Mucho para decir
En diálogo con HOY CANELONES, Blanca Calero y Ricardo Etcheverry, ambos de la ciudad de Canelones, contaron parte de su historia como militantes, los años de cárcel y la importancia de compartir el relato con los jóvenes.

Blanca y Ricardo llevaban diez años de casados. Cumplían el sueño de las parejas jóvenes de la época: la estabilidad laboral, el hogar, la familia. Todo eso se derrumbó el día que cayeron presos. “Se perdió todo en mucho menos de lo que tardo en decírtelo. Entonces se trastoca toda la vida”, recordó Ricardo.
Volver a construir todo eso que se había derrumbado llevó tiempo, porque la cárcel no fue fácil y tampoco lo fue el día siguiente. Porque “la gente también tiene que comprender por qué se te cayó la estantería”. Porque los hijos, Gonzalo y Camilo, seguían siendo niños. Blanca y Ricardo salieron adelante, otras parejas no pudieron. Siguen juntos hasta el día de hoy, tienen nietos, bisnietos, sufrieron la pérdida de un hijo. Siguen militando por lo que creen justo, porque el encierro no pudo arrancarle los sueños. “No fue fácil cuando salimos, nos costó salir adelante. Un poco fue el amor, otro poco lo que pensábamos juntos”, expresó Blanca.
Ricardo estuvo siete años detenido en la Cárcel de Canelones y en el Penal de Libertad; Blanca seis, en la Cárcel de Canelones y Punta de Rieles. “Sigo pensando igual, militando igual. Pero nos sacaron eso de tener que salir adelante y no poder comunicarnos como se comunica cualquier padre o madre con sus hijos. No nos dio el tiempo, aunque te parezca mentira. Venía Gonzalo y nos daba un beso cuando entraba y cuando salía. Gonzalo tenía 5 y Camilo tenía 3 cuando estábamos presos”, expresó Blanca. Agregó que, muchos años después, cuando Gonzalo se enfermó de cáncer “yo le llevaba la leche, le hacíamos la comida y él, en cada cosa me decía ‘No te olvides nunca, mami, cuánto te amo’, y ahí se me vino eso de poderle decir ‘Yo también, yo también’, porque la cárcel nos había secado eso de darle todo a los niños, como le da cualquier padre y cualquier madre cuando tiene la oportunidad de criarlo”.

No se callan
Aunque les resulte difícil, Ricardo y Blanca deciden contar lo que les pasó en dictadura. Hace unos días se lo contaron a estudiantes del Liceo Tomás Berreta y lo han narrado en distintas actividades. Para Ricardo, compartir el relato “no es un ejercicio que sea plácido, pero sí me gusta el resultado posterior a eso. Me parece que deben de saber cómo es. Porque una dictadura no fue un accidente y que haya durado once años tampoco fue un accidente, porque es un tiempo muy prolongado en la vida de una persona. Eso no puede pasar desapercibido para los chicos. Cuesta, deja secuelas, porque por unos meses quedamos conmovidos, comentando, pero no podemos perder la necesidad de compartir esa parte de la historia que no sé por qué no se cuenta”.
Blanca pudo mostrar en su barrio el testimonio que brindó para la causa judicial de los crímenes cometidos en el sitio de detención y tortura Los Vagones. Proyectó la entrevista realizada para esa instancia en un galpón ubicado en la calle Lavandeira, entre Saravia y Ledesma, en la zona donde se crió. Fue en ese mismo barrio donde, cuando ya tenía la libertad firmada, la esposaron junto a una soldado y la trasladaron en camioneta hacia la casa materna. “Cuando me bajan, había una cantidad de gente y allá en el fondo estaba mamá. No me habían dicho nada que era el velorio de mi madre”, recordó Blanca. Después de ese episodio, a Blanca la dejaron presa unos días más hasta que obtuvo la libertad. “Acá nos ves, una señora grande, por no decir vieja, que sigue luchando”, agregó la vecina.
Ricardo prefiere no dar detalles de lo que pasó, pero comparte “el sentimiento que me causa en el sentido de cómo puede ser que, por la defensa de intereses que no son eternos, porque por más dinero o poder que se pueda obtener durante el tránsito por la tierra nada de eso se va con la persona, el grupo de personas o la clase social que domina en el momento llega a crueldades que ni siquiera los animales son capaces de hacer. Esa es la pregunta que me queda sin resolver y me quedará hasta que me muera”.
Fernando Guerrero

