Sobre las grandes tragedias de pequeñas personas
En ‘Matufia’, su reciente novela publicada por Estuario Editora, el prolífico escritor y guionista de historietas, le hinca el diente al universo del fútbol a través de una trama policial cargada de intriga y de variados personajes. HOY CANELONES dialogó con el autor para conocer más sobre la creación de su nueva novela, su condición de ‘escritor de policiales’ y sus proyectos, entre otros temas.
¿Cómo surgió ‘Matufia’?
En 2012 me llamó Federico Veiroj, director de las películas ‘Acné’ y ‘La vida útil’, que andaba planeando una nueva película y quería que se tratara de un policial. Había leído mi novela ‘Sobres Papel Manila’ y quería que yo escribiera el guion, a pesar de mi cero experiencia como guionista de cine. Su idea era armar algo a partir del atentado que había sufrido el periodista Ricardo Gabito Acevedo en 2003. Con esa idea en mente, entrevisté a Gabito y me puse a trabajar en un tratamiento para la posible película. Posteriormente, a Veiroj le surgieron otros trabajos y el proyecto quedó en espera. Como me había compenetrado mucho con la historia y la ficción que había creado, les pedí autorización a Gabito y al propio Veiroj de transformarla en novela y ambos se mostraron de acuerdo. Así fue cómo surgió «Matufia».
¿Además del tema de este libro en particular, qué peso tienen los sucesos policiales, la crónica roja de los medios, digamos, en la confección de sus tramas?
Relativo, digamos. Ya para ‘Cementerio Norte’, una novela anterior, el punto de partida había sido una denuncia sobre el robo de bronce en los cementerios que había escuchado en radio. En este caso, el de «Matufia», creo que es dónde la investigación periodística tuvo mayor peso sobre la ficción. De hecho, un juego muy practicado que me han comentado algunos lectores de la novela es el de ir contrastando lo que yo cuento con lo que pasó en realidad. No creo que eso se pueda hacer con ninguno de mis otros trabajos, al menos en literatura.
En ‘Matufia’ se ‘toca’ a ciertos actores de peso en el entramado del fútbol uruguayo que no quedan necesariamente bien parados. ¿No le teme a alguna represalia?
No, la verdad que no. Sería sobredimensionar el alcance que tiene un libro de ficción, al menos en Uruguay.
Varios de los protagonistas de sus libros están, por decirlo de algún modo, del otro lado de la Ley; además de ser perdedores… ¿cuál es el encanto de escribir sobre esos personajes?
Son mis personajes preferidos desde siempre. Supongo que es un gusto adquirido a partir de la lectura de novelas negras o del cine policial. Las grandes tragedias de pequeñas personas, lo definió una vez mi amigo Gabriel Ciccariello. Contar ese momento determinante en personajes que no van jamás a pasar a la historia o ser relevante es, en cierta medida, el combinar conscientemente el costumbrismo con el género policial.
¿Gabito Acevedo leyó el libro?
Sí
Leyendo ‘Matufia’ me da la sensación que dentro de sus obras policiales, esta es la que más se aparta de los preceptos más rígidos del género. La pienso en contraposición a ‘Sobres papel manila’, por ejemplo. ¿Hay algo de eso?
Puede ser. Yo la siento como un paso más en la dirección que ya había tomado con ‘Cementerio Norte’, la construcción de un estilo de policial que no cumple tanto con las normas del género, un policial hermanado con la realidad vernácula. Es, además, me parece, una historia de personajes. Me concentré mucho en eso, en generar dos personajes fuertes- Serrato y El Marlon- y contar la historia a partir de ellos.
Me parece que estamos ante su obra más extensa… ¿Cuánto tiempo le llevó escribir el libro?
Sí, es mi trabajo más extenso. Si contamos como punto de partida la entrevista, que fue sobre inicios de 2012, el libro lo terminé de corregir en enero de 2013, así que alrededor de un año.
¿Encasilla que lo consideren un escritor de policiales?
Por el contrario, yo defiendo mucho esa condición. Me siento orgulloso de ser un escritor de género y de género policial. No quita que pueda escribir cualquier otra cosa, pero me siento muy cómodo como parte de ese género.
Desde su experiencia de autor con varios libros en su haber y de editor además, ¿cree que se leen policiales en Uruguay?
Estoy convencido de que sí. La experiencia de la colección Cosecha Roja, de la que ‘Matufia’ es la entrega 14, es una buena prueba de ello. Amén de esto, la repercusión en la Feria del Libro del año pasado, con la visita de los autores nórdicos y las mesas sobre policial tuvieron muy buena respuesta. Creo que en Uruguay se da como en el resto del mundo una lectura atenta al género. Sí me parece que hoy día se goza de muy buena salud en cuanto a creación continuada nacional, con el trabajo de Pedro Peña, de Renzo Rossello, cuando antes era algo más ocasional.
¿Qué anda escribiendo?
Una novela de aventuras. Y mucha historieta, como siempre.
M.A.B.
El plot
Inspirada libremente en el atentado que sufriera el periodista deportivo Ricardo Gabito en el 2003, la novela ‘Matufia’, ganadora del Primer Premio de Narrativa MEC (2013), indaga una vez más la relación entre fútbol, dinero y corrupción.
El iracundo periodista deportivo Néstor Serrato es herido de bala. Ante la inoperancia policial, Serrato decide emprender la investigación por su cuenta. Pero la lista de enemigos que se la tienen jurada es larga: El Chiqui Rivarola, un jugador que vio truncado su pase a Italia por deschaves del periodista; los hermanos Chivalli, oscuros contratistas de divisiones juveniles; Emerson Fernández, dirigente de la AUF…, cualquiera de ellos pudo contratar a alguien para matarlo. Llegar a identificar a los responsables es factible, pero lograr que se haga justicia cuando hay muchos intereses mezclados, es otra cosa…
Un fragmento
“El partido se le había antojado complicado a Mendotti desde el principio. No iban ni cinco minutos cuando Carreras, ese flaquito con cara de ángel que jugaba de 2 en la zaga de Danubio, había talado al borde del área a Filossi, el 9 de River y ya los pendejos habían arrancado a los empujones. Viéndolo ahora, en la retrospectiva que le daban los casi primeros cuarenta y cinco minutos cumplidos, Mendotti entendía que haber amonestado en ese momento hubiera cortado por lo sano todo lo que vino después. En cambio, había separado, se había llevado aparte a Carreras y a Filossi y les había recitado el discurso que largaba siempre en los partidos de sexta cuando pretendía hacerles entender cómo jugar a los gurises que se pasaban de rosca. El resultado no podía haber sido más opuesto. A la patada de Carreras la continuó flor de codazo del 5 de River, un energúmeno llamado Garmendia que Mendotti no entendía como con quince años podía tener semejante físico, allá por el minuto once o doce en la mitad de la cancha. Y ahí, había emparejado…”


