El final
Estela López ha tomado la difícil decisión de cerrar el merendero que tuvo a cargo por veintidós años para priorizar su salud.
En esta nota, Estela repasa sus años de servicio a las familias del Barrio La Cantera y agradece a quienes colaboraron en esta acción, a los niños de hoy y a los adultos que fueron niños algún día y que tienen hermosos recuerdos de su pasaje por este lugar referente de la ciudad de Canelones.
El 18 de mayo de 2002 comenzó a funcionar en el Barrio La Cantera el Merendero ‘Charly Quaglia’, en la casa de Estela López. El objetivo era brindar la merienda los días sábados y domingos a todos los niños del barrio. Además, en fechas especiales como el inicio de clases, Día del Niño, Navidad y Día de Reyes, el merendero ofrecía una merienda especial y junto a ella la entrega de donaciones que tenían que ver con útiles escolares, juguetes, y ropa.
El 2024 es el último año en el que funcionará este lugar. Los años de responsabilidad, de sacrificio y de preocupación por parte de Estela comenzaron a pasar factura y tras un quebranto de salud del cual está mejorando ha tomado la determinación de no continuar con esta ayuda. Estela conversó con HOY CANELONES y contó sobre el proceso de duelo por el que está pasando, pero a su vez expresó el orgullo que siente por haber ayudado a tantos niños.

Toda una vida
En entrevistas anteriores a este medio, Estela relataba el contexto de aquel año en el que abrió las puertas del merendero en su casa y decía que “hubo una creciente muy grande en ese entonces. Las madres de aquel tiempo no tenían en donde hacerle una leche a los hijos, yo justamente había quedado viuda y me dio por ayudar a las madres a hacerle la merienda a los chicos”. Además agregaba que “el primer día tuve cuarenta niños y llegué a tener ciento veinte”.
El nombre del merendero, “Charly Quaglia”, surge en conmemoración a un hombre oriundo de Aguas Corrientes, radicado en Australia, y que junto a otros uruguayos invertía en el merendero. Este señor falleció y desde entonces, Fernando Carrión se hizo cargo del aporte económico para tranquilidad de Estela. Sobre la decisión de cerrar el merendero, Estela dijo que “lo venía pensando hacía tiempo. Porque son veintitrés años casi ya que estoy en esto y no es poca cosa (el merendero cumpliría 23 años el mayo próximo). Los años pesan. Justo tuve unos problemas de salud y dije basta. Lo hablé con mi familia, con los cercanos y todos me apoyaron”. Con lágrimas en los ojos Estela expresó que “quiero agradecer a todos los que me han ayudado en este tiempo: empresas y vecinos”. Entre ellas nombró y agradeció a Fernando Carrión, Gustavo Lorenzo, Supermercado Canelones, Adrián Silva, Rotary Club Canelones, Municipio de Canelones e Intendencia de Canelones; “en una palabra a Canelones todo”, concluyó.

Siempre presente
Dejar esta etapa atrás es un proceso de desapego que Estela viene transitando, conversado con su médico de cabecera y con su entorno. “Sé que voy a seguir ayudando pero de otra manera. Ahora con el nuevo Gobierno pienso que los niños no van a tener tanta necesidad. Habrá un bono para las familias con menos ingresos para que los padres lo gasten en los niños. Pensando en ese tipo de ayuda, es el momento de dejar”. Pese al dolor sostuvo que “si alguien quiere tomar la decisión de mantener el merendero, de continuarlo que lo haga, pero no acá. Necesito desprenderme para desligarme y que no me haga mal”. Repasando sus recuerdos, Estela dijo que “me encuentro con gente adulta que vino al merendero, que trabajan, que tienen familia y eso me emociona profundamente. Sé que lo voy a procesar. Los niños podrán venir, pero yo no tendré esa responsabilidad que tenía cada fin de semana”. Agregó que “la gente que venía a casa a ayudarme o que traía donaciones me decían “vos generaste confianza Estela y no es poca cosa” y es así. Es el orgullo que tengo que la gente sepa que yo no tengo la necesidad de quedarme con nada, todo era para los chiquitos”. Por otra parte, la referente habló respecto de las cosas que aún conserva en su casa y explicó que “los juguetes, los libros de cuentos y de lectura adulta se los di a un muchacho para que los repartiera entre diferentes instituciones de la ciudad de Canelones. Hablé con las monjitas de la Catedral y voy a donar la ropa de bebé y las túnicas de niño”.
Jennifer Cassarino

