Un criollo de acá nomás
Andrés Avelino Cheveste nació en la zona rural de Las Violetas (la zona actual donde se encuentra la Escuela rural N° 88), en la jurisdicción de la entonces Villa Nuestra Señora de Guadalupe de los Canelones, el 10 de noviembre de 1786, en una familia de origen vasco y criollo. Fue bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe por el Pbro. Juan Miguel de Laguna, primer cura párroco y precursor uno de los fundadores más importantes de la actual Canelones.
Escribe: Prof. Mag. Daniel Torena
La familia Cheveste era muy católica y colaboró con el padre Laguna y el primer Cabildo de la Villa como pobladores de Las Violetas y como servidores en el medio rural de la Corona. Desde muy joven, Andrés Cheveste intercaló sus breves estudios de primeras letras en la Parroquia, donde lo mandaba su madre, con la crianza de caballos, su pasión desde niño. Su padre criaba ganado y caballos y el joven Cheveste se convirtió en un extraordinario jinete y conocedor de la Cuenca del Santa Lucía, que siendo muy joven comenzó a recorrer solo, en una época donde no era segura la campaña, aún dentro de los límites de la Gobernación de Montevideo, por malones y por fieras como pumas y jaguares en los montes, al igual que perros cimarrones en los campos.
A comienzos del siglo XIX, su fama fue muy grande como jinete y baqueano conocedor de todos los campos al sur del Rio Negro como nadie y conocedor al norte del mismo como muy pocos. Al producirse la Campaña Emancipadora de la Revolución Oriental, en 1811 ,al mando del entonces Teniente Coronel de Caballería y Jefe de las Milicias de la Banda Oriental, José Artigas, Cheveste colaboró con el arriado de ganado y caballos apoyando a los vecinos de Villa Guadalupe, Joaquín Suárez, su esposa Josefa Álamo, el cura párroco Valentín Gómez y Johannes Spikerman (padre de los patriotas Juan y Andrés), que apoyaron con dinero, armas, ganado y caballos al Ejército Patriota en formación, acampado en las orillas del Arroyo Canelón Chico, entre el 12 y el 16 de mayo de 1811, preparándose para la memorable jornada del 18 de mayo en Las Piedras.
Posteriormente, Cheveste fue parte de la Milicias de Canelones, creadas por el General en Jefe Don José Artigas en junio de 1816, las cuales estaban al mando de un vecino y hermano del General, el Coronel Manuel Francisco Artigas (hacendado en la región entre el Tala y San Jacinto). El Coronel Manuel Francisco Artigas era un experimentado oficial de Caballería de Milicias y fiel a la causa patriótica, que armó el mayor Cuerpo de Milicias de la Campaña Oriental, con vecinos de todo el departamento de Canelones (que era más grande que el actual, llegando hasta los actuales barrios de Peñarol, Colón y Melilla, con límites sobre el Arroyo Pantanoso y parte del Miguelete por el sur y hasta Solís, actual Lavalleja, por el noreste). Cheveste fue nombrado ‘Baqueano de las Milicias de Canelones o del Primer Departamento’, como dicen algunos documentos.
Participó de toda la campaña de los años 1816, 1817 y 1818 contra los portugueses, apoyando a otros grandes oficiales patriotas y vecinos de Guadalupe como fueron el comandante José de la Santísima Trinidad Llupes y el capitán Simón del Pino. Integrando siempre Cheveste las Milicias de Canelones, participó como baqueano, entre otras, de las batallas de India Muerta en Rocha, el 19 de noviembre de 1816, y de Paso Cuello el 19 de marzo de 1817.

Luego, con el oscuro período de la dominación luso-brasileña, Cheveste estaba en contacto con el entonces Teniente Coronel (futuro Brigadier General) Juan Antonio Lavalleja, que conocía a Cheveste desde la Campaña Artiguista y como vecino de Las Violetas, donde Lavalleja tenía una suerte de estancia y eran vecinos con Cheveste y otros patriotas hacendados como Simón del Pino. Al producirse la Cruzada Libertadora de 1825, Cheveste tuvo un rol fundamental para el éxito, como dicen el propio Lavalleja y el entonces Sargento (futuro Comandante) Juan Spikerman, cronista de la Cruzada Libertadora.
Cheveste fue el encargado de llevar la mayor parte de la caballada para la Cruzada. Era considerado el mejor baqueano de toda la Provincia Oriental, algo que sabían los brasileños. Lecor, Barón de la Laguna, había dado la orden de vigilar los movimientos de Cheveste y de otros orientales, con el riesgo de ser fusilados sumariamente si eran capturados.
Cheveste salió de sus pagos con más de treinta caballos que había reunido, partiendo en una noche de los primeros días de abril, en un largo y muy complejo camino, algo que nadie había hecho antes. Primero acampó con la caballada en los montes del Río Santa Lucía, cruzando por Paso Belastiquí, en la región de Los Cerrillos, y evitando a la partida brasileña que lo andaba buscando por el Paso del Soldado, cerca de la Villa de San Juan Bautista de Santa Lucía. Viajó siempre de noche, ocultándose de día entre los montes que conocía como nadie. Luego siguió la costa del Río San José y luego se ocultó en la región del Arroyo del Rosario y de ahí a Soriano fueron varios días de una travesía histórica.
Al desembarcar en la madrugada del 19 de abril de 1825, Lavalleja tomó el juramento a los Cruzados del 25 o 33 Orientales, desplegando la Bandera Tricolor de Libertad o Muerte y habiendo besado primero al desembarcar el suelo patrio. Las horas pasaban y no aparecían los caballo. Sin ellos estaba condenada la Cruzada Libertadora y quedaban los orientales a merced del enemigo, siendo muy posiblemente fusilados en el lugar. La tensión entre los patriotas aumentaba y en la tarde Lavalleja dice muy confiado: “Si Gómez no llegó, Cheveste llegará”. Y poco después, cuando empezaba el atardecer, llegó el valiente baqueano con todos los caballos, habiendo realizado una verdadera hazaña.
Posteriormente Cheveste acompañará a la División de Milicias de Canelones, bajo el mando del Coronel Simón del Pino y participará de la Batalla de Sarandí, el 12 de octubre de 1825. En 1826 fue parte del Regimiento de Caballería N° 9, bajo el mando del Coronel Manuel Oribe. Fue un hombre de confianza y admirado por el Gobernador y Capitán General de la Provincia Oriental Brigadier General Juan Antonio Lavalleja. En 1829, por orden del entonces Coronel Manuel Oribe, armó la lista oficial de los 33 Orientales, para ser premiados por el Estado Oriental del Uruguay con una pensión vitalicia. Cheveste figura en la lista, la cual fue nuevamente confirmada en 1832 por el entonces ministro de Guerra y Marina Coronel Mayor (General) Manuel Oribe, durante la presidencia del Brigadier General Fructuoso Rivera.
Em 1832, Cheveste apoyó el levantamiento del Brigadier General Juan Antonio Lavalleja contra el Gobierno del Presidente Brigadier General Fructuoso Rivera. Posteriormente fue indultado por Rivera por intersección del entonces ministro de Guerra y Marina, Coronel Mayor (General) Manuel Oribe, que había sido su jefe en el Regimiento N° 9 de Caballería.
Luego se trasladó a residir a Paysandú, entre 1834 y 1835, y en 1836 pasa a vivir en una chacra grande o una suerte de estancia pequeña de Paso de las Brujas, Arroyo del Colorado, departamento de Canelones, continuado con la crianza de ganado y el ruedo de caballos. Entre 1836 a 1838 colaboró con su vecino y camarada de armas el Coronel Simón del Pino, Jefe Político y de Policía de Canelones, durante la Presidencia del Gobierno del Brigadier General Manuel Oribe. Al retirarse Oribe del Gobierno por la Revolución del Brigadier General Fructuoso Rivera, pasó a retiro de la Guardia Nacional de Canelones, creada por el Presidente Oribe en 1835.
En 1840 cobra el “premio” como integrante de los Treinta y Tres Orientales. Durante la Guerra Grande le informa al Brigadier General Manuel Oribe, Presidente del Gobierno del Cerrito, su voluntad de retiro definitivo para dedicarse a la vida rural y reside en el departamento de Treinta y Tres, en una propiedad rural. Al pasar a retiro de la Guardia Nacional, vivió como baqueano respetado y admirado por los vecinos de los departamentos de Cerro Largo y Treinta Y Tres actuales, hasta el final de su vida. El destino quiso que partiera el mismo día que el General Artigas, quince años después, falleciendo el 23 de setiembre de 1865.
En su homenaje póstumo existen actualmente en varios departamentos, por resolución desde hace años y por iniciativas de las juntas departamentales, aprobadas por la intendencias de los gobiernos departamentales de Canelones, Montevideo, Treinta y Tres, Colonia, Rocha, Rivera, Maldonado, Florida y Soriano calles en su honor, lo cual es absolutamente justo para este gran patriota.

