Con María Dodera, directora de ‘Pedro y el capitán’, que se presenta en Eslabón con entrada gratuita

‘Pedro y el capitán’, interpretada por un elenco coloniense, está basada en el drama teatral homónimo del escritor Mario Benedetti. Foto: Alejandro Persichetti.

Otra faceta de Benedetti

María Dodera es de Florida, vivió en Canelones y el interior le tira, pero cree que hay que apostar a un teatro uruguayo y romper con esa dicotomía entre Montevideo y el resto del país.

La obra ‘Pedro y el capitán’, interpretada por un elenco coloniense, está basada en el drama teatral homónimo del escritor Mario Benedetti. Aborda el vínculo entre dos hombres, un detenido político y su torturador, en la estancia de un centro militar. Podría ser un episodio de la dictadura civil-militar de Uruguay, de Argentina o de cualquier parte del mundo; podría haber ocurrido en la década del 70, cuando Benedetti escribió el texto, en otro momento de la historia o en el presente.
‘Pedro y el capitán’ se presenta este sábado, a las 20:30 hrs., en Teatro Eslabón, con entrada gratuita. María Dodera, directora de la obra, dialogó con HOY CANELONES sobre la presentación en la capital del departamento, un lugar que quiere mucho, porque vivió allí y cursó el último año de Secundaria en el Liceo ‘Tomás Berreta’.

¿Qué nos puede adelantar de la propuesta que se presentará este sábado en Eslabón?
Hicimos un trabajo colectivo. Siempre la decisión en la dirección es una decisión ética y estética. El tema nos puede, es un tema que hay que tocarlo y rememorarlo, porque la memoria es importante, porque es necesario que nuevas generaciones sepan qué sucedió en nuestro país y qué está sucediendo en el mundo. Esto toca un tema álgido, pero trasciende el encuentro de un torturado y un torturador. A nivel del trabajo y de lo que queríamos decir, el puntapié inicial es lo que ha pasado en estos lares en la época de dictadura, pero trasciende a lo que es el opresor y el oprimido, que son células de guerras. Hoy también, a nivel macro, hay países y bloques de países opresores y bloques de países oprimidos.
También queríamos darle otra vuelta, en un plano más de lo privado de estos individuos, ya que el teatro, el escenario, es el lugar de la contradicción humana. Queríamos encontrar en estos individuos esa relación humana que se hace por la costumbre. Y una cierta necesidad, del horror que le produce la situación, en primer lugar a Pedro, por ser idealista y por luchar por lo que cree que es justicia, por sus ideales, por su gente, pero también el lado de humano que pueda tener el torturador, de cuestionarse ese rol, de qué le está sucediendo en su aforo más íntimo. Si bien son personajes bastante alejados por su ideología política partidaria, queríamos hacer un cuestionamiento político y ya no partidario de los estados de shock que se producen en las personas que son títeres de opresores y oprimidos.
A nivel estético, también queríamos llegar a los jóvenes, contando esta historia desde otro punto de vista. Entonces, entre acto y acto, hay animaciones, con música, como si fueran un storyboard, con el cómic de estos personajes, o como un juego de computadora. Es una estética totalmente lúdica, que le da mucha belleza y poesía a la temática.

La obra aborda el vínculo entre dos hombres, un detenido político y su torturador, en la estancia de un centro militar. Foto: Alejandro Persichetti.

¿Cómo les ha ido en las presentaciones anteriores? ¿Pudieron llegar al público más joven?
Se ha llegado a todo el público en general. Al público que lo vivió, que se emociona mucho. En el (Teatro) Solís terminaron gritando “Nunca más, nunca más”. Ha ido el público más joven y empiezan a curiosear qué es lo que pasó.
En otros países se promulgan mucho los museos de la memoria. Yo creo que el teatro también tiene que, más que ser un museo de la memoria, abrirse a la comunidad para ser algo más vivo sobre puntos de vista de la memoria. Siempre hacemos encuentros pos función, algo que vamos a hacer en Canelones, donde queremos que el público también dé su punto de vista.

Esta obra muestra un lado más de dramaturgo de Benedetti, que no es tan conocido como la faceta de poesía o la de narrativa…
Benedetti empezó la obra como novela y la terminó haciendo una obra de teatro. Después, él mismo, en sus manuscritos, decía que se veía más cómodo en la narrativa y en la poesía, pero esta obra es maravillosa, porque tiene mucho de lo poético y permite meternos en los intersticios de la vida de los personajes en la poesía.
Y en esta vuelta de puesta en escena que le hicimos, resaltamos a través de lo estético esa belleza, a través de lo fílmico que vamos a mostrar, de las visuales. Es una propuesta con aire, con belleza, con música interesante. Ha sido una creación de Colonia, a la que también fueron artistas de Montevideo. Esta gira tiene además un gesto político que queremos apoyar, el de tratar de romper esa dicotomía de teatro del interior y de Montevideo. Tiene que haber un teatro uruguayo; hay creadores como Eslabón, que tiene cuarenta años y es impresionante.

Al principio de la entrevista mencionaba que perpetuadores y perpetuados muchas veces son títeres. ¿A qué se refería con eso?
Muchas veces los oprimidos, y sobre todo los opresores, son células de sistemas más grandes y ni saben qué es lo que están haciendo. Eso pasa en el sicariato, pasa hasta en torturadores. No lo puedo justificar por ninguna forma, mi sensibilidad no lo permite, pero algunos ni saben lo que hacen, por los macrosistemas que en cierta forma están dominando la humanidad. Y a eso ahora se le suma la digitalización y los medios masivos que nos influencian. Cada vez estamos, obscenamente, más despersonalizados. Esto, que es un hecho concreto, que pasó, que es totalmente injustificable, se puede expandir en una lectura más amplia y también en una lectura más concreta y más humana.

Fernando Guerrero