Una forma artesanal de cuidarse
Evangelina Pírez y Camila Taño son las encargadas de generar para pacientes oncológicos con pelo, cascos de enfriamiento capilar que se deben usar antes, durante y después de cada sesión de quimioterapia desde el inicio del tratamiento. Llegan a todo el país y de forma enteramente gratuita.
La historia de estas mujeres como dupla comienza en el año 2016, en una de las inundaciones más grandes que atravesó San José, departamento del que ambas son oriundas. En ese entonces, siendo voluntarias en ayuda con los damnificados, sucedió que Evangelina conoció sobre el padecimiento de cáncer de Camila y decidió acompañarla en el difícil momento, lo que conformó una amistad inseparable. Desde hace cinco años, juntas impulsaron este proyecto, que fue extraído de la provincia de Tucumán, Argentina, lugar de origen de la red solidaria, y adaptado a Uruguay. Existen diferentes formas para que la sociedad contribuya con este equipo y con la causa. En esta nota, Evangelina Pírez y Camila Taño le explican a HOY CANELONES el funcionamiento de los cascos, la forma en la que están conformados y el beneficio que brindan.
¿Cómo comenzó el proyecto?
Evangelina: Nace hace cinco años. Somos de San José de Mayo, pero los cascos llegan a todo el país. Camila, que pasó por tratamiento y por la pérdida del pelo, se entera de esta red solidaria llamada ‘Quimio con pelo’ en Tucumán. Ahí me comentó de traerlo para acá, nos contactamos con las chicas de allá y nos dieron el ok. Ahí comenzamos a investigar y todo lo demás. Después tuvimos a nuestra primera usuaria, que estaba justo de vacaciones en la costa y no teníamos ningún casco, ningún gel. Sólo teníamos lo teórico. Le explicamos cómo armarlo y cómo usarlo, pero ella tenía que ver la forma de conseguir los geles. Si bien son geles que se venden hace años, tuvo que recorrer muchas farmacias desde la costa hacia Montevideo para conseguir los geles. Ella fue el empuje que tuvimos. Inicialmente comprábamos nosotras los geles, pedíamos donaciones, pero se necesitan varios cascos por paciente, entonces en un momento se nos hizo carísimo y nos empezamos a mover con el tema de rifas y ventas en vivo.
Camila: Fue un impulso nuestro por el padecimiento y el querer hacer algo. Esa parte de la enfermedad (caída del pelo) estaba en nuestro país bastante dejada de lado. En aquel momento los médicos no tenían idea, era muy difícil, era un campo muy hostil porque no había un entendimiento. El comentario que te daban los médicos era ‘Bueno, el pelo es lo de menos’, como banalizando eso y dejando de lado la parte emocional y psicológica para atravesar la enfermedad. Sentimos que había como una carencia en el país. Por suerte, con el paso a paso se ha llegado a que hoy en día esté como más presente. En varios lugares hay máquinas industrializadas de terapia de enfriamiento capilar. Esta técnica está industrializada. Lo que nosotras hacemos es una opción casera para poder hacerlo solidariamente, porque justamente las máquinas tienen un costo muy elevado. Se abrió este campo y hoy hay una aceptación muy grande, incluso el 90% de las personas que nos llegan vienen derivadas desde su médico tratante. Se puso foco en este tema, que no estaba bien atendido.
¿Cómo fue tu experiencia respecto a la enfermedad?
Camila: Fue bastante compleja porque fueron varios años de tratamiento y, en ese momento, no había opción acá para eso, entonces tuve que pasar por la pérdida del pelo. Nos enteramos después de que yo me recupero de esa opción y es el momento en el que dijimos ‘Hay que hacer algo con esto’. Siempre remarcamos la importancia de poder compartir la enfermedad con quien vos quieras y que no sea algo evidente, que puedas tener cierta privacidad. Además que a nivel emocional te sientas bien con vos mismo, de hecho genera fortaleza para enfrentar el tratamiento que es bastante duro. Si tengo que contar algo de mi experiencia es esa carencia de herramientas para mitigar el dolor. Fue lo que nos impulsaron a nosotras a querer hacer algo.
¿Cómo funciona y en que consiste el casco de enfriamiento capilar?
Evangelina: El casco lo que hace es enfriar el cuero cabelludo. El cuero cabelludo alcanza una temperatura de unos 19 grados bajo cero, aproximadamente, y eso lo que hace es que cuando el paciente recibe la medicación, esa dosis no llega al folículo piloso del pelo, que es lo que agarra cada pelito digamos. Con el frío del casco el folículo se contrae, se cierra y de esa forma no llega la medicación a esa zona y evita el debilitamiento y posterior caída del cabello. Lo otro importante a comentar es que el gel (Body Care) que nosotras usamos no se hace hielo al ponerlo en el freezer, de esa forma el frío llega uniformemente a todo el cuerpo cabelludo. El casco hay que colocarlo y apretarlo con un pañuelo para que el frío llegue a todo el cuerpo cabelludo; donde en una parte no llegue, el pelo cae.
Camila: Los geles para armar cada casco con tres de un tamaño y dos de otro y cinta adhesiva, que es con lo que se pegan los vértices. Se arma una cruz primero y después se unen. Otra cosa importante es que solicitamos siempre el consentimiento del médico y les pedimos la duración en horas de su quimio. Dependiendo de la cantidad de horas, será la cantidad de cascos que se van a usar. Los cascos se van cambiando cada media hora, porque pierde el frío y quedan a temperatura ambiente. Se empiezan a usar desde una hora antes, durante y una hora después. En todo ese tiempo se van cambiando cada media hora. Los usuarios llevan los cascos en una conservadora y se los van cambiando en el transcurso de la sesión.
¿De qué manera se pueden acercar a ustedes para colaborar?
Evangelina: Toda colaboración viene bien. Son muy costosos los cascos. A modo de ejemplo, nosotros los cascos los compramos en unos 800 pesos cada uno. Pero tenemos gente que usa hasta dieciocho por quimio. Los mínimos en usar son cinco. Los cascos los enviamos a todo el país y de forma gratuita. La persona no gasta ni en la encomienda porque cubrimos todos los gastos. Siempre tenemos una rifa anual, que aún no la hicimos. También tenemos una cuenta a nombre de la fundación. Destacamos mucho la difusión porque si los cascos no se empiezan a usar desde la primera sesión de quimioterapia, en todas no se puede usar. Si una persona empezó con el tratamiento y no se enteró de este proyecto, no puede. Porque en ese caso, sabemos que la medicación ya llegó al folículo y que el pelo se debilitó y se va a caer. No podemos sacarle el casco a alguien que aún no empezó su tratamiento y que puede evitar la caída del cabello. Apostamos a que se comparta, a que se difunda. Hay mucha gente que no nos conoce y menos lo que hacemos. A veces llegan a nosotras cuando ya se empezó con las sesiones y lamentablemente no podemos darle el casco.

Jennifer Cassarino

