Algo mejor es posible
El Hogar La Huella, de la localidad de Las Piedras, cumplió 50 años de trayectoria. La institución, fundada en dictadura y que atravesó momentos difíciles como la crisis del año 2002, hoy afronta una realidad también compleja y se adapta a los tiempos.

Ignacio Sequeira fue uno de los fundadores de La Huella. Vivió durante veinticinco años en el Hogar, se casó en ese lugar y vio crecer a sus hijos allí. Actualmente, con 70 años, sigue aportando y es parte de la directiva. Sequeira dialogó con HOY CANELONES sobre la historia y el presente de unos de los hogares de referencia en el departamento y en el país.
¿Que implica para usted que La Huella cumpla 50 años?
Es un momento emocionante. Yo siempre digo que hay que tener una memoria agradecida, una memoria viva de todo lo que implicaron estos 50 años, hay que estar agradecidos con la gente que pasó, los niños, los adolescentes que estuvieron en el Hogar. Hay que hacerlos presentes y que eso no sea una especie de recuerdo nostálgico sino que nos impulse para adelante, a seguir trabajando en esto, que es lo que nosotros hemos elegido en La Huella: ayudar, acompañar a los niños que lamentablemente no pueden vivir con sus familias a que sean personas de bien y personas felices, como todos queremos.
Los comienzos, en dictadura, deben haber sido complejos…
Sí, nosotros arrancamos en plena dictadura. No tuvimos problemas en fundar el Hogar, pero el lugar sirvió para mucha gente que en la dictadura no encontraba un espacio donde hacer algo, donde mantener viva la esperanza de cambiar, de ser solidario. Eso continuó, porque el voluntariado es una de las cosas que nosotros pretendemos mantener: la gente que se acerca simplemente por las ganas de ayudar. Después estuvo todo el trabajo de Perico (Luis Pérez Aguirre) en dictadura, en el tema de los Derechos Humanos, que él encabezó pero que La Huella, por supuesto, apoyó.
¿Les pasó, por ejemplo, recibir a hijos de detenidos desaparecidos?
No, por lo menos que tengamos registros, aunque en las primeras épocas había muy pocos registros. Sí recibimos a un muchacho, de los primeros, que venía del (Instituto de Menores) ‘Álvarez Cortés’, que era una especie de cárcel. Ese muchacho hoy es padre, es abuelo, vive en Brasil y cada vez que viene a visitar a su familia biológica nos visita a nosotros, también como parte de su familia.
Deben de haber muchos casos como ese, de personas ya adultas que ustedes vieron crecer y hoy tienen la vida hecha…
Sin duda. Tener tantos años en La Huella permite ver las vidas de esos niños, que llegaron a veces muy chiquitos, de 2, 3 o 4 años, convertidos en hombres y mujeres, en excelentes padres de familia. Las chicas que pasaron por La Huella son unas madres bárbaras. Muchos de ellos han logrado capacitarse, tener títulos universitarios.
Hoy estamos enfrentados a realidades nuevas. Creo que es otra de las cosas de La Huella cómo se fue gestionando y cómo se fue adecuando a las nuevas realidades. Nosotros arrancamos con un proyecto de trabajo en la tierra y eso fue cambiando. El Hogar al principio era un hogar de larga permanencia, los niños quedaban muchos años en el hogar; hoy ya se piensa de otra manera, se trata de que los niños estén menos tiempo y que rápidamente puedan vivir en un entorno familiar, entonces están los programas de INAU, en los que también estamos trabajando.
Además, al principio era solo hogar y, ya desde hace unos cuantos años, La Huella tiene un CAIF y un Club de Niños, porque estamos muy cerquita del asentamiento Villa Ilusión. Entonces tenemos una cantidad de niños. Entre CAIF y Club creo que hay unos doscientos niños que van todos los días a participar de los proyectos.
¿Hay integración entre los niños que están en el Hogar y los que van al CAIF o al Club de Niños?
Algunos niños del Hogar “cruzan el alambrado”, como le decimos nosotros, y participan del Club de Niños o el CAIF. También hay alguna madre de La Huella que viene a traer a sus bebés al CAIF. Eso nos permite acompañar a esas familias y trabajar mucho para que las familias puedan mantener el cuidado de sus niños de la mejor manera.
Mencionaba que hoy la realidad es distinta. ¿Cuáles son los mayores desafíos que tiene el Hogar actualmente?
Lo que nosotros vamos viendo es que los niños llegan, a veces desde muy chicos, afectados por la vida que han tenido. Porque lo que se está viendo mucho es familias con muchos temas de violencia, abuso, adicciones. Entonces los niños, increíblemente los más chiquitos, vienen como con mucha agresividad y les cuesta después concentrarse en la escuela. El desafío es recibirlos de la mejor manera y trabajar con ellos.
Usted está presente desde la fundación del Hogar… ¿Qué lo motiva o lo impulsa a seguir vinculado con el Hogar?
Viví veinticinco años en La Huella. Ahí me casé, mis hijos nacieron ahí, después viví en Las Piedras y seguí trabajando en La Huella. Ahora soy veterano, tengo 70 años, estoy en la directiva y acompaño sobre todo a la directiva joven, que tiene mucha energía. Yo acompaño desde la experiencia y me gusta ir. También hay que dejar que los jóvenes asuman su responsabilidad y eso para mí es lo mejor. Hay que saber retirarse para que la nueva barra asuma, así que tengo la satisfacción de algo que empezamos como un sueño, un sueño que parecía una locura hace cincuenta años y hoy es una realidad muy hermosa por todos lados, donde hay situaciones de mucho dolor, mucho sufrimiento, pero también de esperanza, de que se puede revertir y que algo mejor para estos niños es posible.
Fernando Guerrero

