En el fondo del Arroyo Vizcaíno hay un “tesoro paleontológico” que llegó a escuelas de la zona

Uno de los restos encontrados. Foto: Martín Batallés.

Un sitio excepcional

Fernando Guerrero

En el yacimiento se han hallado fósiles de tigres dientes de sable, perezosos gigantes y otras especies. Un equipo de la Facultad de Ciencias recorrió escuelas de Canelones para hablar sobre el tema.

La conexión entre la prehistoria y la zona rural de Sauce estaba escondida en el Arroyo Vizcaíno hasta 1997, cuando una gran sequía hizo que los pobladores del lugar pudieran ver grandes restos de animales en el fondo de esa corriente de agua. A casi treinta años del descubrimiento, hoy se sabe que el yacimiento es uno de los más grandes de Uruguay en cuanto a mamíferos extintos, por la cantidad de fósiles allí acumulados, su estado de preservación y la diversidad de especies encontradas.

Una imagen de los primeros hallazgos, en la década del noventa. La foto aparece en el libro ‘Megafauna – El Arroyo Vizcaíno’.

El hallazgo lo hicieron los propios vecinos, que se comunicaron con el Liceo N° 1, de Sauce, para que estudiantes y docentes comenzaran a rescatar los fósiles. Lo que empezó como una investigación local con un nivel de organización admirable, se convirtió años después en un proyecto universitario, porque el Laboratorio de Paleobiología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República fue al lugar en 2011 y continúa excavando hasta hoy.

En el libro ‘Megafauna – El Arroyo Vizcaíno’, los investigadores Martín Batallés, Luciano Varela, Sebastián Tambusso, Mariana Di Giacomo y Richard Fariña, que forman parte del proyecto de la Facultad de Ciencias, explican que el yacimiento tiene unos 30.000 años de antigüedad y los fósiles pertenecen a animales de la llamada megafauna sudamericana, la fauna de enormes mamíferos que vivieron durante el período Pleistoceno. Agregan que en el sitio se han encontrado restos de perezosos gigantes, gliptodontes, tigres dientes de sable, mastodontes, toxodontes, caballos y ciervos prehistóricos.

Cada verano, si “el clima y la financiación lo permiten”, detallan los autores del libro, el equipo va al lugar a hacer excavaciones. Utilizan una represa portátil, conocida como AquaDam, para que el agua no invada el yacimiento. Drenan el agua de la zona de excavación y rescatan peces y otros animales que puedan verse afectados. El resto del año trabajan en el laboratorio.

El equipo recorrió escuelas y compartió material con los niños.

Un ecosistema
La colección se encuentra en el Liceo N° 2, de Sauce, y supera los 2.000 fósiles. El equipo de la Facultad de Ciencias recibe en ese lugar a grupos de escuelas y liceos de todo el país y este año concurrió a las escuelas de la zona a intercambiar sobre el tema. “Este proyecto está asociado con Megafauna 3D, una propuesta que empezó como una plataforma online para visualizar fósiles de la megafauna de Uruguay en distintos museos. En los últimos años fue creciendo y se convirtió en una especie de ecosistema de recursos educativos: hay libros, revistitas, videojuegos, mundos de Minecraft, cosas que hicimos en colaboración con Ceibal, materiales didácticos accesibles para gurises con discapacidad, etc”.

“Usando todos estos recursos, fuimos a visitar las escuelas que estaban más o menos cerca del yacimiento, para contarles todo el trabajo que hacemos y que ellos también nos devolvieran sus experiencias en el territorio, sus anécdotas respecto a los fósiles, sus vivencias”, destacó Martín Batallés, técnico en Museología en integrante del proyecto, en diálogo con HOY CANELONES.

Los investigadores utilizan una represa portátil para que el agua no invada el yacimiento. Foto: Martín Batallés.

Como informáramos en nuestra edición del pasado viernes 18 de setiembre, los niños quedaron entusiasmados con la visita y pudieron concurrir al predio del Liceo N° 2, donde se encuentra la colección. Muchos ya conocían lo que pasó en el Arroyo, vivían cerca, tenían algún amigo o familiar que había participado de las excavaciones o alguien les había contado la historia.

Se investiga
Una de las características más interesantes del sitio es la gran densidad en que se encuentran los restos. “Con aproximadamente treinta metros cuadrados excavados, se han extraído más de 2.000 fósiles. La condición en la que se encuentran estos fósiles es muy buena, no muestran signos de gran transporte o erosión y, si bien muchos aparecen quebrados o en fragmentos, muchos otros están enteros o con mínimas roturas. La preservación, en algunos casos, es excepcional”, destacan los investigadores en el libro. “Tenemos representadas casi quince especies de perezosos gigantes, gliptodontes, tigres dientes de sable, entre otros, y cosas que no se ven a simple vista, como los microfósiles de polen, de semillas, también de invertebrados, insectos. La verdad que es un tesoro paleontológico y para los investigadores es espectacular todos los trabajos científicos que se pueden hacer a partir de un solo lugar como ese”, expresó Batallés.

Por qué todos estos animales terminaron en ese lugar es una de las grandes preguntas de la investigación. Foto: Eva Fariña.

Por qué todos estos animales terminaron en ese lugar es una de las grandes preguntas de la investigación. “En una área muy pequeña se encuentran acumulados muchísimos restos. En muy poco tiempo se generó una mortandad muy grande de animales y algún proceso, probablemente natural, los acumuló en lo que hoy es el fondo del arroyo, aunque no sabemos si en aquel momento lo era. Hay varias líneas de trabajo, de hipótesis. La pregunta principal en la investigación del sitio es qué fue lo que pasó ahí, por qué esa mortandad tan grande de animales, por qué la sobrerrepresentación, sobre todo, de perezosos gigantes, si hubo intervención humana o no, si hubo una enfermedad, si hubo una inundación”.

“Son todas las líneas de trabajo que tenemos y lo que tratamos de interpretar a partir de la evidencia, que es, entre otras cosas, las marcas presentes en muchos huesos, también la cantidad de huesos, las formas que están dispuestas, la representación de adultos, de jóvenes, de distintos tipos de especies, de grupos, de tamaño… todo eso configura evidencia que hay que interpretar y que venimos trabajando en distintas publicaciones y distintos tipos de investigaciones, para determinar exactamente qué fue lo que pasó en ese lugar”, indicó Batallés. “Otra de las cosas, más allá de lo que pasó, es la información que nos da sobre cómo eran los ecosistemas en esta zona hace 30.000 años”, agregó.