Reflexiones sobre el día de los más pequeños
Como es costumbre, cuando se acerca el Día del Niño, las jugueterías y tiendas muestran decenas de ofertas para hacerse de los regalos con los que se agasajarán a los más pequeños el próximo domingo. Pese a que esta celebración nació para recordar y reafirmar cada año los derechos del niño, inevtitablemete este día se ha transformado en un día sumamente comercial.
Como cada año, en agosto celebramos el Día del Niño. Las vitrinas de las tiendas se llenan de juguetes, se lanzan grandes promociones y todo es dedicado especialmente a ellos, pero más allá del gran negocio en el cual se ha transformado este día, la jornada pretende crear conciencia sobre la situación de los niños en el mundo.
Aunque muchos no están de acuerdo con esta celebración por el consumismo al que va ligado, el espíritu con el cual nace es muy diferente.
El Día del Niño es una celebración que tiene más de cuarenta años. Fue en el año 1954 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) recomendó que se instituyera en todos los países el Día Universal del Niño, una fecha exclusivamente consagrada a reafirmar los derechos de los niños y a destinar diversas actividades para lograr el bienestar de los niños del mundo.
Fue el 20 de noviembre de 1959 cuando se aprobó la Declaración de los Derechos de los Niños.
Cada país lo celebra en fecha y forma diferente. En Uruguay siempre es en el mes de agosto.
El objetivo inicial era destinar un día especial dedicado a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo. Sin embargo, con los años el Día del Niño se ha convertido en un día meramente comercial.
La marca del comercio
Sin dudas, el día del niño es una de las fechas que concentra más bombardeo publicitario y en donde las ventas alcanzan sus puntos más altos. Un claro ejemplo de esto es que es la propia Asociación de Jugueteros es quien decide en qué domingo de agosto se celebra en nuestro país.
Precisamente, un prestigioso académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica del Maule, Gerardo Chandía, realiza un fuerte llamado de atención a los padres para ser creativos, generando actividades entretenidas enfocadas en el contacto afectivo con los niños y niñas, y no necesariamente obligándonos a caer en el consumo. Según el académico, “el principal error es ser presa de las estrategias publicitarias que nos incentivan la compra de un regalo”.
Además, argumenta que los padres deben estimular ciertas actividades como ver una película, cocinar en familia, pasear a las mascotas, salir de picnic, que podrían ser unas de las alternativas que se contrapongan a esta era del consumismo, las que a juicio del profesional de salud pueden contribuir al vínculo entre niños/as y sus figuras significativas.
Por otro lado, destaca la importancia de generar espacios de intercambio. “El acento debe estar puesto en compartir un día de juegos, diversión y enfocado en el contacto afectivo. Idealmente todos los días debiesen tener la misma tónica, respecto del contacto afectivo e instancias lúdicas. Sin embargo, la vida diaria laboral de padres, madres y/o cuidadores dificulta el establecimiento de estas instancias, por tanto al menos un día al año, el énfasis pudiera estar puesto en un día de relajación, distención, y no necesariamente económicamente costoso”, señala.
Buscando otras alternativas
En diálogo con HOY CANELONES, la psicóloga Marianela Delgado coincidió en manifestar que esta celebración ha perdido notoriamente el propósito inicial y se ha transformado en una celebración regida por el consumo. “Todo el mundo asumió tácitamente que es un día en donde tiene que haber regalos. Un ejemplo de eso es que es uno de los días donde se compra más. Todos compramos, nadie es ajeno al consumismo, en mayor o menor medida todos estamos moldeados por la lógica consumista”, señaló. “El origen de esta celebración es muy diferente al de hoy en día y la mayoría de la gente desconoce cómo surgió la idea de celebrar este día”, agrega.
Para Delgado, sería bueno que los padres pudieran buscar otras alternativas para agasajar a los niños. “Salir a pasear, hacer algo distinto y salir de la rutina es una buena opción, que no implica necesariamente mucho gasto. Lo que pasa es que los padres actuales estamos sumergidos en la vorágine diaria y entonces nos resulta más cómodo y práctico comprar un regalo que pensar en una alternativa diferente. Este tipo de experiencias son las que quedan para toda la vida”, indicó.
Un tema no menor es cuando los padres no pueden satisfacer las expectativas de los regalos. “Es importante que los niños tengan conciencia de la situación de la familia. Es necesario que los adultos puedan plantearles cuando las condiciones económicas no permiten la compra de lo quieren porque sino puede generar frustración y falsas expectativas. Es por eso que creo fundamental privilegiar las interacciones familiares y actividades para compartir”, comenta la especialista.
Ma. Eugenia Núñez


