Canarios por el mundo: Rosita Clastornik

Desde hace treinta y tres años, Rosita Clastornik Taube está radicada en Israel. Aunque nació en Montevideo, su familia y sus afectos se encuentran en la ciudad de Canelones, lugar que dejó con 22 años para iniciar un periplo que la llevó a vivir en diversos lugares y a encontrar realidades muy variadas. En Israel, Rosita estudió Arquitectura, convirtiéndose en urbanista, actividad que hoy en día ejerce.

Ocasionalmente, Rosita visita Canelones, y fue durante su actual estadía que CANARIOS POR EL MUNDO la abordó para conocer sobre sus actividades en Israel, su vínculo con Uruguay y con nuestra ciudad y su percepción de la convulsionada actualidad israelí, entre otros temas.

 

 1Varias ciudades

Cuando me fui a Israel, mi primer destino fue la ciudad de Beersheva. Allí me enseñaron hebreo y también reforcé el idioma inglés. En Beersheva estuve seis meses y de ahí me fui a Haifa, donde viví en los alojamientos del Technion (Facultad). Allí hice toda mi carrera y mientras estudiaba me casé y con mi esposo nos fuimos a vivir a un apartamento, también en Haifa. Luego de tres mudanzas en Haifa me fui de intercambio a Barcelona y Lisboa. Volví a Haifa y, a los pocos meses, me fui a vivir a Jerusalén. Allí viví cinco años. Después nos volvimos por un año a Haifa y estando allí viajamos, por el trabajo de mi esposo, a Fremont (Estados Unidos). Luego volvimos a Israel para vivir en Nesher.

Trabajos

En todos los trabajos que he tenido, siempre se me otorgó mucha responsabilidad. En Israel siempre trabajé con vinculación a la arquitectura, aunque en una época llegué a limpiar casas y a cuidar un nene, durante la Facultad. Trabajábamos en verano para juntar dinero para subsistir el resto del año.

Alrededor de ocho años atrás, abrí mi propio estudio y trabajo en urbanismo, especialmente en algo que me gusta mucho: el urbanismo para diferentes pueblitos rusos, cherkeses, etc. Eso me permite conocer diversas realidades, diferentes culturas. Mi último trabajo, el que estoy desarrollando ahora, es un plano general para una ciudad cherkese.

Regresos

Al principio viajaba a Uruguay una vez por año y después pasaron diez años antes de poder regresar, ya que estaba casada, mis hijos eran pequeños y los pasajes estaban carísimos. Así que volvimos después de diez años, luego lo hicimos tras siete años y últimamente vengo cada dos años. Esta vez voy a estar casi un mes en Uruguay.

Comunicación

Cuando recién llegué a Israel me comunicaba con mis amistades en Uruguay por carta. A veces demoraba más de un mes en llegar la respuesta. Hoy nos comunicamos por Internet, por las redes sociales.

Platos típicos

Allá hay un plato delicioso que preparan, que creo que también es griego, llamado musaka. Es como una lasaña pero hecha con berenjenas. También está el faláfel, que es riquísimo. Yo cocino pero, por lo general, quien cocina más y mejor es mi marido. Yo limpio.

Rutina diaria

Me levanto muy temprano ya que tengo problemas terribles de sueño, además de que soy reconocidamente hiper (risas). Ordeno la casa y dejo todo perfecto (que, por supuesto, no es lo que encuentro cuando regreso). Vivo en una casa muy grande, que siempre está recibiendo gente.

Llego a mi trabajo, miro la agenda y comienzo a decirle a todos lo qué tiene que hacer cada uno. Yo hago toda la parte de trámites en el estudio, así que me encargo de presentar planos en una Intendencia, encuentros y entrevistas, etc. Mi jornada laboral termina sobre las 16 o las 17 hrs. Vuelvo a casa, después de ocho o nueve horas, y cuando llego me salen los perros. Me encantan los animales, así que siempre tengo un zoológico en casa. Si no tengo algún curso u otra actividad, preparo la cena y me acuesto sobre las 23.

La gente

Allá la gente es más brusca, menos delicadita que acá. Eso, que al principio te choca un poco, te revela que son más sinceros. Por ejemplo acá, en Uruguay, invitás a alguien a que te visite y cuando le preguntás ‘¿Te espero mañana a las 5?’, te dicen  ‘Bueno, vemos…’. Allá no es así: si no quiere visitarte, directamente te dice que no. Al principio eso te choca; después te adaptás.

El idioma

Yo llegué a Israel hablando solo español. Antes de irme, recuerdo que le pedí a una amiga si me podía enseñar algunas letras en hebreo, para no llegar sin ningún conocimiento. Cuando fui a la Facultad el primer día, me hicieron un examen para ver en qué categoría ponerme en cuanto al idioma. Les pedí que me pusieran en el nivel más bajo porque yo no sabía nada. Cuando me dieron un cuaderno y lo abrí al revés, se dieron cuenta de que no sabía nada (risas). Fue así que hice el curso básico de hebreo y también un curso de inglés técnico.

En casa se habla hebreo, aunque mi esposo es brasileño, por lo que también hablamos en portugués y en español. Cuando recién nos casamos, el portuñol era el lenguaje oficial entre nosotros (risas).

Las alarmas y el refugio

El día antes de viajar para Uruguay cayó un misil en Haifa. Yo no lo escuché, aunque en general tenés alarmas que te advierten y te obligan a quedarte en tu casa. Allá, cada casa debe tener un refugio, que es un cuarto céntrico, más protegido, revestido por hormigón armado, y en el que te tenés que encerrar ante la amenaza de que caiga un misil. Cuando se detecta una amenaza, suena la alarma y te vas al bunker.

Antes de viajar a Uruguay, dejé preparado el cuarto del refugio. Dejé comida, agua y hasta revistas por si los que quedaron tienen que estar varias horas allí, cuando se detecte una amenaza.