Con el presidente del INAVI, Diego Spinoglio: Calidad de vinos, exportaciones y la producción vitícola

Diego Spinoglio, que asumió como presidente del INAVI en marzo de 2025, cree que debe haber una reconversión del sector desde todos los aspectos.

“En Uruguay ha bajado mucho el consumo del vino de mesa”

Diego Spinoglio asumió como presidente del Instituto en marzo de 2025. El jerarca cree que debe haber una reconversión del sector desde todos los aspectos.

Como informáramos en ediciones anteriores, la nueva directiva del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI) trabaja semanalmente en distintos temas que ocupan al sector. Diego Spinoglio, presidente del INAVI, dialogó con HOY CANELONES sobre los primeros meses de trabajo en el Instituto y los desafíos de la vitivinicultura en Uruguay.

¿Cuáles son los temas más importantes para el INAVI y para el sector en general?
Creo que tenemos un gran desafío en una reconversión que llamamos integral, porque se tiene que dar en paralelo en todos los aspectos, desde el punto de vista del modelo de negocios y comercial hasta lo industrial y productivo, por una crisis que tiene el sector en la baja del consumo del mercado interno, que va dejando parte de la producción sin colocación. Es una tendencia mundial, que tiene particularidades propias del país. En Uruguay ha bajado mucho el consumo del vino de mesa, que era la salida principal de la producción de uva hecha vino en el país. Tenemos que buscar, entonces, nuevos modelos de negocio que sustituyan esa baja del mercado interno, y con esto nos referimos a un crecimiento importante de las exportaciones, un desarrollo del turismo enológico, mejor posicionamiento del mercado interno de los vinos de mesa y el estudio de nuevas alternativas y hábitos de consumo.

¿Existe, y más allá de que los vinos uruguayos sean de calidad, una mayor exigencia del consumidor en la actualidad?
Uruguay produce vinos de excelentísima calidad, que compiten en los estándares de calidad con cualquier vino del mundo, pero tenemos que seguir trabajando mucho en mejorar la calidad del producto y adecuarnos a nuevas tendencias en los perfiles de consumo, más allá de tener nuestra identidad y nuestro estilo. Los vinos son distintos en todas las regiones, porque cada lugar le da su característica especial, pero también hay que adaptarse a las tendencias, a los estilos. Hoy hay una búsqueda de menos alcohol, mayor frescura y mayor acidez. Eso tiene ciertas ventajas para nuestras condiciones productivas, porque tenemos ese tipo de perfil de producto y nos falta aprovecharlo desde el punto de vista comercial, saber comunicarlo, saber posicionar la marca Uruguay como productor de vino de alta calidad, tanto en el mercado interno como en mercado externo, y que el consumidor nos tome en cuenta cuando vaya a elegir una botella de vino, ya sea en un restaurante o en una góndola de supermercado.

En cuanto a la venta de vino al exterior, hubo algunas dificultades con las exportaciones que se vienen mitigando un poco gracias a las ventas a Rusia…
Hay que separar en dos lo que es la exportación de vino envasado, donde hay un objetivo de incremento. En esas exportaciones, Uruguay tuvo crecimiento en los últimos veinte años, pero hoy se exportan alrededor de cinco millones de litros en esta modalidad y en los últimos años hemos quedado bastante estancados en esa cifra. Allí es donde tenemos el gran desafío del aumento de este nicho de negocio, que es la comercialización hacia el exterior y ver cómo podemos pegar el salto. Queremos tener estrategias diferentes, como apostar más a algunos mercados foco en el posicionamiento, para después de ahí ver por qué otro lado seguimos, pero la idea es tratar de apuntar fuerte a algunos mercados foco, como puede ser Brasil o Estados Unidos, para el posicionamiento, para ver si podemos salir de ese estancamiento de los cinco millones de litros.
Por otro lado, la baja del consumo del mercado interno de vino de mesa hace que Uruguay tenga un sobrestock, sobre todo de los vinos que se producen con las uvas Moscatel y Ugni blanc, que se usan fundamentalmente para la producción de vino rosado de mesa. Eso es lo que ha bajado más el consumo y el excedente que tenemos es de ese tipo de vinos. Hoy en día, de la forma en que está elaborado ese vino y demás, no es exportable con valor agregado, y con ese tipo de productos se están haciendo exportaciones a granel, de bajo costo y con el objetivo de sacar ese volumen del mercado. Venimos en unos cinco millones de litros de exportación este año bajo esa modalidad a granel.

La producción de vino en Canelones ha sido una tradición en muchas familias. ¿Hoy los jóvenes de familia vitivinícola siguen la actividad o la continuidad está en peligro?
Hay empresas que han entrado en un camino de reconversión, que ya han empezado la reconversión integral por si solas, y creo que ahí es donde las nuevas generaciones se entusiasman. Pero en las que todavía no entraron en ese proceso puede haber riesgo de que las nuevas generaciones no estén entusiasmadas para seguir. Ni hablar de la producción chica, con mucho problema de rentabilidad. Creo, entonces, que es una necesidad imperiosa reconvertir el aparato productivo, buscando sobre todo la rentabilidad de la unidad de negocio y estudiar dónde están esos equilibrios. En eso estamos trabajando fuerte, para ver qué salida pueden tener estos proyectos, y cómo podemos ayudar desde INAVI a toda la gente que realmente vive de la producción de uva.

F.G.