Ya no constituye ninguna novedad afirmar que en estas épocas de hipervirtualidad, las redes sociales marcan la cancha de los grandes movimientos políticos y sociales. La red social TikTok se encuentra en el centro de una pugna tecnológica, comercial y geopolítica que enfrenta nada menos que a Estados Unidos y China, consideradas como las dos mayores potencias del planeta. A finales del año pasado, Estados Unidos prohibió el uso de TikTok en dispositivos federales, por considerarlo una amenaza al ser usado como arma de espionaje del Gobierno de China, medida que también adoptaron los gobiernos de Canadá y de Reino Unido.
La BBC dio a conocer ayer una entrevista con Bruce Schneier, un criptógrafo, experto en seguridad informática, que dicta clases sobre tecnología y seguridad en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, entre otras reputadas instituciones académicas. En la mencionada entrevista, al ser consultado sobre el veto del Gobierno de Estados Unidos a TikTok, Schneier señala que “hemos construido un Internet basado en la vigilancia donde es muy difícil buscar y elegir quién puede espiarte. Estados Unidos no tiene la infraestructura que tiene China que le permite vetar cosas, ni siquiera una como la de India. Mi punto principal es que sería algo inefectivo de hacer. Es estúpido porque no funcionaría. Hay un par de formas posibles en que podría darse un veto. Estados Unidos ya prohibió TikTok en los teléfonos del Gobierno. Eso es muy fácil de hacer. También podrías vetar a las compañías para que dejen de hacer negocios con ByteDance (la empresa matriz de TikTok) de la misma forma que se han vetado compañías que hagan negocios con organizaciones terroristas. Esto último sería difícil de llevar a cabo, pero quizás podría funcionar. La tercera opción es el veto total: prohibir que ciudadanos estadounidenses usen TikTok, lo cual ni siquiera puedo imaginar cómo funcionaría”.
Esa tercera posibilidad planteada por el especialista, lleva a la realidad a una suerte de dictadura del consumo, un espacio que se plantea como muy difícil de enfrentar en el territorio de la virtualidad. Schneier señala que “la extensión del espionaje y manipulación que TikTok realiza es la misma que Facebook. Realmente no hay diferencias. Es difícil saber cuánto de este debate es real y cuánto está basado en proteccionismo. Es realmente complicado decidir qué hacer”. El investigador subraya que “no hay diferencias entre lo que recoge TikTok y Facebook o Instagram en absoluto. Es lo mismo. Ese es el problema. Hemos construido un Internet donde espiar es la norma. Luego nos quejamos sobre quién nos espía. Es que no tiene sentido. Pero repito: estas compañías hacen lo mismo. No es diferente”. Planteado así, el panorama a futuro no suena especialmente alentador. Solo quedaría una opción: no participar en las redes sociales, pero… ¿quién está dispuesto a hacerlo?
E.B.

