Con la actriz y docente Marcela Acosta

Marcela Acosta y una delegación de sus alumnos visitando el Centro Argentino de Teatro Ciego.

Dedicación al escenario

Marcela Acosta y una delegación de sus alumnos visitando el Centro Argentino de Teatro Ciego.
Marcela Acosta y una delegación de sus alumnos visitando el Centro Argentino de Teatro Ciego.

Desde hace algunos años, la prolífica actriz canaria Marcela Acosta viene desarrollando su pasión por el teatro en los escenarios y en las aulas. Montando una obra infantil o dialogando con sus alumnos sobre dramaturgia y arte escénico, Marcela evidencia auténtica pasión por el teatro. HOY CANELONES dialogó con esta actriz y docente para conocer más sobre su formación, sus trabajos sobre el escenario y sus proyectos.

¿Cómo te vinculaste al mundo del teatro?

Desde niña me gusta la actuación. Siempre en los actos escolares recitaba e improvisaba pequeñas obras. Un día, a mi pequeña Villa Ituzaingó, llegó un circo que dentro de su espectáculo tenía una obra de teatro. Presentaron ‘Dionisio Díaz’. Fue tanta la impresión que me causó que aún recuerdo escenas de ella. Pero quedó allí mi vinculación con este arte, pues era imposible llegar a algún lugar que pudiera estudiar teatro. Seguí estudiando, terminé Secundaria y comencé la Universidad. Me casé y me vine a vivir a Los Cerrillos. En el año 1997 me entero que comenzaba un curso de teatro en la casa de la Cultura. Ese curso duró tres años.

¿Cómo fue tu formación?

Comencé el curso en la Casa de la Cultura, que era avalado por el Ministerio de Educación y Cultura. Luego tuve la oportunidad de comenzar a dictar talleres y fue entonces que seguí perfeccionando en talleres y cursos complementarios lo que es Arte Escénico. Entre ellos, hice un taller de Didáctica de la Expresión Corporal y Teatro en C.E.P-C.E.S-C.F.E., dictado por Inés Nicolazzo, docente de la EMAD. También realicé un Taller de Dramaturgia con Carlos Liscano, Diana Veneziano, Claudia Pérez y Jimena Márquez y un curso de Teatro Nacional Contemporáneo en el aula, del MEC. También realicé un taller para educadores de jóvenes y niños impartido por Nicolás Carter, educador de la Universidad de Minneapolis.

¿Cómo llegaste a la docencia?

En el año 1999, casi al final del curso, se me planteó la posibilidad de dictar algunos talleres en la Escuela N° 123 de Los Cerrillos. Diego Artuccio, docente del curso, realizó un informe avalando mis conocimientos para poder encarar un trabajo de docencia en talleres. Desde ese año siempre estoy ligada a la docencia en las escuelas. Para este trabajo he realizado muchos talleres de Pedagogía. En el año 2006 trabajé de forma honoraria en la Casa de la Cultura de Los Cerrillos con niños en edad escolar. En este mismo año concursé en la Intendencia de Canelones en un llamado abierto que se realizó para docentes de diferentes áreas y en el año 2008 me llaman a tomar horas en Montes y Migues. Desde ese año estoy ligada a esta institución.

¿Dónde la ejercés la docencia? ¿Para qué alumnos?

En los programas de Verano Educativo, trabajo desde hace cinco años para ANEP. También el año pasado participé del Proyecto Aprender en una escuela de Las Piedras. En la actualidad trabajo para el Área Educación No Formal de la Dirección General de Cultura de la Comuna Canaria. Si bien he recibido propuestas de varias escuelas, por razones de tiempo no he podido aceptar así como también de liceos para cubrir vacantes de docente de Teatro para Bachillerato Artístico. Son muchos los lugares del departamento de Canelones en los cuales trabajo.

¿Qué es eso de “educación no formal”?
Significa educación a lo largo de toda la vida; es por eso que los beneficiarios de estos cursos pueden tener de 6 años a 100.

¿Qué obras has puesto en escena?

En estos años de actividad son muchas las obras en las que he trabajado. Muchas son de autores nacionales y tan variados como como Franklin Rodríguez (‘Debajo de las polleras’) y Florencio Sánchez (‘El canillita’, Mi hijo el doctor’ y ‘Los curdas’), así como ‘La isla desierta’ de Roberto Alrt, ‘Gris de Ausencia’ de Roberto Cossa, ‘Secretos’ de Raquel Diana y obras infantiles como ‘La Cenicienta’ y ‘Pinocho’, entre otras.

¿Cuál te significó un mayor trabajo o desafío?

Si bien todas han dado mucho trabajo, la que significó mayor desafío fue ‘Cenicienta’ ya que esta fue presentada con la utilización de lengua de señas. Para esto debimos aprender señas para Uruguay y para Argentina ya que tuvimos por dos años consecutivos la oportunidad de participar en intercambio cultural con la ciudad de Pergamino (provincia de Buenos Aires), en la Escuela de Bellas Artes.

¿Cómo incorporaron el lenguaje de señas a la obra?

El desafío fue aprender las señas y luego adaptarlas al texto además de incorporar lenguaje oral, ya que esta obra tenía la intención de que pudiera ser disfrutada por todos los niños, buscando la democratización de la cultura en esta oportunidad a través de teatro. Por otro lado, visitamos una escuela en Montevideo que trabaja con niños sordos. Allí fue muy importante el aporte de la directora y la convivencia con los niños. Buscamos apoyo también de otros especialistas para saber qué música usar y en qué tonos, la ubicación de los personajes, qué colores usar para la identificación de los personajes, etc.
Si bien fue un duro trabajo, la recompensa valió la pena. Fue inolvidable ver la cara de felicidad de los niños y el agradecimiento de los padres. Hubo un antes y un después de esa presentación. También presentamos ‘Pinocho’ en esta modalidad, pero ya al tener experiencia el camino fue más fácil.

¿Cuál es tu vinculación como actriz con el llamado “teatro ciego”?

El origen del teatro ciego está en Buenos Aires. Es allí donde está instalado el Instituto de Teatro Ciego, en el Barrio de Abasto. Es un lugar adaptado especialmente para este tipo de presentaciones. Todo el mundo piensa que es teatro para ciegos pero en realidad está hecho para los que vemos, pues allí podemos sentir emociones y sensaciones que tienen que ver con los demás sentidos y con la percepción.
El secreto está en disfrutar de una obra de teatro en la más absoluta oscuridad y donde los efectos en vivo son extraordinarios. En este instituto algunos actores son ciegos y otros no. Recomiendo que si hacen un viaje por Buenos Aires no dejen de pasar por este lugar y disfruten de una de las obras (hay varias en cartel incluso para niños). No serán los mismos cuando salgan. A los 5 minutos de estar allí, parece que por arte de magia el sentido de la vista desaparece y los demás se agudizan de tal forma que nos olvidamos que no podemos ver. En realidad se ve con el alma.

¿Estás preparando una obra en este formato?

Sí. En este momento estamos preparando ‘La isla desierta’ para adaptarla a esta modalidad. Lo que nos dificulta el trabajo es adaptar un espacio físico a la absoluta oscuridad, pero en eso estamos. Montamos una especie de laboratorio para poder descubrir cómo crear los diferentes efectos sonoros y sensoriales para despertar la percepción en los espectadores. Allí, todos los sentidos menos la vista deben sentir y participar activamente de la obra. La idea es poder crear un instituto de teatro ciego en Montes para que a quienes les interese puedan disfrutar de obras en la absoluta oscuridad. Pero esto es para el futuro; en lo más inmediato intentaremos presentar la obra en un espacio que adaptaremos lo mejor posible.

Para terminar, ¿alguna anécdota de tu trabajo en las tablas?

Las anécdotas que tengo son de cuando estaba estudiando. En la presentación de ‘Los microbios’, obra para niños en la que se hablaba de la importancia de lavarse las manos y de no comer dulces y caramelos, invitamos a niños de la escuela y, al finalizar la obra, les queríamos regalar caramelos como agradecimiento y no querían agarrarlos porque les había llegado muy bien la obra. Otra anécdota que me causa mucha gracia fue cuando estábamos presentando ‘El Herrero y la Muerte’ y me tocó de hacer la Muerte, subida a un árbol. Había mucho calor y tenía puesta una máscara de goma. Comencé a sentirme mal pero llegué al final de la obra. Cuando terminé de saludar me desmayé. Mis compañeros pensaron que estaba actuando y no me daban corte, hasta que al final se dieron cuenta y terminé en Emergencias.

Martín Bentancor