Cuando a mediados del año 1997 corrió la noticia de que el cantautor estadounidense Bob Dylan atravesaba una grave afección cardíaca y sus días estaban contados, no fueron pocos los que prepararon extensos obituarios y empezaron a ordenar réquiems por el alma de uno de los artistas más prodigiosos de estos tiempos modernos. Aquel mismo año apareció el disco ‘Time Out of Mind’, uno de los puntos más altos de la carrera del artista, y veintiséis años después, Dylan sigue vivito y coleando. Y, además, reinventándose a cada paso. La reciente salida del disco ‘Shadow Kingdom’ es otra muestra (y van) de ello.
‘Shadow Kingdom’ contiene catorce canciones, pero no son catorce canciones cualquiera. Los temas formaron parte del recital que el artista realizó en julio del año 2021, en plena pandemia de coronavirus, en Santa Mónica, Los Ángeles. No se trata de un repertorio atado a los últimos discos de Dylan ni mucho menos, sino que está compuesto por una suerte de recreación de auténticas gemas de sus discos más luminosos de las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo, que mantienen su total vigencia. Allí están, por ejemplo, ‘When I Paint My Masterpiece’, ‘I’ll Be Your Baby Tonight’, ‘It’s All Over Now, Baby Blue’, ‘Queen Jane Approximately’ y ‘The Wicked Messenger’.
La permanente reinvención de Bob Dylan hace que las nuevas versiones de aquellas viejas canciones no solo suene frescas y cercanas –a diferencia de lo que ocurriera en muchos de sus últimos discos, acá se entiende claramente lo que Dylan dice al cantar–, sino que parecen adaptadas a un formato intimista, despojado, sin demasiada parafernalia, lo que en estos tiempos de megaproducción y tecnología desaforada, es toda una declaración de principios en sí misma.
En compañía de algunos de sus colaboradores habituales de los últimos años (Jeff Taylor en acordeón, T-Bone Burnett en guitarra, John Avila en bajo eléctrico y Greg Leisz en múltiples cuerdas, entre otros) Dylan recrea estas gemas tempranas sin sofisticados golpes de efectos (bajando mucho la vara y sin irnos muy lejos de la región, basta escuchar lo que recientemente hizo Fito Páez con su disco ‘El amor después del amor’ para entender por dónde van los tiros).
Los puntos más altos de este ‘Shadow Kingdom’ los conforman las versiones de ‘Tombstone Blues’ y ‘Just Like Tom Thumb’s Blues’, los mojones más destacados del disco ‘Highway 61 Revisited’, lo que ya es mucho decir. La nueva reinvención de este artista superior viene a confirmarnos algo que ya sabíamos, pero que siempre es bueno subrayar: hay Dylan para rato.
E.B.

