Mano a mano con el creador Marcelo Acosta, un artista que realiza esculturas en chatarra

‘Después de la tormenta’. Al costado, reflexiones sobre esta obra.

“Yo le doy utilidad a la chatarra”

El que lo visita en su casa de MEVIR II, sobre la calle Abel Soria, a pocos metros de la Ruta 36, queda sorprendido. Allí está el taller con piezas de chatarra, que tienen un origen increíble y donde aparecen esculturas que jamás se hubiera imaginado.

Marcelo Acosta en el centro de su taller con una de sus creaciones. Y chatarra y utensilios por doquier. Expone el 12 de abril en el Museo Tajes, en la Sala Rina Van Velthoven.

Y luego uno escucha hablar a Marcelo Acosta con convicción, seguro de lo que dice y lo que hace. Acompañan algunas de sus obras, fotos y carteles con el nombre y el por qué las creó. Nos cuenta su pasión por este arte, que viene desde niño. Nos dice: “Tengo una historia hermosa. Papá trabajaba en una chatarrería y apareció una máquina de escribir, desarmaba las teclas y armaba una frase ‘Mamá, papá, te amo’ pegado con cascola vinílica. Ahí tendría 7 u 8 años… Uso materiales en desuso y les doy una nueva oportunidad. Rejunto todo lo que es la chatarra. La tengo en mi casa, que parece que es un desarmadero.

El jabalí en primerísimo plano, tal como lo armó Marcelo.

Voy caminando sobre ella y ahí visualizo el arte, no hago un dibujo, algo programado. Camino y de repente veo un piñón y una cadena y digo ‘Esto puede servir para el cuarto de un animal’. La parte trasera es redonda, acompaña la silueta y utilizo la madera. Lo que hago es, como se dice vulgarmente, arte chatarra. La madera está en desuso, no sé si catalogarla de chatarra, uso plásticos, telas viejas. Mi fuerte es la unión en soldadura con distintos metales. Siempre fui herrero. Hice cursos de soldadura por AGA, y me han catalogado como buen soldador. No yo, los que saben. No está relacionado con mi trabajo actual. Yo hago 8 horas y 45 minutos por día de lunes a viernes. Y cuando vengo de tarde, según la inspiración y el cansancio y capaz que hasta la una de la mañana, tomo unos mates, me ducho. Mi trabajo no tiene que ver con esto. Esto es pura pasión”. Así cuenta con certeza este cerrillense, que entregó una maqueta para celebrar la declaración de Los Cerrillos como Capital del Canto y la Poesía.

‘Luchando con mi soledad…’.

Inventiva e imaginación
En el taller vemos un cuadro en el que Josefa Álamo está bordando la bandera. “Eso que ves ahí es una bolsa de arpillera, la pegué con vinílica arriba de la madera, le puse dos manos de pintura sintética y la ves y parece un antiguo cuadro, como los de Blanes. Cuando uno observa mucho, ahí está el arte. Y no me molesta trabajar veinte horas para terminar un proyecto y me gusta lo que hago. Yo diría que estoy en esto de crear toda mi vida. Ahora es distinto. La generación nuestra, los cerrillenses, teníamos humildad, respeto. Le sacaba las ruedas a los autitos que me regalaban para mejorarlos. Siempre estuve. Me regalaron un mecano, que era como un regalo de Reyes. Para mí era una cosa fantástica. Armar y desarmar y crear con el mecano. Y ahora me conocen, entre escultores y pintores. El otro día, en el Museo del Parador Tajes, la museóloga Verónica Stocco me comentó que yo tenía el perfil de Hugo Nantes, famoso escultor, pintor y ceramista de San José, ya fallecido, que tiene un Quijote de tamaño real. Yo no lo conocía. Le dije que había un artista que tenía un museo en San José muy bueno, y me dice Verónica: ‘Ese es Hugo Nantes’. Tiene un Artigas en Paraguay. No solo trabajaba hierro. Te digo si una persona se lo merece soy capaz de regalar una obra mía”.

Josefa Álamo de Suárez bordando la primera bandera nacional. En este caso se trata de una pintura, tal como lo explica Marcelo en la entrevista, que también pinta. Su señora, Priscila Cabrera, fue la encargada de pegar las lentejuelas en la obra.

Filosofando sobre las esculturas
El artista tiene un particular pensamiento. Reflexiona sobre sus creaciones. Y acompaña un texto con algunas de ellas. “Yo vivo más en el taller que en mi casa. Claro, nunca voy a ser un Hugo Nantes, pero me siento contento haciendo esto”. Nos cuenta que expuso en varios lugares: “Estuve en Soriano, en Mercedes, en Palmar, en el 18º Encuentro de Artistas Plásticos y Escultores, que lo hacen todos los años. Tú googleás ‘Esculturas por Marcelo Acosta’ y tengo una cantidad de obras. Tengo en San Gregorio de Polanco una vela con Fito Sayago, una vela de cuatro metros. Tengo otra vela en Puntas del Diablo, también en Santa Regina, Colonia. Hice una gaviota acá. Estuvo como dos meses y la gente miraba. Está en Santa Regina. Tiene dos metros de alto por dos metros y medio de largo, con partes de aviones… Aquí está un faro. Hay que tener cuidado con el que es artista y el que dibuja bien. ‘En Soledad’ es el texto que acompaña el faro (observar la foto). No es soledad con mi pareja, ella me quiere, mi madre me quiere, mis amigos… me encuentro en soledad porque soy como el faro, porque no me reconocen. Este faro tiene la particularidad que tiene motor de microondas, gira y prende la luz, funciona. Cuando lo exponga, va a significar que yo estoy luchando (‘Sos un poco inventor’, le dijimos). Arriba el candil de los faroles de mantilla. La juventud no sabe ni lo que es. Esto vino de Maldonado, cuando nosotros vivíamos allí. Yo subí a los faros, los conozco, la estructura es un bomberito, se prestaba para ser un faro”.

Rocinante, el caballo de Don Quijote de la Mancha. Se observa al detalle toda su estructura. Ha servido para premiar a los rescatistas de la institución ECQUS.

Y continúa la recorrida por el taller: “Te muestro otra creación. Le puse ‘Después de la tormenta’. La hice en base a lo que sentía. Está todo roto acá atrás, la gente lo podrá ver en la exposición en el Museo Tajes, fue a propósito, le puse una chapa atrás, está fea, toda oxidada. Esto significa que un barco que navegó por los siete mares, un día se enfrentó a una tormenta que ni él lo pensaba, las bajadas y las subidas en el mar, como es la vida en sí misma pudo sobrevivir a los vientos y las olas. Le hice la vela prendida fuego, como que le cayó un rayo, utilicé plástico. Pudo soportar todo. Aquí el Caballo Rocinante. Yo rescaté un perro de la calle, Conocí a una institución que rescata animales. Hasta tiene ambulancia para ellos. Me dice la principal: ‘En noviembre haremos entrega de premios y quiero que vos hagas las esculturas’. Tuve que hacer seis para entregar a los rescatistas de animales. Esto es varilla perfilada de obra. Es muy difícil esta técnica, lo iba soldando. Lo hice primero en 2D en la mesa. Todo el contorno del caballo, chapa 14 gruesa, para poder soldarla, hay rulemanes, las fosas nasales son tuercas. Y fui llevando, puliendo, electrodo y varilla, no tiene más nada. En las tres dimensiones significa 3D. Una obra de arte 3D es tridimensional, posee altura, anchura y profundidad. Se soporta por sí misma, no tiene marcos, ocupa menos lugar en una casa. En una mesa de luz, en un mueblecito y también decora.

Esto otro que ves es ‘Estampida metálica’. Tiene de todo: polea de un Volkswagen Gol, tiene un pedazo de pastera… La escultura más grande que he hecho son las velas. Con Fito Sayago, en acero con materiales de corte, en Puntas del Diablo, en la entrada principal. Alejo me pidió la escultura. Alejo le pagó a Fito la escultura. Ves, ahí está lo de la escultura de los Cerrillos Capital del Canto y la Poesía. Yo a Cerrillos se le quiero regalar de alma, de corazón. ¿Te acordás la historia del Liceo? Trabajaron gratis. Mi intención es hacer docencia de esto. Porque yo sé cómo hacerlo. Te muestro lo que me han traído: esto de los amortiguadores lo transformo en las patas de un caballo, y para que veas la chatarra que tengo, parece mugre pero se aprovecha. No lo quiero tirar. Lo aprovecho. Ahí ves un termotanque del que algo va a salir. En la exposición en el Museo Tajes el 12 de abril voy a interactuar con la gente”. Así nos lo prometió Marcelo: “Y lo voy a cumplir”.

Miguel Pérez Estévez