Como es tradición, cada 2 de noviembre, con motivo del Día de los Difuntos, miles de personas van al cementerio, desde temprana hora, para recordar a sus difuntos, llevarles flores y rezar oraciones.
La conmemoración de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos, es una celebración cristiana que tiene lugar el 2 de noviembre y cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.
La conmemoración de todos los fieles difuntos es celebrada por toda la Iglesia el 2 de noviembre. La base teológica de la fiesta es la doctrina de que las almas, que al partir del cuerpo no están perfectamente limpias de pecados banales o no han reparado totalmente las transgresiones del pasado, se encuentran purificándose en el Purgatorio. Según la visión cristiana, el creyente en la tierra puede ayudarles con las oraciones, la limosna y sobre todo por el sacrificio de la Misa.
Aunque la costumbre de orar por los difuntos y celebrar misa por ellos es tan antigua como la Iglesia, la fiesta litúrgica por los difuntos se remonta al 2 de noviembre de 998, cuando fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny en el sur de Francia.
Origen y tradición
El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen mesoamericano que honra a los difuntos. Su origen tiene antecedentes relacionados con el mestizaje. Comprende rasgos culturales indígenas y españoles que al mezclarse dieron lugar a todos los ritos y ceremonias que se realizan alrededor de la festividad.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones desde la época precolombina. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.
En tanto, según la tradición romana, esta tradición fue instituida por Rómulo para dar paz al espíritu de Remo, quien estaba furioso contra su hermano, que lo había asesinado, y éste no le dejaba vivir en paz. Lo que le reclamaba el hermano muerto era que le rindiese culto: con eso se aquietaba. De lo que se trataba por tanto era de rendir culto a los difuntos más recientes que aún no habían sido elevados a la categoría de manes, sino que vagaban entre los mortales en calidad de lémures (espíritus que aún no habían alcanzado el honor de los altares familiares). Los espíritus de los muertos de mala índole que se habían dedicado a hacer el mal en vida y seguían su mala inclinación después de muertos, recibían el nombre de larvas.
La razón de ser de la fiesta cristiana de los difuntos es precisamente el culto en sufragio por las penas que aún tienen pendientes de pagar por el mal que voluntaria o involuntariamente hicieron en vida. Precisamente, las indulgencias aplicables a los difuntos apuntan a ese objetivo. El fondo doctrinal es siempre el mismo: los vivos estamos en deuda con los difuntos; y si no cumplimos con las obligaciones que dimanan de esa relación deudor-acreedor, no nos dejarán en paz porque ellos tampoco podrán descansar en paz.
Día de reflexión
La tradición de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, como sucede con los seres terrenales.
El cementerio, en estos dos primeros días del mes de noviembre, se convierte en una inmensa plaza pública donde asoman las más inusitadas manifestaciones y los más extraños encuentros entre vivos y difuntos.
En Canelones
Un soleado día permitió ayer que miles de canarios concurrieran a los cementerios de todo el departamento. Desde la mañana al anochecer, el Cementerio de Canelones recibió miles de visitantes. No obstante, cada año se nota una menor concurrencia y las causas son adjudicadas a que las nuevas generaciones no toman este día de la misma forma, afirman los funcionarios de Necrópolis, dependientes de la Intendencia.
HOY CANELONES conversó con algunos de los vendedores de los puestos de flores que se encuentran en las afueras del cementerio local, para saber cómo había sido el movimiento durante el día y las costumbres de compra en cuanto a flores de la gente.
Para Alicia, una de las vendedoras, por ejemplo, el movimiento durante ayer lunes y el fin de semana previo fue muy bueno. Según explica, “la gente prefiere las flores artificiales, porque duran más y con esto de que no se puede usar agua, sino arena, en los floreros es mucho más fácil poner este tipo de flores. Generalmente la gente compra una docena y la reparte entre sus seres queridos”.
Al mismo tiempo, señala que las flores naturales más compradas “son los claveles y los pimpollos”.
Por su parte, Gladys, quien trabaja desde hace treinta años todos los días vendiendo flores en las afueras del cementerio, si bien el movimiento durante el día de ayer fue muy bueno, se puede percibir como con el paso de los años el flujo de gente ha decrecido. “Hoy y el fin de semana hubo un movimiento parejo durante todo el día y por suerte se vendió mucho. En cuanto a las flores naturales se venden muchos claveles, miniclaveles, siemprevivas y sobre todo se vende mucha flor artificial”, contó.
“Se ve mucha gente mayor y de edad intermedia. Los jóvenes llegan, generalmente acompañando a los mayores. Yo creo que de a poco se va perdiendo la tradición”, finalizó diciendo.
Ma. Eugenia Núñez

