Una vida sobre el escenario
Mañana viernes, a las 21 hrs., se presenta en el recientemente reinaugurado Complejo Cultural Politeama, la obra ‘Almacenados’, una comedia protagonizada por Pepe Vázquez y Juan Luis Granato, bajo la dirección de Eduardo Cervieri.
Con una destacada trayectoria en teatro y televisión, Pepe Vázquez es uno de los grandes actores de este país y es, además, una persona cálida y entrañable, tal como se revela en esta entrevista con HOY CANELONES.
¿Cuál es tu primer recuerdo de un escenario?
En el pueblo donde nací, en Treinta y Tres, yo tendría 14 o 15 años, y los profesores del Liceo (que son generalmente los que mueven los asuntos culturales en los pueblos del interior), una o dos veces al año montaban una obra de teatro. Yo, que había empezado el liceo, me acerqué a uno de ellos y le dije que quería participar. Hicieron una obra del español Moratín y yo hacía el papel de un mozo de bar, que no hablaba. Entraba al escenario con una bandeja y lo que pasó es que se excedieron en el realismo: en vez de simular que servía café, en la bandeja pusieron café de verdad en una cafetera caliente. Por suerte la bandeja tenía un borde, porque yo estaba tan nervioso cuando entré que creí que me iba a quemar junto a los otros actores.
Más allá de ese breve papel inicial, comenzaste a formarte muy joven como actor, ¿no?
Sí. Desde niño tuve muy claro que quería ser actor. En la escuela tuve dos maestros excepcionales que nos hacían representar obras improvisadas entre los alumnos. Uno de esos maestros nos llevaba a los poblados, a las arroceras, para hacer las obras.
¿En qué momento preciso decidiste ser actor?
Cuando tenía 5 años y vi por primera vez una película de Tarzán con Johnny Weissmüller. Ese fue mi inspirador. Cuando yo vi a Johnny Weissmüller nadar y volar a aquella velocidad, de árbol en árbol, salía del cine como drogado. Me sentaba en el zaguán de mi casa, sobre la calle Zufriategui, que es una calle larguísima y desemboca en el Hospital, e imaginaba que estaba llena de lianas por las que yo avanzaba.
El otro recuerdo que tengo, relacionado con mi decisión de ser actor, tiene que ver con un tío materno, Juan da Rosa, el padre de mi primo mayor, el escritor Julio César da Rosa. Ese tío fue un hombre que siempre motivó en su familia la lectura y las artes. A él le gustaba que su hijo escribiera y que hiciéramos teatro. Tenía un comercio muy importante en Treinta y Tres y cuando a veces no teníamos donde ensayar, él cerraba el comercio antes para dejarnos el espacio.
Una suerte de mecenas…
Sí, es verdad. Mi padre, que era todo lo contrario ya que se dedicaba a los negocios rurales, le decía: ‘Juan, te vas a fundir con todo esto’. Y se fundió nomás. Cuando ya de grande me puse a investigar en una experiencia de terapia que hice con una psicóloga, siempre me aparecía, como generador del entusiasmo por el teatro, ese tío.
¿Y el cine?
Desde niño yo veía películas todos los días. Cuando tenía 14 o 15 años vi por primera vez ‘Hamlet’, con Lawrence Olivier, que la daban en tres secciones especiales, porque fue un hecho cultural muy importante en todo el mundo. Y también vi ‘Nido de ratas’, con Marlos Brando, otra película que fue un disparador para mí. Siempre seguí viendo mucho cine; yo creo que los intérpretes de teatro tienen que ver buen cine y ver a los muy buenos actores del cine europeo, por ejemplo.
Hablame más de tu formación como actor…
Después del liceo en Treinta y Tres, mis padres me mandaron a Montevideo a hacer lo que era el preparatorio. Y cuando cumplí 18 años, mis viejos esperaban “mi hijo el doctor” y yo ya había decidido desde muchos años atrás ser actor. Fui a la Universidad y no di ningún examen pero mentía; les decía ‘Salvé Derecho Civil, etc.’. En esa época ya veía mucho teatro y cuando cumplí 18 años entré a la Escuela de El Galpón.
Y entonces llegó Cuba…
Sí. Cuando ocurrió el cambio político en Cuba y Fidel Castro echó a Batista y apareció la Revolución, me vino la locura por ir. Era la primera revolución hablada en español, ya que la otra era hablada en ruso y en traducciones. De pronto aparecieron esos revolucionarios jóvenes, que no se iban a morir, a los que veía por la pantalla en ‘Uruguay al día’, un informativo que había antes en los cines. Y así me fui a Cuba. Allá, el Ministerio de Cultura había profesionalizado a los mejores actores del país y estaban creando un equipo de gente para armar una brigada de teatro que iba al campo a llevarles obras a los campesinos. Así se armó la Brigada de Teatro Francisco Covarrubias, que fue un famoso escritor de sainetes cubanos. El grupo se dividía en tres elencos que visitamos la provincia de La Habana, haciendo obras en el campo. Siempre teníamos como mínimo a mil espectadores, porque llegaba gente de los poblados vecinos. Así que te puedo decir que me formé estudiando teatro, porque estudiaba de mañana, de tarde preparábamos la obra y de noche actuaba.
¿Es difícil hacer comedia?
Jorge Denevi, que es un amigo y un gran director de actores, dice algo que es verdad: ‘Cuando hacés una comedia, olvídate de hacerte el gracioso. Es el público el que se ríe. El actor tiene que actuar como si fuera un libreto escrito por Bergman’. Yo creo que es así. Siempre pongo como ejemplo una escena de ‘Tiempos modernos’, de Chaplin, cuando Charlot va caminando por la calle con su tranquito y pasa un camión lleno de hierros. Uno de los hierros, que tiene atado un trapo rojo en un extremo (lo vemos blanco y negro, después sabemos que es rojo), se cae, él lo agarra y empieza a correr para alcanzárselo al del camión. Por otra calle viene una manifestación de obreros reclamando aumento de sueldos y, al ubicarse detrás de Charlot, queda él como el líder de la marcha. Llegado ese punto, vos empezás a reírte a carcajadas, aunque a él termine detenido por la policía y nunca sepa la razón por la que lo llevaron preso.
¿Nunca encaraste la docencia de actuación?
Yo no soy profesor, nunca podría dar clases. Imilce (Viñas), una vez, en la escuela de teatro que tenía me lo propuso. Yo probé durante una semana y creí que me moría de la angustia que me provocaba. La docencia es un don, para convocar a la gente hay que saber liderar y eso no se aprende en ningún curso.
¿Cómo surge ‘Almacenados’, la obra que presentás este viernes en el Complejo Cultural Politeama?
Surgió porque Juan Luis Granato, el otro actor, encontró en Internet esta obra de David Desola, un autor catalán, que se inspira en sus primeras experiencias cuando salió a buscar trabajo. Granato, al que yo no conocía, me llevó la obra y me dijo que le gustaría hacerla conmigo. Yo la leí, me gustó y así surgió. Trata del encuentro de un joven con un viejo que se jubila en cinco días, tras pasar toda su vida cuidando un depósito, y que le enseña al otro acerca de su trabajo. La gente se ríe y se emociona al ver la obra, y eso está bueno porque la emoción hace circular la sangre y le hace bien al corazón.
¿Qué sensación te genera presentarte en el recientemente reinaugurado Complejo Cultural Politeama?
Yo estoy asombrado por lo que han hecho con este teatro. Actué muchas veces acá y estoy sorprendido por el diseño, la cafetería, los espacios, todo. Además, celebro que hayan puesto al frente a un hombre de teatro (Leonel Dárdano) para dirigir este complejo.
Martín Bentancor

