Sobre ‘La Gesta de Aparicio’, de Carlos Benavides, Carlos María Fossati, Cimarrones y el ‘Pampa’ González

 Un disco para evocar al ‘cabo viejo’

 w06aparicion¿Qué es lo que hace que alguien tenga nostalgia de algo que no vivió? Esa es la pregunta que me surge, reflexionando, acerca de la experiencia de haber compartido este disco, hace casi ya diez años, con un paisano de Tala que, mientras escuchaba la canción ‘De la campaña’, me dijo mientras crujía sus dientes y apretaba su puño: ‘No haber estao yo ahí, para pelear al lado de Aparicio’.

 

Algunos apuntes sobre el álbum

Grabado y editado en 1975, el disco recorre la etapa más importante de la lucha del caudillo blanco (1896–1904). Las letras pertenecen a Washington Benavides, Julián Murguía, Eustaquio Sosa y Osiris Rodríguez Castillo, entre otros. La mayoría de las interpretaciones están a cargo de Carlos Benavides y Carlos María Fossati, mientras que el grupo Cimarrones y Antonio González ‘El Pampa’, aportan el resto.

 

Huella del 96

Esta canción es una versión de la que aparece en el disco ‘Crónica de Hombres Libres’ (1972). Hace referencia al encuentro que tuvo Aparicio Saravia con el Directorio del Partido Nacional en Montevideo, el 8 de octubre de 1896, con el objetivo de buscar apoyo para iniciar un alzamiento armado contra el gobierno colorado de Juan Idiarte Borda. Pese al respeto mutuo, las diferencias a la hora de encarar los reclamos, quedaron plasmadas en la letra y en la interpretación del grupo Cimarrones.

 

“Los que nunca aparecen para pelear

Pero enseguida salen a hacer la paz

Yo sé porque no quieren revoluciones

Los gringos que les pagan a esos doctores”

 

Como un jazmín del país

Esta canción ya había formado parte de ‘Soy del Campo’ de 1974 (Ver ‘EL ESPECIAL DE LOS SÁBADOS’ del pasado 16 de agosto), primer trabajo discográfico de Carlos Benavides. Es una milonga con toques de habanera, que cuenta la dramática elección que tuvieron que hacer un muchacho (blanco) y una moza (colorada), entre el amor y la lealtad política.

 

“Yo me voy con Aparicio,
pero mírame a la cara,
que lo que voy a decirte
se dice una vez y basta.

Sólo una cosa podría
detenerme, una palabra;
di que me quede y me quedo,
jazmín del país, muchacha.”

 

No cabe duda que la comparación que hace el muchacho, de la chica con el jazmín, no es casual, pues no solo es una flor “blanca”, también es, probablemente, la más hermosa de la flora uruguaya por su perfume.

 

De la campaña

A finales del siglo XIX y principios del XX, familias enteras acudían al llamado de las lanzas, pues la vida no valía más que la lealtad a un caudillo como Saravia, que llamaba al más humilde de sus hombres “compañero”. Quién, sino Aparicio podía entender su desdicha, quién sino él para dirigirlos en la defensa de esa patria que la modernización estaba haciendo añicos.

 

“Orgullo familiar la tropa lleva
pan, padre, hermano, nieto, lanza y bola
si hay una carabina en bandolera
y se vuelven las almas una sola”

 

Paso del Parque del Dayman

Según las crónicas de la época, dado lo sorpresivo del ataque de las divisiones del ejército gubernamental, entre las que se encontraba la que dirigía Basilisio Saravia (el hermano “colorado” de Aparicio), los blancos solo pudieron batirse en una retirada caótica. En medio de la desbandada, el genera les reclama a sus combatientes: “¿No tienen vergüenza de disparar así, como si estuviésemos derrotados? Afuera todo el mundo, y que nadie pase mientras no haya pasado el parque”. Este hecho también es descrito en la canción:

 

“Cuando al fin de la jornada
donde brilló su valor
con lágrimas de dolor
dirige la retirada”

 

Presente mi general

Esta canción cuenta la historia del único sobreviviente a una emboscada del ejército, cerca de Santa Clara de Olimar. La letra pinta de cuerpo entero a aquel verdadero centauro; hombre y animal eran una sola alma. En su mente, el gobierno es un enemigo que amenaza su libertad y, por ende, acude sin dudar al llamado de las armas, pues a lomo de su pingo y con lanza en mano, se siente más fuerte que el soldado y su fusil.

 

“El paisano va enchapiado
con estribos de campana
cabezada ‘e plata y oro
y un escudo en el pretal.”

Milonga del sacrificio

Como una fantasma que se niega a reconocer su propia muerte, el protagonista de esta canción vuelve una y otra vez a ese día fatídico del 1 de setiembre de 1904. Mientras los recuerdos carcomen su mente, parece rogarle a la divinidad que le dé una oportunidad de volver, de cambiar la historia, de ser él quien reciba esa bala y no Aparicio.

 

“Por qué no encontró mi pecho
el pajarito de plomo
y fue a voltear al palomo
al horcón de nuestro techo
con el general deshecho”

 

1904

Interpretada por Carlos María Fossati, esta milonga flota entre la nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Recorre tres episodios de la revolución de 1904. La victoria en Paso de Fray Marcos (como se conocía en la época a la localidad de Fray Marcos) dejó el camino libre a los blancos para tomar Montevideo, pero las fuerzas no eran suficientes. Paso del Parque fue una pesadilla hecha realidad, cuando la embestida colorada arrolló al paisanaje. Que decir de Masoller y el final de Aparicio.

El siguiente fragmento alude a la victoria antes comentada:

 

“Vertiginosa alborada,
vertiginosa alborada en Fray Marcos hizo un vuelo
cuando Melitón Muñoz se vino meniando fierro,
cuando Melitón Muñoz se vino meniando fierro,
y se encontró una redota, que hizo temblar el gobierno”

 

Canto al general

Cantada por Carlos Benavides, recoge el pensamiento político de aquellos que seguían a Saravia. La corrupción y la injusticia social, eran moneda corriente y, contra ella, hacían causa común desde el más humilde de los indios hasta intelectuales como Florencio Sánchez o Javier de Viana (estos últimos, más en las letras que en el campo de batalla).

 

“No quiso que a su país
los doctores y malandras
encaramados arriba
a los de abajo robaran.”

 

Muerte del Gral. Aparicio

Hace 110 años atrás, yacía agonizando en una cama el Gral. Aparicio Saravia. Con la ‘Marcha de Tres Árboles’ de fondo, Antonio González el ‘Pampa’, recita poniéndose en la piel de un lancero, logrando transmitir la sensibilidad de aquellos diez días de agonía.

 

“Yo los vi, un poco más tarde.
Lo llevaban entre cuatro,
sobre un zarzo ‘e maniadores y de lanzas,
entre cuatro.
Se llevaban el coraje del ejército,
entre cuatro.”

 

Milonga del Cordobés

Esta canción evoca el instante en que “el águila del cordobés” (como también es conocido Saravia) es herido en Masoller, alimentando el mito de que fue una “bala perdida”, la que a la postre terminaría quitándole la vida. Lo extraño es que la bala era de plomo, típica de un fusil monotiro Daudeteau 6.5 mm, muy distinta a la munición “encamisada” (el plomo posee una cubierta de acero que facilita su velocidad) que usaban las carabinas y mausers de repetición del ejército. A esto habría que sumarle el hecho de que la herida que produce este tipo de bala, generalmente es de entrada y salida, mientras que la bala que recibe Saravia produjo un daño interno severo, producto de las esquirlas del plomo y también de la cercanía desde la cual recibió el disparo. A todo esto, quien escribe se pregunta ¿fue una bala perdida como dice la canción? O ¿fue un balazo certero de algún tirador infiltrado?

 

“Pero un día luctuoso para la historia
primero de septiembre en Masoller
detuvo con su pecho la trayectoria
de una bala perdida y entró en la gloria
la augusta águila blanca del Cordobés.

 

De Poncho Blanco

De acuerdo con Carlos María Fossati, quien interpreta esta versión del clásico de Tabaré Etcheverry, fue este último quien le pidió que la incluyera en el disco, dado que la versión original, incluida en ‘Crónica de Hombres Libres’ (1972), no había podido ver la luz, producto de la censura.

En aquel fatídico día de Masoller, no solo fue herido de muerte el último gran caudillo oriental, también lo fue aquel gaucho del siglo XIX, devenido en paisano a principios del XX, pues en ese mundo que surgía, del remington, de trenes, telégrafos y alambrados, no encontrará nunca su lugar.

“Mi pena la lleva el viento
y rebota en las quebradas
y el eco quiere decirme
que ya no me queda nada.”

Robert Umpiérrez

Especial para HOY CANELONES