Un repaso a la vida y obra del cantautor Nick Drake (1948-1974)

Una luz entre los árboles

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En esta nota, el profesor y poeta Mathías Iguiniz repasa la peripecia creadora de Nick Drake, un verdadero olvidado pese a la influencia que sus canciones han ejercido en gran cantidad de artistas. 

I

Es harto conocido: la posición social del poeta moderno está atravesada por una serie de tensiones, disidencias, pactos y sumisiones. Es que, se trata de una actividad que transita al revés de una axiología donde todo tiende a convertirse en objeto de mercado; larga es la lista de aquellos que, consagrados al cultivo de la palabra poética, terminaron relegados a un olvido injustificado. Otros, más “versátiles” o “condescendientes” con el orden establecido, optaron por una concepción mercantilizada del hecho artístico, lo que, naturalmente, imprimió cambios en el producto resultante. Nick Drake (19 de junio de 1948 – 25 de noviembre de 1974) es, ante todo, un poeta, y, como tal, no permaneció ajeno de estas encrucijadas.
‘Pink Moon’ (1972) fue el último trabajo que el músico británico editó en vida y, al igual que sus predecesores, pasó a través del campo musical y los circuitos comerciales sin pena ni gloria. No obstante, con la resurrección de su obra muchos años después –propiciada en gran medida por la elección de la canción que da nombre al disco para un spot publicitario de una empresa automovilística–, vendrá un desfile inusitado de reediciones, ediciones con temas inéditos, covers de distintas bandas, documentales.
De alguna manera en ‘Fruit tree’, canción perteneciente a su primer trabajo: ‘Five Leaves Left’ (1969), Drake ya profetizaba la suerte que iba a correr su obra con el devenir de los años; versos tales como: “Safe in the womb / Of an everlasting night / You find the darkness can / Give the brightest light. / Safe in your place deep in the earth / That´s when they´ll know what you were / really worth.” (A salvo en el útero/ de una noche eterna/Descubres que la oscuridad puede / Dar la luz más brillante. / A salvo en tu lugar profundo en la tierra / Entonces sabrán realmente cuánto valías.”), nos insertan en una poesía con ribetes ciertamente visionarios.
Lo cierto es que ‘Pink Moon’, salido a disquerías dos años antes de la muerte del autor (que desde hacía ya tiempo estaba sumido en un profundo pozo emocional), se trata del testimonio musical más desgarrador de su periplo artístico. El repertorio de las letras articula un giro hacia una economía poética que imprime a cada palabra una poderosa carga expresiva, al tiempo que los sofisticados arreglos de sus discos anteriores devienen en un tono decididamente despojado, en donde el personalísimo registro vocal de Drake, sumado a las intrincadas melodías de guitarra (y la lacónica intervención de una secuencia de piano en uno de los temas), configuran esa atmósfera intimista que, quizá, no encuentre parangón con otros trabajos de la época.

II

Por lo general, uno de los aspectos que más se destaca al momento de hablar del periplo de Drake, tiene que ver con ese recelo que el artista sentía por las presentaciones en vivo. Es que, al parecer, las pocas experiencias no salieron del todo bien, entre otras cosas porque el público, rendido a sus acotaciones de diversión escapista, tendía más bien a incomodarse frente a los prolongados silencios entre canción y canción, suscitados por los continuos cambios de afinación –por no mencionar el carácter parco del músico.
Pero puede que haya algo más. Una metáfora tal vez. Porque la obra de Drake es una herida que desangra, una imposibilidad de contacto. Casi un romántico desgarbado y anacrónico queriéndose encontrar a través del ritmo con las correspondencias insondables. Pero los compases se vuelven extraños, cada afinación comprende una indagación que excede los límites de la propia canción. Y el silencio, su valor simbólico, empieza a dejar de estar, al decir de Octavio Paz, poblado de signos.
La modernidad occidental hace del silencio una nada. La palabra también es despojada así de su potencial significante. En el centro queda el artista, el alma vacía y vulnerable del poeta frente a un público que vive cómodamente en un rumor insoportable. En ‘Things behind the sun’, Drake expresa: “And open wide the hymns you hide / You find reknown while people frown / At things that you say” (Y abre bien los himnos que escondes / Que reconoces mientras la gente frunce el ceño / Por cosas que dices”).
La vuelta de Drake a casa de sus padres algún tiempo antes de morir, la estricta reclusión al ámbito de su habitación, también es un intento por trazar los límites de un espacio finito, cerrado. Una forma de seguridad frente a un mundo exterior incompleto que no se reconoce como tal. El último ademán por reconocer la fisura o el hilo de luz que nos permita ser en otros niveles, se llama ‘Pink Moon’.

III

‘Place to be’. En esta canción, el yo lírico descubre una escisión vital que no le permite conectarse con lo que está fuera. Esto se refleja a nivel formal en una cesura interna que organiza las estrofas en dos partes simétricas y opuestas. Acaso esta misma disposición especular funcione como reflejo de una forma problemática de reciprocidad con el mundo, donde cada cosa tiene, en su centro, la fuerza de su propia paradoja. Las estrofas se disocian a partir de un juego temporal entre un pretérito inaccesible y un presente desdichado.
En la primera parte, la confrontación se da entre el binomio juventud/vejez. La verdad (¿qué forma de verdad?) solo se presenta con los años, lo que plantea una ironía de difícil solución en un sujeto dividido. La expresión: “When I was young, younger than before” (“Cuando yo era joven, más joven que antes”), con el uso del pretérito imperfecto, producen un cierto efecto de ucronismo, un tiempo psicológico o una zona secreta que no se condice con las formas estandarizadas de medición del tiempo.
Desde un punto de vista simbólico, la puerta funciona como el umbral que atravesamos para abandonar el claustro-hogar y salir a la realidad; es, si se quiere, lo que conecta con el mundo exterior (a diferencia del muro que es una forma de aislamiento radical). La voz poética confiesa no haber visto nunca de joven la verdad “colgando de la puerta”; sin embargo, ahora que es más viejo, la ve “cara a cara”. Todo parece formar parte de una indagación incesante acerca de las posibilidades de acceder a algún tipo de absoluto en nuestro paso por la vida. Pero los absolutos nos están vedados, son abstracciones inaprensibles que, en gran medida, sostienen la propia noción de realidad.
Hacia la segunda estrofa ingresan elementos de la naturaleza; la colina, las flores y el sol pertenecen al pretérito clausurado (lo mismo se puede decir del empleo de los adjetivos con connotaciones positivas: el color verde, el brillo). No obstante, la nueva dislocación interna (“Ahora soy más oscuro que el mar más profundo”) va acompañada de un giro inesperado: “Just hand me down, give me a place to be” (“Solo ayúdame, dame un lugar para estar”). En este pasaje se refleja una de las obsesiones que acompañó a Drake en su paso por la vida: la posibilidad, remota, del encuentro intersubjetivo.
Todo el texto parece sostenerse sobre un silencio o desgarramiento prelingüístico, una frustración del Ser que establece una relación por demás compleja con sus canales expresivos y su entorno. Las palabras van cercando poco a poco dicho silencio hasta materializarse en una súplica. El tono confesional y la presencia de un tú lírico, hacen pensar que en el enclave de un presente velado existe una rendija de esperanza, una salvación. No solo estamos frente al dolor por el desarraigo existencial o la alienación de lo real, en simultáneo hay lugar para una rajadura por la que resplandece algo nuevo, no muy claro, no del todo inteligible. Porque, pues, todo engendra su opuesto. El periplo vital. El gran oxímoron sin resolver.

Mathías Iguiniz
Especial para  HOY CANELONES

Nota: Todas las traducciones fueron tomadas del sitio www.lalunarosa.com.