Ese tronar que no se calla
El cantautor falleció el pasado miércoles, a los 83 años, luego de luchar durante un mes contra una pulmonía.
Fueron miles los que despidieron a Ruben Rada el pasado jueves bajo un cielo nublado. Con flores, banderas, posters y hasta vino tinto, iban ingresando de a poco al velatorio en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Adentro se lloró pero también se bailó a ritmo de plena, como Rada lo había escrito hace más de veinte años en una de sus canciones más populares. No fueron menos los que se acercaron al toque en su nombre el pasado miércoles a la noche, en la legendaria calle Isla de Flores.
Hay un concepto no del todo claro en la música que es el de musicalidad. La noción que asocia a esa palabra con la personalidad de un músico –y también con su alma– es la que más me gusta. Algo que viene con uno, lo que no quiere decir que esté desarrollado del todo desde los comienzos. Un tronar que forma parte de alguien y a la vez lo trasciende: un sujeto A que no sabe tocar agarra un instrumento por primera vez y suena diferente a un sujeto B que tome el mismo instrumento y tampoco sepa tocar; dos músicos que están en un mismo nivel –en caso de que la música sea algo medible– van a sonar diferente por más que usen el mismo modelo de guitarra y se copien los amplificadores. Es posible que Ruben Rada haya dejado atónito a toda su familia la primera vez que cantó, o cuando manoteó un tambor por primera vez. Puede ser que se haya escuchado algo primigenio en aquel pequeño cuarto compartido con los hermanos, la madre y la tía. Que ya estuviera el candombe en su carácter. Que la poesía de sus letras siempre haya acompañado a su espíritu.

Ya es conocido, aunque quizá no tanto como se debería, lo importante que fue Ruben Rada en la fusión de la música uruguaya con otras músicas. Entre los 15 y 16 años salió en La Nueva Milonga y, por esa época, cantaba en la orquesta tropical candombera Cubanacán, del también genio Pedro Ferreira. A los 17 años debutó como frontman en la banda The Hot Blowers, bajo el seudónimo de Richie Silver, en el combo por donde pasaron Cacho de la Cruz, Federico García Vigil y otras figuras. Integró El Kinto, una banda pionera en el candombe beat y en cantar rock en español. Formó Tótem, que mezcló la psicodelia de los setenta con varios ritmos latinos, entre ellos el candombe. Se lanzó como solista y tuvo muchos hits, siempre con el candombe como estandarte. Triunfó en Argentina, se fue a México, volvió algo abatido y pudo reinventarse. Cantó murga y rock and roll pero también tocó plena, entre varios etcéteras. Para él era natural mezclar todos estos géneros con el candombe porque, como había mencionado en una entrevista con HOY CANELONES, publicada el 11 de abril de 2025, “el candombe se adapta a cualquier música, así como se adapta la salsa, el merengue, los ritmos brasileros que se mezclan con el funk. Yo siempre lo hice”. En esa nota, previo a un show que Rada daría días más tarde en el Complejo Cultural Politeama, el maestro ponía un ejemplo y empezaba a cantar un tema de Tótem compuesto por ‘Chichito’ Cabral que mezclaba el candombe con el bolero.
Ruben Rada compartió escenario con Eduardo Mateo, Urbano Moraes, Lobo Núñez, Beto Satragni, los hermanos Ibarburu, Gustavo Montemurro, Ricardo Nolé y una lista enorme. Todos fueron aprendiendo de él y de todos él fue aprendiendo. El camino no fue fácil y eso se muestra claramente en el documental sobre su persona. Era un negro adelantado en un país menos vanguardista y más racista de lo que creemos, pero el camino se fue desandando y entendimos que, además de ser un morocho graciosísimo, Ruben Rada era de esos músicos que se cuentan con los dedos de una mano. El Negro Rada se fue y es difícil no estar triste. La música que siempre estuvo en él seguirá resonando.
Fernando Guerrero


