Los poetas cuentan…

En el Día Mundial de la Poesía (sea lo que sea que signifique esa expresión), la excusa nos pareció válida en HOY CANELONES para contactarnos con catorce poetas (de Uruguay, Argentina y Paraguay) y pedirle que nos contaran a qué poeta consideran fundamental y por qué. A continuación, las respuestas de los bardos.

Mario Arteca (argentino)

Me da la impresión que Ezra Pound es un poeta fundamental, por varias razones. La primera, porque atravesó, en más de 50 años de poesía, una batería de procedimientos que alimentaron la lírica del porvenir (la mezcla de géneros, de discursos, la adecuación de la forma provenzal a los mecanismos compactos de elisión contemporáneos, el trabajo sobre la imagen rápida, de corte oriental, etc.). La otra razón, es que su poesía, sobre todo en The Cantos, muestra con qué libertad se puede llevar adelante un proyecto donde lo que suponemos es la «poesía», queda relegado a un proyecto mayor: poner en discusión qué cosa es un género cuando en ese formato involucramos diferentes matrices. Todo gran proyecto debe llevar consigo la manera de desmentirlo. Y Pound fue un gran creador de fórmulas múltiples. Por eso es fundamental su intervención desde principio hasta la mitad del siglo XX.

Gerardo Molina (uruguayo)

Poetas fundamentales, muchos. Pero elijo uno para este momento: Antonio Machado, porque el paisaje de Soria y de Segovia (entrañable España), está en la esencia de su obra poética, en el eternal mensaje personal -pero de todos-, su propia vida, las nostalgias del amor perdido, las rebeldías, el sueño de una España mejor. Desde las casonas, plazas, fuentes, callejas, mesones, iglesias -en pueblos casi fantasmales- hasta la grandiosidad del campo castellano, alcores, serrezuelas, el Duero, encinares, álamos, roquedas; y estampas seráficas como algunas del campo nuestro: «Dos lentos bueyes aran/en un alcor, cuando el otoño empieza,/ y entre las negras testas doblegadas/bajo el pesado yugo, /pende un cesto de juncos y retama,/ que es la cuna de un niño;/ y tras la yunta marcha/ un hombre que se inclina hacia la tierra;/ y una mujer que en las abiertas zanjas/ arroja la semilla…»

Fabian Muniz (uruguayo)

Considero fundamental a Carlos Pellicer, no solo por su original aporte a la vanguardia mexicana, sino por el mérito doble de toda su poesía: quitarle el envoltorio hermético al poema, y agudizar la mirada conceptual sobre la existencia humana sin perder la sensibilidad mundana. ¡Cómo desearía yo ser el autor de estos versos!: «En una soledad de todas las cosas, / ciego, mudo, sólo me quedan unos cuantos dedos/ para tocar las piedras y las rosas/ que tú tocaste».

Irma Droz (argentina)

Hay muchos poetas que podemos considerar fundamentales, porque en ellos encontramos el mensaje justo, claro y absolutamente bello, tal como lo requiere la poesía. Pero si debo elegir, me quedo con José Pedroni, poeta santafesino, que sabe reunir en su obra todas estas condiciones y aún más. Sugiero, como una muestra Lunario Santo.

Ramiro Sanchiz (uruguayo)

Me resultaría muy difícil pensar en un poeta «fundamental» para cualquier lector, para todo lector, para cualquier poeta o todo poeta, fuera de las referencias más obvias, Shakespeare, Dante. En lo personal, quien ha ejercido una influencia «fundamental» en mi vida es Stéphane Mallarmé. De hecho, obsesionado con su poesía (intenté traducirla, recrearla, intenté escribir sobre Mallarmé, intenté novelar a Mallarmé), dejé de pensarme como un poeta, hace ya más de diez años. Y en una órbita similar también quisiera mencionar a Rimbaud.

Ana Porrúa (argentina)

Elegiría de América Latina a Rubén Darío porque su poesía procesa (y permite leer) la poesía de fin de siglo francesa, Verlaine, Baudelaire, Mallarmé, Gautier; porque es el inicio de la poesía moderna en América Latina y pone en primer plano el artificio, que puede producir fastidio, pero siempre nos lleva a pensar en la poesía como algo que se produce a partir del lenguaje, como monumento de la lengua en su caso que recupera la tradición y a la vez la rompe. En este sentido hay un antes y un después de Darío, y el artificio justamente se instala como dispositivo que habla del lugar del poeta y de la literatura, que insisten en salirse de lo cultural o socialmente remanido y en no convertirse en mercancía.

Horacio Cavallo (uruguayo)

Considero fundamental la lectura de Fabio Morábito. Como no soy un estudioso del tema la razón es muy personal, y tiene que ver con que hacía mucho tiempo que un poeta no me movía desde distintos lugares; la envidia (yo quise escribir mucho de sus poemas), la fascinación (él habla de las cosas que yo querría hablar) y la forma (dice lo que dice como quisiera decirlo yo).

Jorge Montesino (paraguayo)

Fundamental Juan Carlos Bustriazo Ortiz, uno que es de La Pampa, pero que se salió de toda posible geografía, de la real, de la imaginaria, de la gramática, de la sintaxis, de la tradicional, se salió de todo, Bustriazo es una correa dentada pero sin dientes, una correa cortada porque no le importó nunca ningún tipo de promoción, trascendencia ni nada de esas cosas, sólo le importaba su poesía. Leer lo poco que anda dando vuelta de él, googlearlo y ver algunos poquitos textos es imprescindible y a quien quiera que se rebusque para encontrar sus palabras atravesadas y las use de traveseiro. Así de fundamental.

Leonardo de León (uruguayo)

Desde luego que hay muchos, pero si tengo que optar por uno, me quedo con Octavio Paz. Me temo que su obra poética ha quedado un tanto eclipsada por la consistencia y la exuberancia de sus ensayos, pero Paz es fundamental como poeta no sólo por lo maleable de su estilo, capaz de adaptarse a formatos rígidos y libres con igual pulso y mensaje, sino por su arriesgada, arriesgadísima tentativa de ahondar en el instante poético, en esa especie de fractura espacio-temporal donde lo real se desdice para decirse. Es, después de Eliot, el mejor arqueólogo del vacío-lleno, de la pausa donde los rivales se hermanan y se anulan.

Victoria Estol (uruguaya)

No creo en los fundamentalismos, ni en los fundamentales. Pero si en los amigos literarios; esos escritores con lo que uno se identifica y se hace amigo sin siquiera conocerle el tono de voz. Mi mejor amigo es Sam Shepard, poeta norteamericano de manos agrietadas por el campo, de decir simple y veloz, pero contundente como la patada de un caballo, que nos cuenta lo que piensa una puta mientras espera. Él me acercó a la poesía tirándome de los pelos. «Masticaría tu nuca. Hasta que abrieras tu boca a esta vida».

Wilson Saliwonczyk (argentino)

Rimbaud me hace estallar la lógica en la cara. Deslumbra a la lengua. Rompe los diccionarios. Vuelve loco al idioma. Rimbaud delira el significado. Atrapa un sentido disparatado y genial. Tienen más fuerza las cosas en sus palabras. Habla en trance su imaginación intrépida. Sus palabras suenan como recién hechas. Es Infantil y diabólico cuando canta el condenado. De amarga belleza. Sorprende pero no a la manera de Borges sino de una manera misteriosa, mágica, alucinada. Rimbaud, como Cesar Vallejo, tiene frases que todavía, por suerte, no sabemos qué quieren decir y sin embargo son las que más sentimos.

Carlos Ríos (argentino)

Tomando lo fundamental como aquello a lo que regresamos con reconcentrada insistencia, elijo entre tantos al poeta Gerardo Deniz, el genio loco de la pequeña escala. Con razón describe su poesía Fernando García Ramírez al decir que es «una soberbia libertad de sintaxis, un continuo cambio de registros en su habla, una adjetivación insólita». Y más que eso, claro: el humor transfronterizo y camaleónico, el sarcasmo y la explosiva erudición, su hermetismo feliz, en fin, esa increíble capacidad para dejar en orsai a gran parte de la poesía contemporánea. No hay que dormir lejos de Erdera, ese enorme bloque patrimonial que ensambla su obra publicada.

Fernández de Palleja (uruguayo)

Vinicius de Moraes. Pienso en la palabra «fundamental» y la asocio con mi fundación. ¿Qué otra puede haber que la propia? ¿Qué valor puede tener la respuesta sesuda? La poesía abre la puerta con la llave de la emoción. «O poetinha» forma parte de la geografía auditiva de cuando era gurí. Tuvo la virtud de hacerse escuchar y, en mí, introdujo varios gustos. Escuchaba sonetos con un oído inocente, adquiría una lengua, aprendía a amar el lenguaje en general, asumía que las vertientes del arte mejoran si confluyen. Abierta la puerta de par en par pasó mucha gente, alguna de valor incontestable, de los lugares más distintos (pero siempre de la misma patria). Y Vinicius quedó ahí, vivo como un familiar, resistente como el material firme de su arte poética.

Fernando Callero (argentino)

Un poeta de nuestra lengua que considero fundamental es Álvaro Figueredo, a quién descubrí hace dos años en su Maldonado natal con motivo del VI Encuentro de Escrituras «Otros territorios». Me regalaron ese libro, lo anduve dando vueltas, hasta que me decidí a leerlo y quedé encandilado: semejante luz, arte y sensibilidad, Álvaro experimenta la tradición y la vanguardia más jugada de una manera natural, porque lo que prima es su elegancia nata y su recogimiento poderoso. Se me ocurre emparentarlo con ese otro gran escanciador de arte y luz que es nuestro querido Juanele. No me caben dudas de que, de conocerse, hubiesen sido grande amigos o terribles contrincantes en las lides del verso. Perdón por el tono alto de estas líneas, pasa que tengo su libro abierto en el poema Un caballo resopla en el Adriático.

Compilación de Martín Bentancor