Acerca de ‘Autopsia sobre lo impune’: Lo simbólico y lo real de una masacre cometida por el Estado

Después de la escena en la que se escuchan los disparos, la escenografía de ‘Autopsia sobre lo impune’ cambia totalmente.

Supera la ficción

La obra ‘Autopsia sobre lo impune’ se presentó el pasado sábado 30 de mayo en el Complejo Cultural Politeama, de la ciudad de Canelones. En esta crónica, HOY CANELONES realiza un repaso del espectáculo y recuerda el caso de las ‘Muchachas de abril’.

En la primera parte, la obra muestra a tres mujeres jóvenes hablando de la vida. Diana, de 22 años; Laura y Silvia, de 19. Las tres brindan por el hijo que Silvia espera en su vientre, hablan de los sueños, de la ilusión de irse a una Argentina todavía en democracia, del Che Guevara, de las diferencias entre los bolches y los tupas y de las presas políticas. Comen en la mesa, fuman en el sillón y siguen conversando. Podrían haber charlado de esos temas o de todas las otras cosas que pueden charlar tres mujeres solas en una noche de otoño. No se sabe de qué hablaron en la última conversación de aquel 21 de abril de 1974. El director de la obra tuvo que recurrir a la inventiva para recrear los diálogos. Lo real fue el grito de las fuerzas conjuntas del otro lado de la puerta, la entrada abrupta, el chillido de Diana después de oír los primeros disparos, el ensordecedor estruendo de las ametralladoras. El silencio. La alfombra de cartuchos en el piso y las incontables balas en los cuerpos de las tres muchachas.

En la primera parte, la obra muestra a tres mujeres jóvenes hablando de la vida: Diana, de 22 años; Laura y Silvia, de 19.

‘Autopsia sobre lo impune’ lleva a la ficción el caso conocido como ‘Muchachas de abril’, de tres jóvenes asesinadas por la dictadura el 21 de abril de 1974, en el barrio montevideano Brazo Oriental. La obra teatral está dirigida por Fernando Parodi y cuenta con las actrices Susana Souto (que interpreta a Diana Maidanic), Camila Vives (que se pone en la piel de Silvia Reyes), y Valeria Fontán (que hace el papel de Laura Raggio). La producción está a cargo de Karina Tassino (Macondo Producciones), junto a un amplio equipo técnico en escenografía, iluminación, música y recursos visuales.

La casa de Silvia era simple y modesta. Tenía una sola salida y una banderola. No había escapatoria más que la puerta principal, por donde entraron los autores de los crímenes. Las actrices recuerdan eso en la segunda parte de la obra. También mencionan que la pared se había vuelto un colador y la sangre en una esquina era indicio de que las tres mujeres habían muerto, quise decir que habían sido asesinadas, en un rincón. Que la casa hablaba por sí sola, si se me permite la imagen. Lo real fue el grito de las fuerzas conjuntas del otro lado de la puerta, la entrada abrupta, el chillido de Diana después de oír los primeros disparos, el ensordecedor estruendo de las ametralladoras. El silencio. La alfombra de cartuchos en el piso y las incontables balas en los cuerpos de las tres muchachas.

Las actrices cuentan el proceso judicial y repasan la historia.

El caso de las ‘Muchachas de abril’ volvió a cobrar relevancia judicial en los últimos años. En 2021, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado uruguayo por las ejecuciones de Laura Raggio, Silvia Reyes y Diana Maidanic, además de las desapariciones forzadas de Oscar Tassino y Luis Eduardo González. Posteriormente, la Justicia ratificó el procesamiento del militar retirado Juan Rebollo por los asesinatos ocurridos en 1974. En un acto realizado en 2023, el Estado reconoció públicamente su responsabilidad en los hechos.

Después de la escena en la que se escuchan los disparos, la escenografía de ‘Autopsia sobre lo impune’ cambia totalmente y las tres mujeres aparecen con vestidos blancos, una capucha de nylon roja y botas del mismo color. Ya no son las muchachas de abril las que hablan sino otros personajes, o quizás las propias actrices. Cuentan el proceso judicial, comentan el cuadro ‘Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp’, del pintor neerlandés Rembrandt. Suceden una serie de cosas que parten más de la creatividad del autor de la obra y entran en el terreno de lo simbólico. Lo real fue el grito de las fuerzas conjuntas del otro lado de la puerta, la entrada abrupta, el chillido de Diana después de oír los primeros disparos, el ensordecedor estruendo de las ametralladoras. El silencio. La alfombra de cartuchos en el piso y las incontables balas en los cuerpos de las tres muchachas. Fue real la masacre.

Fernando Guerrero