Con el actor argentino Miguel Ángel Solá, que junto a Maximiliano de la Cruz llega mañana a Canelones


“Los paparulos que decretan la muerte de la cultura se van a tener que escapar”

Este viernes 8 de agosto, con dos funciones -una a las 20 hrs. (agotada) y otra a las 22 hrs.- llega al Complejo Cultural Politeama la obra ‘Mi querido presidente’, protagonizada por Miguel Ángel Solá y Maximiliano de la Cruz. Las entradas están a la venta a través de Tickantel y en redes de cobranza de todo el país.

El actor argentino Miguel Ángel Solá. Foto: IMDB.

‘Mi querido presidente’ es una comedia que relata el momento en el que el flamante presidente de la República (Maximiliano de la Cruz) debe pronunciar su discurso de asunción y sufre una absurda picazón en la nariz. Incapaz de hablar en público sin quedar en ridículo, necesita la ayuda urgente de un famoso psiquiatra (Miguel Ángel Solá). Sólo tienen una hora, en la que ambos se lanzan a un duelo en el que cada uno intenta tomar el poder. La obra, dirigida por Max Otranto y con textos de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patelliere, no expone un contenido político-ideológico ni alude a la realidad nacional actual, aunque algunos latiguillos seguramente resonarán muy cercanos entre el público. Estrenada en enero pasado en el Teatro Apolo de Buenos Aires, ya se presentó en Punta del Este y Montevideo y ahora desembarca en Canelones. Lejos del drama por el que se lo conoce, esta comedia marca el regreso de Miguel Ángel Solá a los escenarios, en una dupla que, según la crítica, funciona muy bien. HOY CANELONES dialogó con Miguel Ángel Solá, quien destacó la complicidad con su par uruguayo, habló sobre sus comienzos y criticó fuertemente a las autoridades que enfrentan a la cultura.

¿De qué trata la obra?
Yo no estoy a favor de contar de que trata la obra, pero si querés preguntale a Maxi, que él la cuenta fantástico (se ríe). Es una obra que no habla de política, aunque también habla de política; no habla de las elecciones, aunque también habla de las elecciones. Es una comedia en la que se ríe mucho la gente, aplaude mucho la gente y supongo que esto de agotarse una función en Canelones y de estar a punto de agotarse la segunda es producto de que se ha corrido la voz. La hemos hecho en Buenos Aires mucho tiempo, la han visto mucho uruguayos; la hemos hecho en Florida, en Durazno, en Tacuarembó y en Rivera. Es una obra para hacer dos funciones en cada lugar porque en cuanto se corre la voz llenamos la segunda función a tope. Eso nos ha pasado en Rosario, Córdoba, Mar del Plata… Esto habla por sí mismo de la obra. El público no me relaciona con la comedia, sino más bien con el drama, pero estoy probando que también sirvo para la comedia y me divierto mucho con Maxi. Es un excelente actor, un comediante nato, y yo le sigo el tranco y voy bastante bien. No te puedo contar la obra porque la gran frase la dice él al final. Con eso cierra la obra. La última frase de la obra revela toda la verdad del personaje central. La verdad, verdad, está al final.

¿Cómo es el vínculo que han generado con Maximiliano de la Cruz? ¿Ya se conocían?
Nos conocimos por Zoom. Fue una cosa rarísima y lindísima además, porque a partir de ahí ya lo adopté. Dije ‘Tengo que trabajar con este porque es un máquina, es un loco lindo’. La lectura la hicimos junto al director, que es otro personaje, que es primerizo además y nos dio todo el terreno para jugar y divertirnos sin ningún preconcepto, sin nada puesto, solo con la consigna de hacer la obra. Es de lo más reidera y feliz posible para nosotros. Nos divertirnos como animales felices porque es muy tentador ese ofrecimiento por parte del director, y además muestra la actitud del director al decir que el escenario es del actor. Lo único que hizo fue acompañarnos e inducirnos a jugar. La pasamos muy bien, el público la pasa muy bien, se divierte y piensa. En algún momento de la obra se producen unos silencios que son abrumadores… y es producto de lo que pasa en la obra. La gente piensa qué pasa cuando uno no elige ser quien es, cuando eligen otros por uno y lo convierten en lo que ellos quieren que uno sea. Está muy inteligentemente armada.

Destacó anteriormente esto de que el público lo reconoce en el drama… ¿Cómo se lleva con el humor?
Hice tres comedias en mi vida. Una muy tierna pero no me acuerdo el nombre, que hacía con un actor que ya falleció, Ricardo Bauleo, una obra de dos hermanos a los que le dejan a un bebé en la puerta y sus vidas se ven trastocadas. Después, la segunda que hice fue ‘Los mosqueteros’, que fue muy famosa, estuvimos seis años en cartel. Y la tercera fue ‘El diario de Adán y Eva’, que estuvo trece años en cartel. Estoy acostumbrado a hacer reír, pero no eran comedias al uso y esta tampoco es una comedia al uso, va un punto más allá, se traslada al espectador y lo convierte en tercer personaje de la obra. Yo estoy encantado y feliz porque no modifica en mi la estructura de actor, sino que despierta en mi un plus más como actor. Siempre he trabajado con la verdad de la ficción porque el trabajo del actor no es mentir bien sino hacer verdad una determinada ficción. En eso no me modifica; lo que si me modifica es mi relación con mi compañero. Es una relación de sumas, porque venimos de dos extracciones diferentes y sin embargo complementamos de una manera que la mayor parte de las críticas dicen ‘Qué química tienen estos dos tipos que no se conocían’.

Hablemos de sus inicios. ¿Cuándo comenzó con la actuación?
Creo que en la panza de mi madre. Ella estaba actuando mientras yo estaba en la panza. La tuvieron que trasladar de urgencia a la capital. Ella estaba en Corrientes haciendo función, hubo que hacerle una cesárea porque vieron que yo venía mal puesto y le salió una criatura de cinco kilos. Antes del año, en una obra que se llamaba ‘El carro de la basura’, dirigida por Narciso Ibáñez Menta, interpretada por mi tía Luisa Vehil, uruguaya, me metieron adentro del carro de la basura. Así estuve hasta los 3 años. Después seguí en una obra que hizo mi tía, que se llamaba ‘Ana de los milagros’, que es la historia de la niña que nace ciega, sorda y muda y su lucha para que pueda comunicarse al mundo y contar sus historia. Ahí hice del hermano de Ana Sullivan, que la hacía mi tía, y sólo hice la voz. Yo no quería ser actor porque los hijos lo que reclaman es a su mamá, y mi mamá me robaba muchas horas yendo al teatro. Yo había hecho la carrera de cuatro años de Relaciones Humanas, que no sé para que sirve, pero me traje el título en la mano y esa misma tarde, volviendo con el título en la mano a mi casa, leo en Clarín un llamado a concurso para chicos entre 18 y 20 años para presentarse en una prueba teatral para cubrir los roles protagónicos de una obra de un autor argentino. Fui, me presenté, nadie sabía quién era yo y me dieron el protagónico. Y a partir de ahí no paré más. Se llamaba ‘La noche de los ratones’.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Son comer todos los días, subsistir y tener la posibilidad de seguir haciendo esta obra o las que pueda y que los directores de cine, que ya no existe, y de la televisión, que ya no existe, me llamen para trabajar. Pero es difícil a esta edad… Tengo 75 años.

Respecto a esto que señala… ¿cómo ve la industria artística en la actualidad?
Así como te dije: se ha destruido todo, sin mayor posibilidad de poder darle alimentos a los jóvenes actores. Dos o tres que tienen seis o cinco millones de seguidores, que son influencers, están haciendo de actores, pero eso no significa que sean actores. Es decir, el tiempo es el que va a dar la respuesta a todo eso. Eso por un lado. Por el otro, la falta de esperanza que existe. Yo les recomiendo a todos los jóvenes actores que no pierdan los sueños, que igual hay que insistir. En algún momento va a tener que torcerse el brazo de este destino feroz que tiene la industria del teatro del Río de la Plata y de cine y de televisión. Es feroz el destino, pero si nosotros luchamos por seguir, por mantener vivas las banderas de la cultura, en todas las disciplinas, en danza, pintura, etc., todo lo que exista como formas artísticas, si nosotros mantenemos viva esa llama, los paparulos estos que decretan la muerte de todo, se van a tener que escapar.

Jennifer Cassarino