían cerca de casa y que venían a mostrarnos cuanta cosa les habían traído a ellas, nos enteramos de cual era el verdadero origen de los regalos.
El primer hijo de la familia falleció a los 19 días, después fuimos naciendo las 4 hermanas, Venancia (se llama así por nuestra madre) es la mayor, yo soy la segunda pero mi nombre seguramente me lo hayan puesto por que así se llamaba mi abuela, después Rosa ‘Tita’ y Evangelina, que falleció a los 46 años en un accidente de tránsito.
Fuimos a una escuela que funcionaba en una hermosa Capilla (en el medio del cmpo). La maestra era Rufina ‘Rina’ Van Velthoven. Allí se rezaba a la entrada y a la salida. Mamá nos había enseñado algo y cuando fuimos a la escuela, algo ya sabíamos. Íbamos las cuatro a caballo, de a dos por caballo. Habremos ido unos tres años, pero descontando los días que llovía o el arroyo no daba paso fue mucho menos… Después ya nos indicaron las tareas que debíamos realizar en la chacra. Papá salía a comprar ganado que llevaba a La Tablada. Ese era su principal trabajo, y a mamá y a nosotras nos tocaba hacer todo el trabajo: arábamos, sembrábamos, carpíamos, cosechábamos. Cuando no había otra cosa que hacer debíamos juntar la bosta y esparcirla por las tierras que se estaban preparando. Plantamos de todo un poco: maíz, cebada, papas, boniatos y si quedaba algún rinconcito se plantaba trigo. Mamá era la que dirigía las tareas. A las tres o cuatro de la mañana teníamos que darle de comer a los bueyes y cuando clareaba salir a trabajar. También a nosotras nos hacían «embarrar» los ranchos de tierra y entre todas armábamos la quincha. Eran ranchos de piso de tierra pero eran secos adentro. No se llovían.

Cupido
Era muy difícil entonces conocer o entablar una relación con los muchachos. No salíamos para nada. A veces veíamos pasar a alguno por el camino. Recién a los 19 años pude ir a los bailes. Tuve que exigirle a papá que me permitieran ir y entonces me empezó a llevar. Íbamos de a caballo a los bailes. Mi hermana mayor ya se había casado sin haber ido a ninguno. Nos empezó a llevar pero antes nos pidió que segáramos tres cuadras de chinchilla, a lo me negué. Era bastante difícil el relacionamiento de los padres con las hijas mujeres. Y todas las culpas por contestar me las llevaba yo…
A mí me pasó esta situación: una tía vino a pedir que alguna de nosotras la acompañara a un velorio. Nunca había ido a un velorio; entonces fuimos con mi hermana pequeña. Lo cierto es que en el velorio había unos muchachos amigos de los deudos y Cupido nos flechó. Ese muchacho después empezó a pasar el camino que pasaba por casa y después pudimos ser novios…. Con él me casé y tuvimos un hijo que se llama Carlos Wilson González, quién me ha dado cuatro nietos y siete bisnietos (una falleció al caer de un tractor).
Pocas noticias
A casa muy raramente llegaba algún diario, y radio no teníamos. Tenía los libros de la escuela (que todavía conservo), a veces algún familiar o las vecinas traían alguna revista pero eso era muy rara vez. Papá trajo algunos diarios y le pedía a mamá que se lo leyera. Después, cuando nosotras supimos leer, nos pedía a nosotras.
Jubilada
Cuando ya era viuda y jubilada fui de las fundadoras de la Asociación de Jubilados de los Cerrillos (AJUPENCE), llegando a estar en varias comisiones. Llegué a ocupar la presidencia. Con los años he dado un paso al costado para dejar lugar a gente mas joven. Me he vuelto a casar, para no estar sola. A veces desearía que mi familia me visitara más. Yo no me deprimo, pero ya no veo bien para salir sola y he dejado de andar en motocicleta por ser conciente del peligro de caerme o sufrir un accidente. Ahora camino, que es más sano… (Risas) y la moto la tengo en venta… (Risas).
Reinados
Organizábamos bailes y en varias ocasiones participé de concursos. Fui Reina de AJUPENCE dos veces: en 1997 y 2007 (me muestra fotos). Fui Reina del Carnaval en el Club Solís de Las Piedras. Estoy en el coro de AJUPENCE y me ha nombrado Reina también. ¿Qué más puedo pedir? He podido viajar en excursiones, conozco Rio de Janeiro y algo de Argentina.
¿Si pudiera nacer de nuevo que preferiría, volver a nacer en aquellos tiempos o en el actual?
En la actualidad. Ahora a los niños no les falta nada y los mandan a estudiar…
Escribe: José E. Rodríguez

