Con Tania Trasante, microbióloga que expuso en Canelones sobre su trabajo de investigación en el maíz criollo

Visita al predio y colecta de espigas de maíz de la raza criolla Blanco Dentado, pertenecientes al productor familiar Alberto Estévez, de Tala, en julio de 2024. Se observa atrás una técnica milenaria de secado de las mazorcas que se llaman “pirvas”.

“Convivimos todo el tiempo con las bacterias”

La microbióloga Tania Trasante participó de una nueva charla del proyecto ‘¿Quiénes somos?’, en la qué compartió el recorrido de sus investigaciones sobre microorganismos, suelos y semillas. En diálogo con HOY CANELONES, explicó por qué eligió estudiar el maíz criollo y el papel fundamental que cumplen las bacterias en la naturaleza y en la vida cotidiana.

La actividad se realizó en el Espacio Colón, en el marco del proyecto ‘¿Quiénes somos?’, una iniciativa financiada por los Fondos Culturales Regionales del Ministerio de Educación y Cultura. El proyecto tiene como responsable legal a la maestra Tania Belén Fernández, la coordinación general de la maestra Mónica Vera Estefan y un equipo integrado por Nicolás Fernández, Elis Montagne y Verónica Mora.

Durante la investigación, la científica realiza entrevistas a los productores para conocer la historia y el uso de la variedad criolla de maíz.

Hija de padres uruguayos exiliados durante la dictadura, Tania Trasante nació en Francia y regresó a Uruguay a los 11 años junto a su familia. Desde muy joven encontró en la Biología la disciplina que marcaría su futuro profesional. “En Biología siempre me iba mejor y me di cuenta que me gustaba. En Facultad me interesó el perfil de la investigación y estudiar la naturaleza en general”, recordó.

Su formación la llevó a especializarse en Ecología Microbiana, una rama dedicada al estudio de bacterias y hongos, organismos que define como “los invisibles”, y a investigar la relación entre plantas, suelos y microorganismos. Su trabajo de tesis estuvo centrado en los suelos de arroz, donde investigó un grupo de bacterias nitrificantes responsables de transformar el nitrógeno y producir gases de efecto invernadero. “Estudié cómo estas bacterias producen un gas de efecto invernadero y esto se conecta con el cambio climático”, explicó. Esa investigación también despertó nuevas preguntas sobre los sistemas de producción agrícola y sus efectos sobre los ecosistemas.

Ensayos de laboratorio con las semillas en condiciones estériles en una cámara de flujo laminar.

Maíz criollo
Actualmente, Tania Trasante desarrolla su Doctorado en el Laboratorio de Microbiología de Suelos de la Facultad de Ciencias. Allí investiga los microorganismos que viven dentro de las semillas de maíz y cómo esa microbiota cambia según el tipo de semilla. Para ello utiliza técnicas tradicionales de microbiología como el cultivo en placas de Petri, que permiten aislar e identificar bacterias para estudiar sus funciones y su aporte al crecimiento vegetal.

Durante la reciente charla en la ciudad de Canelones, Trasante remarcó que las bacterias forman parte de la vida de todos los seres vivos y que cumplen funciones esenciales. “Convivimos todo el tiempo con las bacterias”, afirmó. Explicó que muchas de ellas permiten procesar nutrientes que los seres humanos no podrían aprovechar por sí solos y establecen relaciones beneficiosas tanto con las plantas como con las personas.

Tania Trasante participó del concurso de fotografía y arte SUMarte 2024, organizado por la Sociedad Uruguaya de Microbiología (SUM), que invita a investigadores y artistas a crear obras de arte utilizando cultivos de bacterias y hongos en placas de Petri, fusionando ciencia y estética. El trabajo obtuvo el Primer Premio. La investigadora denominó a la fotografía ‘Archipiélago Fungi’.

Un patrimonio
La investigadora señaló que eligió estudiar el maíz criollo por tratarse de una semilla conservada durante generaciones por productores locales. “Me interesaron las semillas de maíz criollo porque son locales, nuestras. De generación en generación los productores las van reproduciendo. Se estima que tienen una historia de cuatro mil años”, expresó. Además, destacó que el proceso artesanal mediante el cual se conservan estas semillas es muy diferente al de los maíces comerciales, una característica que las convierte en un valioso objeto de estudio desde el punto de vista científico y patrimonial.

Jennifer Cassarino