“El cambio es una actitud necesaria del creador”
Este viernes 11 de julio, a partir de las 18 hrs., el escritor Guillermo Degiovanangelo presenta su último libro en la ciudad de Canelones. La actividad tendrá lugar en la Biblioteca Gabriela Mistral (Artigas 334) y se inscribe en la celebración de los ochenta años de la fundación de la institución. En la oportunidad, Degiovanangelo estará acompañado por el profesor Mathías Iguiniz, quien se encargará de presentar la obra ante el público presente. HOY CANELONES dialogó con el prolífico autor canario para conocer más sobre el libro que el viernes se presenta, su forma de trabajo en la escritura y sus actuales proyectos.
¿Cómo se inscribe el libro que presenta este viernes dentro de su obra?
Con tantas cosas por querer contar, un libro de doscientas y pico de páginas me quedó chico y por eso sale este ‘Libro Segundo de las Estampas…’. Cuando concluí el anterior, el mismo día que regresaba de haber dejado el material en la imprenta para su publicación, comencé con nuevos cuentos, como si me hubiera quedado mucho por decir. Esta clase de relatos o cuentos, que muchas veces no obedecen al esquema clásico de un ‘cuento’, me ha resultado muy amena de escribir y he comprobado que también ha resultado amena para los lectores. No quiere esto decir que al resultar entretenido no tenga calidad literaria; es más yo creo que justamente por tratar de ser o aparentar ‘livianito’ es cuando más se trabaja en lo literario. Muchas veces un escritor por querer decir algo fuerte, de manera directa, cae en lo que se llama ‘prosaísmo’, y esto es lo que he tratado de que no acontezca: digo los disparates más grandes, demuestro las contradicciones más absurdas o grotescas, cuidando al máximo la calidad literaria. Esta es la gran diferencia, por ejemplo, entre lo folletinesco y lo literario. Cada cuento tiene varias formas de interpretar y siempre posee un caudal de hechos verídicos que no todos lograrán entender, lo cual no importa demasiado para lo que busca una obra de estas características.
¿Qué relación hay entre el ‘Libro Segundo…’ y su predecesor, ‘Estampas de un pueblo cualquiera’?
Continúa la línea pero con un poco más de profundidad. Desde la tapa, que tiene una ilustración naïf similar, pero sobre un color rojo que indica más pasión, hasta los títulos de los cuentos que son más arriesgados: van desde lo cursi hasta lo sensacionalista como una forma de burla a determinado canon de lenguaje. ¿Y las historias? ¿Qué puedo contarte de las historias? Parecen abigarrados cuadros del Bosco: hay de todo.
¿Puede hablarse de un cambio en su búsqueda como escritor con sus dos últimos libros?
Para quien ha publicado cuentos, novelas, poesías, teatro el cambio es una actitud necesaria del creador, pero en realidad esta clase de relatos es lo primero que quise hacer. Leí los ‘Cuentos Filosóficos’ de Voltaire cuando tenía diecinueve años. Esa obra me impactó, y desde esa lejana época me rondaban estas cosas, pero era consciente de que no era sencillo escribir de esa manera. Esa soltura al narrar lo más simple o lo más complejo requiere mucho cuidado.
¿Qué encontró en esa lectura de Voltaire?
Los cuentos de Voltaire me fascinaron aunque no tenía idea de a qué se refería la mayoría de las veces cuando, como al pasar, dejaba caer punzantes críticas. Imagínense: estaba en plena era absolutista; no era fácil comprenderlo en aquellos momentos, y a un gurí de diecinueve años no le importaba demasiado a qué se refería; no era necesario para disfrutar la lectura. E intentar luego descubrir y sentir como mío el placer que debería haber gozado el escritor cuando creaba esos cuentos, esos personajes, se convirtió en una obsesión. Hoy puedo decir que los relatos de los dos libros de ‘Estampas…’ me han hecho disfrutar como nunca una creación. Volví a releer Voltaire en estos días. Sigo considerándolo el escritor más moderno, más innovador que he leído.
¿Qué reacciones le han llegado por parte de los lectores?
Para mí fue sorprendente cómo la gente ha recibido estos dos últimos libros. Esperaba alguna crítica dura por parte de algunos y sin embargo me alentaban a continuar este camino. También veteranos muy lectores llegaron a decirme que ‘Estampas…’ era lo mejor que habían leído. Estudiantes y profesores de Licenciatura en Literatura se comunicaron conmigo para hacerme muchas preguntas, y lo que destacaban era la calidad de ese ‘narrador’ despreocupado que puede decir todo y quedar siempre bien. Hubo gente que no estaba de acuerdo en cómo condenaba determinadas cosas, pero reconocía que había mucha verdad en ello, y que el libro no se podía dejar de leer.
Usted ha escrito y publicado casi todos sus libros en Canelones por lo que técnicamente es usted un escritor canario. ¿Hay una escena literaria canaria? ¿Cómo se ubica frente a ella?
Soy canario porque nací y vivo en Canelones. De mis trece libros, ocho fueron publicados aquí por Ediciones del Pescador. Conozco varios escritores de Canelones (ciudad), alrededores y resto del departamento. De todos tengo bastante que admirar, más allá del tesón con el que continúan creando; si te refieres a círculos canarios de literatura o algo así, no tengo conocimiento de ello. Es más, si los hay, yo me mantendré lejos. Nunca me gustaron los corrillos literarios, llámeseles ‘Generaciones’, etc. La Generación del 45 ninguneó y le hizo la vida imposible al mejor escritor uruguayo: Felisberto Hernández, y todavía hoy cuesta que se lo reconozca ya que la ‘cultura dominante’ continúa haciendo flamear la bandera de los ‘ettis’ y sus aduladores. A veces pienso que esos agrupamientos son como los sublemas de las listas en períodos de elecciones (ya que andamos en entretiempos electorales): son para ‘arruinar’ a los otros.
¿En qué está trabajando en estos momentos?
Nunca me había sucedido que al publicar un libro no estuviera ya emborronando papeles para el siguiente. Tengo dos ideas muy ambiciosas que me da miedo encarar, pues la dinámica actual mía no encaja para tamaña obra. Por otro lado, le estampé al ‘Libro Segundo…’ en la página final: ‘FINIS OPERIS’, como se acostumbraba poner al final del último tomo en aquellas novelas de principios de siglo XX que constaban algunas de ellas de diez volúmenes. Esto significa que ya no vendrá un ‘Tercer Libro de las Estampas…’.

