El próximo lunes 5 de octubre (a la hora 20, en el Salón Rojo de la Intendencia Municipal de Montevideo), en el marco de la 38ª Feria Internacional del Libro de Montevideo, el escritor Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978) presentará su nuevo novela, ‘El gato y la entropía #12 & 35’, recientemente publicada por Estuario Editora. En diálogo con HOY CANELONES, este prolífico escritor, que se desempeña además como crítico literario, habló del proceso de escritura, su expectativa de cara a la inminente presentación y su visión de la Ciencia Ficción, corriente literaria en la que suele ser inscripto.
Teniendo en cuenta que es usted un escritor muy prolífico, ¿en qué momento de su carrera lo encuentra la publicación de ‘El gato y la entropía’?
Después de terminar una primera versión vagamente satisfactoria de ‘El gato y la entropía’, me pareció que de alguna manera servía de resumen o condensación de una etapa anterior o primera en mi escritura. Sería la que va entre ‘Perséfone’ (2009) y ‘La historia de la ciencia ficción uruguaya’ (2013). También es posible que esta novela trace un puente hacia lo que me interesa más trabajar ahora, sobre todo en términos de tono, estilo y voces narrativas (múltiples pero tramposamente confundidas), en particular la novela ‘Las imitaciones’, que escribí entre enero y marzo de este año y estoy corrigiendo en este momento (si todo sale bien será publicada en Buenos Aires en diciembre). En lo personal, ‘El gato…’ entra en mi par de libros favoritos entre los que he publicado hasta este momento, junto a ‘El orden del mundo’.
Hábleme un poco del proceso de escritura del libro. No se supone, a primera instancia y solo viendo la estructura, que haya sido sencillo y rápido de escribir…
Es un libro caprichoso. Escribirlo fue fácil y placentero. Fue cuestión de dejarse llevar y hacerse preguntas como “¿Y yo con qué tema o historia relacionaría esto que acabo de contar?”. Y hablar de ese tema o contar esa historia o, mejor, historias. A veces como nota a pie de página, otras veces en el cuerpo del texto. Después hubo algunas secciones (la nota 13 por ejemplo) que demandaron investigación, y otras tantas que necesitaron ser reescritas, varias veces incluso. El proceso se llevó al menos dos años, con cambio de final y todo. Pero siempre fue disfrutable. Si tomás a su protagonista, a su narrador y a la entidad que arregla las notas a pie de página, y los combinás en la máquina clonadora de ‘The Fly’, sale alguien igual a quien fui durante esos años. Por no decir idéntico. En cierto modo, es un libro en el que me ofrecí entero, para parafrasear lo que dijo Mario Levrero en una entrevista.
¿Está Bob Dylan presente en el libro? ¿De qué forma?
Ya quisiera yo poder decir que Dylan es el alma del libro. Lo cierto es que está en todas partes. Anoto algunas apariciones y callo otras: está en el título (que alude a la canción ‘Rainy Day Women #12 & 35’, del disco ‘Blonde on Blonde’), en la historia de los mellizos telépatas (que parodia la letra de ‘One more cup of coffee’, del disco ‘Desire’), en la sección sobre las conspiraciones del rock, en la historia que arranca en la página 97, en la manera en que ‘El gato y la entropía’ es una novela sobre la historia del rock (ese invento de Bob Dylan), en la ropa de uno de los personajes, y en varias citas apenas disimuladas.
¿Cuál es su expectativa de cara a la presentación en la Feria del Libro el próximo lunes?
Pasar un rato divertido con los amigos que vayan a acompañarme.
Se lo vincula generalmente a usted con la Ciencia Ficción. ¿Se considera un autor de género o no le interesan las etiquetas?
He escrito libros que son 100% ciencia ficción, como la novela ‘Los viajes’. También escribí textos más bien tirando a “realistas”, como ‘Perséfone’ o ‘Vampiros porteños, sombras solitarias’. Cuando escribo ciencia ficción –y, en general, mi ciencia ficción más “pura”, si es que cabe el término, está en mis cuentos– soy un escritor de ciencia ficción. Cuando escribo algo que no es 100% ciencia ficción o que tiende más al realismo, soy un lector de ciencia ficción puesto a escribir otra cosa. Así que, en última instancia, el género (ese género en particular, si es que la ciencia ficción es un género) está en mi ADN. Si viene alguien y dice “Sanchiz es un escritor de ciencia ficción”, a mí no me molesta para nada.
Además de sus ficciones, es usted un crítico literario muy leído en la prensa diaria y digital, caracterizándose por un espíritu que puede llamarse confrontativo. ¿Le ha traído eso algún problema? ¿Siente que ha molestado a algún autor del medio?
¿Problema? No sé, no. Ningún problema. Es decir, nada que me importe o que valga la pena mencionar o atribuirle una relevancia que no tiene. Y si alguien se siente “molestado”, bueno, yo qué sé. Que no me lean, que convenzan a sus amigos de que no me lean, que vayan a lamentarse a la soledad de alguna playa, contra el rumor inagotable de las olas y los quejidos de las gaviotas.
Desde hace unos años, se ha consolidado una suerte de nueva generación en la literatura uruguaya, con gente que ronda los 35, 40 años. ¿Siente la pertenencia a ese grupo? ¿Con qué autores percibe que dialoga su literatura?
Creo que lo que yo hago no se parece, en general, a lo que hacen los colegas de esa “nueva generación”. Tengo para mí que buena parte de esta “gente que ronda los 35, 40 años” está preocupada por hacer literatura (como quien dice hacer buena letra), por “contar bien una historia”, por “quedar bien” ante ciertos modelos de ética de escritor, y esas cosas –y esos modelos de ética de escritor– no me interesan. Si lees ‘El gato y la entropía’ me parece que queda claro que, para bien o para mal, no hay una novela que se le parezca en lo que podríamos llamar el corpus de la nueva narrativa uruguaya. A la vez, supongo que no hay muchos escritores de mi edad que sientan la necesidad de establecerse como el tipo de escritor con un proyecto definido (en mi caso, el mosaico o macronovela de Federico Stahl y sus múltiples variantes y ucronías, que hace a toda mi narrativa) y más bien proceden libro a libro, novela a novela, cuento a cuento. Me parece perfecto y probablemente más saludable; yo, en cambio, siento la necesidad de dedicarme exclusivamente a un mural gigantesco –un puzzle, incluso–, en el que sin duda alguna fracasaré tarde o temprano. Pero así son las cosas. Y mentiría si dijera que no me divierto armando puntos de divergencia entre relatos, coincidencias entre mundos paralelos narrados, esquemas de proliferación, modos en que cada novela postula o demanda otras tantas.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta: ya quisiera yo que mis libros “dialogaran” con los de Ballard, Dick, Gibson, Pynchon, Lethem, Moore, Carter, Lovecraft, Gray, LeGuin, Danielewski. Pero eso no puedo decirlo yo. Sí que encuentro en la escritura de esos señores y señoras una suerte de provocación, algo que suscita el deseo de escribir. Eso, y que si entendemos “dialogar” como sinónimo de “robar”, sí, mis libros roban y copian a los de todos esos que nombré. Con amor.
Viviana Negredo

