La huella del Varón del Tango
Ana María Sosa, la hija que llegó desde Buenos Aires; Víctor Mancebo un amigo y casi un hermano como así se afirma ha sido para el ilustre artista; el intendente Marcos Carámbula, su esposa, Elena Pareja y el escribano e historiador Freddy González, participaron en la jornada de ayer de los actos de recordación del cantante pedrense Julo Sosa.
Durante la mañana de ayer, en el Cementerio local, donde está el Mausoleo de Julio Sosa ‘El Varón del Tango’, se le rindió tributo al inolvidable músico en el 50º aniversario de su fallecimiento. Sobre el mediodía se colocaron ofrendas florales en el monumento y en la tarde se llevó a cabo un espectáculo de tango. Está previsto que estos eventos continúen mañana en el Hipódromo de Las Piedras, en el museo que lleva el nombre del cantante.
“Hoy es un día triste”
“Hoy es un día muy triste porque aquella mañana del 26 de noviembre se nos iba nuestro amigo del alma, nuestro ídolo, y aquí quedamos un montón de amigos… esa barra maravillosa que él tenía en su casa, en El Continuado (bar ubicado antiguamente en centro de Las Piedras, frente a la plaza). Allí tenía la familia suplementaria que su vida de niño le negó”, manifestó Víctor Mancebo, entrañable amigo de Julio Sosa.
Mancebo agradeció la presencia de Ana María, la hija de Julio Sosa, en los actos de ayer, a quien la visualizó como “la continuación de Julio. Nosotros la tenemos acá y cada vez que la abrazamos, es como hacerlo con Julio, aquel que se sentía orgulloso de ser uruguayo y de la ciudad de Las Piedras y que cuando venía era uno más entre nosotros. Nunca la fama nunca nos distanció de él”.
“Un mensaje importante para darle a los chiquilines”
Por su parte, Freddy González, integrante de la Fundación que lleva el nombre del recordado artista pedrense, frente al Mausoleo de Julio Sosa dentro del Cementerio de Las Piedras comentó que días atrás, ante el diálogo con jóvenes que no han vivido ciertas épocas, señaló que “hace poco tiempo la cultura de nuestro país y la cultura sobre todo se vio sacudida por tristes noticias como fueron la muerte del pintor Carlos Paéz Vilaró y de China Zorrilla, un impacto emocional para el país y la cultura. Al igual que cuando falleciera Julio Sosa, su ida de este mundo fue un gran golpe para nosotros”.
González siente como “una suerte” el hecho de poder reunirse para conmemorar y mantener viva la memoria y la vigencia de Julio. Revalorizó también el punto que engrandece la figura del tanguero. “Surgió de un hogar muy humilde que triunfó. No necesitó salir de una familia económicamente poderosa”, dijo.
González también puntualizó que “no es muy común que suceda esto, que un muchacho tan humilde” tenga en su ciudad un monumento. Este se transforma además “en un mensaje importante para darle a los chiquilines y que cuando estos tengan una virtud que les da la vida o inclinación artística, hay que aprovechar las oportunidad que les da la vida y continuar hacia adelante, perfeccionándose”.
“Con la misma velocidad que tenía su vida, la perdió”
El historiador también reconoció un defecto o una forma de ser que no supo corregir como persona y que también se puede encuadrar, como el camino que le deparaba su destino de continuar su vida sin corregir ciertas conductas. El día de la muerte de Julio Sosa, según cuenta Freddy González, “el velocímetro quedó marcando 140 (km/h). Es un disparate aún en estos momentos desplegar esa velocidad, lo era mucho más hace 50 años atrás”. Opinó que “cada uno es arquitecto de su destino, Julio vivió muy apurado su vida y a mucha velocidad”.
González afirmó que Sosa fue quemando etapas rápidamente. “Fíjense que su primer matrimonio fue a los 16 años, asumiendo esa responsabilidad del matrimonio… Toda su vida fue rápida y eso era una constante de él. A la velocidad que andaba en la vida, a esa velocidad perdió su vida”. Por último, González indicó que Julio Sosa dejó un legado para preservar sus valores, divulgándolo a las futuras generaciones.
“Perdía los estribos si era necesario”
El intendente Carámbula manifestó, refiriéndose a la hija del cantor, que “la sentimos una pedrense más a Ana María”. Reconoció a la Fundación Julio Sosa que siempre está marcando la vigencia del cantante en su ciudad y en el país por una “trabajo extraordinario”. Dijo que la expresión de “Julio Sosa” más allá de que en este tipo de fechas de recordación, las que mantienen la congoja por la pérdida de un gran artista pedrense, tiene una “gran contrapartida y por eso está vivo, siempre vigente, que es por su alegría y vitalidad”. El intendente señaló que Julio era “chispeante, vital, corajudo”. Valoró que siendo tan joven, cuando se fue de Las Piedras, conquistó “Buenos Aires en tan poco tiempo”. Su audacia también lo caracterizaba además de “su generosidad y capacidad de pelear por sus cosas”.
Su valentía fue otro aspecto que resaltó Carámbula. “Cuando alguna vez le querían vulnerar alguno de sus derechos ahí perdía todos los estribos e iba y agarraba del pescuezo si era necesario. Ese era Julio Sosa… que contagiaba amor por la vida y por eso fue lo que fue en Buenos Aires. Por eso lo seguimos recordando hoy cincuenta años después, con esa sonrisa y vitalidad”.
“Es imposible olvidarlo”
Ana María Sosa es una mujer de un porte llamativo, con presencia, expresiva. Veterana, elegante y que muestra muchos rasgos de su padre. Ella dice que “cincuenta años parece una enormidad y no se sienten como esa cantidad. La pérdida de mi padre, para mí siempre es actual”. La ausencia de su padre “va conmigo, es la falta que tuve, que tengo y tendré. Un vació que no voy a poder llenar”.
Explicó que valora con satisfacción porque “me llena” el reconocimiento de la gente hacia el extinto artista. Así como también su hija siente de la sociedad “el cariño que me demuestran. Es lo que más me llega, otra expresión física como el Mausoleo me parece bárbaro, pero a nivel personal es la gente”.
Ana María contestó que “es imposible olvidarlo, porque me miro al espejo y tengo su sonrisa, gestos, según me dicen tengo su carácter. Soy mal llevada como se dice en el campo (sonrisas). Testaruda y seguidora como perro al sulky. Cuando se me pone algo entre las cejas, no lo tengo en otro lado. Parece que eso lo he sacado de él”.
El significado que tiene el tango para Ana María le provoca “una herida. Creció conmigo. De chica no existía el tango para mí, pero me gusta y por él, por mi padre. Obviamente que soy totalmente parcial en mi juicio de apreciación y lo reconozco. Cantaba con ‘la tripa’, como se dice. El viejo convencía. Lo que cantaba, uno se lo creía”.
“Llegar a Las Piedras, venir a esta ciudad siempre es una conmoción, porque me revuelve todo, el interior las emociones. Venir acá siempre es especial, me toma un par de meses reponerme”, manifestó. “El cariño que me demuestran acá, la verdad que me ha sorprendido desde el comienzo, porque a mí no se me conocía como persona. Si soy la hija de Julio (Sosa), pero yo soy yo, y no hice nada para merecerlo. Así que eso siempre me sorprende, no me siento merecedora de tanta emoción de afecto”.
Eduardo Castro



