Escribe: Martín Romego
Desde que abrí este espacio para contar acerca de mi experiencia de viaje, uno de los objetivos siempre fue el de sumar los puntos de vista de otras personas que estuvieran pasando por lo mismo que yo. Como en la vida en general, este tipo de viajes son diferentes para todo el mundo y cada uno tiene su propia historia para contar, que puede ayudar a entender lo que se vive en una experiencia de esta naturaleza. Luego de pensarlo un tiempo, no se me ocurría mejor opción que empezar con Katriel, mi amigo, hermano de la vida y ahora compañero de viaje. Con él hemos compartido miles de momentos, desde la infancia hasta el día de hoy y por momentos parece mentira poder estar viviendo esto juntos, sobre todo porque por diferentes motivos nos ha hecho aún más cercanos.
Katriel llegó a Australia en marzo de 2023, con su pareja en ese momento, con quien compartieron la experiencia hasta que separaron su camino en enero de este año. Su primer destino por estos lados fue Sídney, que fue “una sensación nueva y emocionante, pero abrumadora”, según relató. En esos primeros días consiguió varias oportunidades de trabajo, hasta que se fue a Forbes, una ciudad en el estado de New South Wales, buscando la extensión, aunque no salió cómo esperaba porque a los tres días lo echaron. Con su primer gran golpe, se tomó un tren a Brisbane, donde se quedó con su hermano Fabricio durante una semana. Eso le dio la posibilidad de trabajar en un hostel y en una quesería con su hermano, viviendo en Gold Coast. Más tarde se movería a Port Welshpool, en el estado de Victoria, que se encuentra a cuarenta minutos de donde vivimos actualmente y ahí estuvo tres meses, logrando la tan deseada extensión.
Su siguiente parada fue una granja en Tasmania, donde estuvo desde setiembre a noviembre. Según contó, este lugar fue la parte que más le gustó de Australia y donde se empezó a tranquilizar para agarrar el ritmo australiano. Terminada esa etapa, se volvió a Brisbane, que tuvo muchas idas y vueltas, como la alegría de reencontrarse con su hermano y también la tristeza de terminar una relación de cinco años. Ahí se cruzaron nuestros caminos y, desde el mes de abril, trabajamos en un tambo en el sur australiano. En el medio, aunque no estaba en sus planes, pudo volver a Uruguay para conocer a su sobrina Juana y darle una sorpresa a toda su familia. A continuación, comparto el diálogo que mantuvimos acerca de su viaje hasta el momento.
¿Qué expectativas tenías previo al viaje que no se cumplieron?
Mi hermano, que ya venía viajando hace tiempo haciendo Working Holiday, me había contado su experiencia, me había informado a través de las redes sociales. Tenía una expectativa muy grande en trabajar en tecnología en información, que no se cumplió. Para ser sincero, dejé el trabajo de mis sueños para venir a Australia, pensando que iba a poder trabajar en eso y nada que ver, cosa que durante gran parte del viaje me frustró mucho y me hizo sentir muy mal. Creo que en los últimos seis meses he abrazado la idea de que si quiero trabajar de eso tengo que estudiar acá, entonces pasó a un segundo plano y me he hecho a la idea de que puede ser un buen objetivo a futuro, entonces no está descartado. Esa fue una gran expectativa que se me vino al suelo, que en parte me llevó a romper una relación por todo el estrés y la ansiedad. Tenía la idea de que las cosas son fáciles, por el estereotipo de que en el Primer Mundo la gente tiene la cabeza diferente, más avanzada, y no, nada que ver. En ese sentido es al revés, me ha costado lidiar más con gente de lo que pensé, sobre todo locales. No es la generalidad, ni a palo.
Porque pensamos que va a ser más fácil por ser backpackers y no es tan así…
Depende del área y de tu situación como visitante porque también entiendo que no es fácil trabajar con backpackers, un empleado que sabés que a los tres meses se va a ir. Los tres meses en un trabajo normal es el período de prueba, donde aprendés a trabajar y muchas veces no aprendés del todo, entonces entiendo que sea frustrante. Esperaba que fueran más reacios a los visitantes, porque en Uruguay por ejemplo, la inmigración es duramente criticada, siendo que la necesitamos un montón y acá saben que sin inmigrantes Australia se va al tacho. Creo que lo tienen claro. Creo que por ese lado tienen la mente abierta, pero en otros no y esperaba que fueran más abiertos. Por ejemplo, que esperan que te cases y tengas hijos joven, de la mujer se espera que a los 25 tiene que ser madre. Entiendo que debe ser que en Uruguay estamos acostumbrados a que no sea así porque la economía no ayuda y acá es estable, fuerte, es más fácil hacer un proyecto de vida porque saben que los problemas que puedan tener con un hijo no son monetarios. También en el discurso político dicen ser inclusivos con los aborígenes, por ejemplo, y si vas a la generalidad no es tan así. Es muy fácil escuchar gente hablar mal del aborigen. Me hace darme cuenta de lo bien que estamos en Uruguay, que el progreso social está bastante avanzado para ser un país tercermundista.
¿Y cuáles de las expectativas que tenías se terminaron cumpliendo?
Lo fácil que es establecerte, buscar y encontrar un trabajo que te dé para vivir es realmente sencillo, si estás dispuesto a todo. Si sos selectivo te va a costar. Esa expectativa de la vida tranquila, que es algo difícil de explicar para el que no lo vive, que es como una tranquilidad basal. No fluctúa tanto las emociones de todos los días, lo económico, si se rompe algo en tu casa o que mirás las ventanas y no hay una reja. Voy a la ciudad y no tranco el auto. Es un estado de alerta que no tenés. Te sacás una mochila, que lo sentí mucho cuando volví a Uruguay, que estás con un ojo por arriba del hombro. Acá me puedo dormir en una plaza con el celular en la falda y cuando me despierte va a seguir ahí. También que he podido recorrer, que es algo que quería, aunque siempre por los motivos equivocados, siempre por trabajo. Tenía la expectativa de viajar a otro país en el primer año y no lo he hecho porque las cosas no se han dado, pero se podría haber dado. No se dio por mí.
¿Qué objetivo te gustaría cumplir, proyectando a futuro?
Me gustaría conseguir la ciudadanía, que sé que si lo logro es a través de dar clases y sé que va a ser un desafío grande, que me genera estrés, porque me vine a Australia para dejar de vivir de dar clases. Si lo miro como un objetivo intermedio, me lo puedo tomar de otra manera por toda la experiencia que he tenido, de trabajar en cosas que nunca imaginé: fui barraquero, trabajé en la construcción, ordeño vacas todos los días. Me gustaría tener la posibilidad de que si un día no aguanto más y me voy, poder volver.
¿Qué sentís ahora al haber tenido esos trabajos que nunca pensaste que ibas a hacer?
Mirando al Katriel de 18 años y al de ahora, me acuerdo del pánico de mi primer trabajo, que fue en una panadería, y hoy en día no le tengo miedo a nada. Trabajé vendiendo sándwiches, en la construcción a rayo del sol sacando agua de un pozo, vendiendo metal, manejando forklift, moviendo catorce toneladas de acero, manejando tractores, hice queso, fui animador en un hostel. En un principio había un poco de miedo, pero ahora ya está. Ni un solo día me pesó ir a trabajar y eso que hice trabajos pesados. Nunca se me ocurrió renunciar, algo que sí me pasó en Uruguay dando clases. En ese sentido crecí muchísimo.
¿Recomendarías esta experiencia a cualquier persona que quiera hacerla?
Tengo claro que no es para cualquiera y tampoco digo que sea para mí, porque sé que hay cosas que no las haría a esta altura, como trabajar en la construcción en Melbourne, en otro momento sí. También va en las posibilidad de cada uno, porque si no tenés respaldo podés todo, tenes que hacer todo, si tenés otra persona, tus padres o no te sentís tan presionado, te ponés más exquisito. Es una experiencia que recomendaría como crecimiento personal. Creo que no hay nadie que venga y no crezca en algún sentido.
¿Qué has sacado de los vínculos que se forman en este viaje y los contactos con otros backpackers?
Hay algo que pensé que era más de la boca para afuera, pero yo intento hacerlo, que es ayudar gente. Siempre que veo a alguien que necesita ayuda, sobre todo uruguayos, doy una mano a conseguir un trabajo, dar recomendaciones, contar mi experiencia, siento que es algo que está expandido y es algo en común. Hay gente que me ha intentado ayudar porque sí y me ha llevado a darme cuenta de que está bueno dar un poco de lo que recibís. Cuando estás en tu país, con tu red de contención, alguien necesita ayuda y lo dejás pasar, pero acá no porque sabés que están como vos, que no tienen a nadie y con una bobada que digas o un pique de trabajo, hacés que su viaje sea cincuenta veces mejor. Hay que saber hasta dónde ayudar y con qué sí o con qué no.

