Entre otras actividades, Luis Hardoy es el responsable del blog EL GAUCHOGUACHO, un impresionante archivo vivo de letras de los más variados creadores de la canción nativa y folklórica de Uruguay y Argentina. El blog de Hardoy se ha convertido en referencia ineludible de todos aquellos que buscan alguna “letra” perdida de un poeta o payador y es consultado, con asiduidad y por igual, por chacareros con banda ancha e investigadores académicos. HOY CANELONES dialogó con Luis sobre su trabajo en el blog y su visión de la música popular, entre otros temas.
¿Cuándo y cómo surge ELGAUCHOGUACHO?
El nombre se lo debo a un padrino mío que era un cura franciscano. Viéndome muy vago a los 17 años, me regaló un libro con esta dedicatoria: «Ahijadito, ahijadito qué grande sos pero estás loco… Sos el Kempes del descanso. Tu padrino: gaucho y guacho». Era un libro de filosofía y religión. Ese juego de palabras que daban un puntapié directo al traste de mi pereza siempre me quedó dando vueltas. Y hoy son como un homenaje a ese padre, amigo y hermano que fue fray Mario Porretto O.F.M., aunque después las encontrara en el libro Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes y ahí tomaron otra significación y alcance más profundo para mí. Ese es el origen del nombre. En el año 2003 yo trabajaba como profesor en un colegio de la provincia de Entre Ríos y le escucho decir a un colega Computación: ‘¡En Internet está todo!’. Así que entusiasmado por semejante afirmación enciclopedista, salí a buscar versos gauchescos que atesoré desde niño en la memoria por escuchar en guitarreadas y fogones con la ilusión de encontrarme con material inédito y con temas viejos que había escuchado alguna vez maravillado, sin tiempo de copiar la letra. En esa búsqueda encontré que más bien había poco y nada de poesía gauchesca. Y que salvo los clásicos (Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Antonio Lussich, Estanislao del Campo, José Hernández, Rafael Obligado) había muy poco de un montón de autores populares que habían publicado libros y discos. Entonces gracias a una amiga bloggera, Marisa Negri, me animé a usar las herramientas básicas para comenzar a diseñar el sitio que yo llamo «pampa virtual».

Y así comenzaste a subir letras…
Tenía tres inquietudes: poder colgar la mayor cantidad de letras posibles para que estuvieran a disposición de la gente y así hacerlas salir de los libros; aprovechar los recursos de la red y agregar a cada verso una pintura, una foto, un video o la música de ser posible; y clasificar el material por temas y autores para que así sea más fácil su búsqueda. En el 2007 hice la primera prueba. Pasó como un año y medio hasta que pude acordarme de la contraseña que había puesto para volver a entrar. Desde hace cuatro años que voy subiendo letras. Según mis cálculos y si el Tata Dios me concede vida y aliento, espero llegar al verso número 10.000 (acabamos de pasar los 2.800 títulos) siempre y cuando aguante el espacio de memoria que está permitido llenar. Y cuando digo «acabamos» el plural implica a gente macanuda que me acercó letras y, especialmente, a don Carlos Raúl Risso, poeta, malambeador y vasto conocedor de nuestras costumbres gauchas pero especialmente un gran entendedor y conocedor de la poesía gauchesca, quien con mucha humildad y sencillez me acompaña, corrige, añade, comenta y no deja que meta la pata si le erro fiero.
¿Recordás cuál fue la primera obra que publicaste en el blog?
Además de recordarla solo basta mirar la primera publicación. Es lo que se dice una de esas ocurrencias graciosas que le escuché a un peón de campo en medio de un asado-fogón con mucha gente recitadora y muchedumbre de espectadores. El hombre, después de dos horas de guitarreada y versos, con unos tragos de más y tomando coraje se paró con dificultad y dijo con mucha seriedad y pausadamente: «Huija!…, rendija… la mama y la…. hija». Primero vino el silencio, después una catarata de carcajadas durante un rato largo. ¡Fue inolvidable!
Después de semejante «presentación» la primera obra que publiqué bien adrede fue Quisiera tener un monte, de don Atahualpa Yupanqui, que tiene un aire de nostalgia y de mensaje urgente y actual para mí que soy socio de «Aves Argentinas» y hombre religioso. Las palabras son más que elocuentes: monte, pájaros, canto, silencio, guitarra, nido, sombra, soledad: sentir lo sagrado. Y aquí debo decir que en este verso de don Ata está una de las cosas que me motiva: «sentir lo sagrado». El hombre que siente el paisaje, el amor, la amistad, el caballo, el perro, reflexiona sobre la virtud y la vida, y se queda en silencio escuchando una guitarra es para mí sagrado.
¿Cómo es el proceso de búsqueda de los textos? ¿Hay alguno que te resultó especialmente difícil encontrar?
Ante todo busco en los libros que tengo, acumulo y estibo desde los 15 años sobre temática gauchesca. Voy transcribiendo con dos criterios: lo que me gusta o tengo ganas y tratando que haya variedad de temas, autores y regiones. Sobre búsquedas difíciles tengo varias con casualidades y «serendipias» (hallazgo afortunado de manera casual) pero hay una que es muy significativa para mí. Cuando tenía 26 años me regalan una fotocopia de un verso muy lindo que narra en forma gauchesca el episodio bíblico de «El Diluvio». Grabé el tema a pedido, y lo regalé sin dejar registro de esa grabación. Cuestión que anduve con esa letra que me parecía muy campera por la forma de describir a don Noé y la susodicha catástrofe bíblica. Presté la letra a un idiota, porque otra cosa no puede ser un tipo que te asegura que te devuelve todo y se va al poco tiempo a vivir al sur a 2000 km de distancia llevándose esa letra. Lo busqué y lo acorralé llamándolo por teléfono y, al final, de tanto que lo jorobé me pasó una letra cualquiera, diciéndome que otra cosa no tenía. Pasaron 25 años y siempre le preguntaba a cuanto gaucho, tradicionalista y bibliotecario encontraba si alguien conocía esa letra. Busqué y recontra busqué. Un día me llego al Museo «Las Lilas» del pago de San Antonio de Areco, a ver una exposición de ponchos y del pintor costumbrista Florencio Molina Campos. Me presento al director, Armando Deferrari, hombre cultor de las artes gauchescas. Le comento sobre un proyecto para escuelas llevando el «Martín Fierro» acompañado por docentes, payadores, músicos, titiriteros y bailarines y antes de irme (y como quien no quiere le cosa) le pregunto si conocía el verso del «Diluvio universal». Esa misma noche me lo mandó por correo electrónico. ¡Cuando llegó la letra! ¡Qué emoción! No pude más que quedarme mudo de agradecimiento. Colgué el verso que fue uno de los que más ilustré y fue con dedicatoria y todo. ¡25 años buscando este verso!
¿Cómo sentís la reacción de los lectores ante tu trabajo con el blog?
Para mí es más que increíble que diariamente pasen entre 300 a 500 lectores de muy diversas partes del globo. Algunos me hacen comentarios por privado que son muy halagadores, especialmente algunos autores y familiares de poetas muertos que agradecen se divulgue la obra. Luego hay quienes hacen pedidos que me incentiva para investigar y poder serles útil con la gauchada de conseguir el pedido. Ni te cuento cuando encuentro alguna letra que resultaba imposible de conseguir. Quiero que quede en alguna parte un registro de la buena poesía gauchesca que hay y que es un tipo de poesía que solo le pertenece a Uruguay, Río Grande do Sul y Argentina. Por razones lingüísticas y de traducción dejé afuera las composiciones del Brasil.
De la Filosofía a la docencia; de la docencia a la poesía; de la poesía a la música; de la música a la condición de guardián de una tradición literaria… ¿cómo te definirías?
Soy un buceador de nuestras raíces. Buceador de un modo o forma de SER, tipo «gauchesco» y que para mí tiene cuatro o cinco componentes que son más que atractivos como estereotipo: la generosidad; el humor mezclado con lo brutal; la vinculación con la naturaleza y la sabiduría que se obtiene de observarla y convivir con ella para aplicarlo a la vida; el uso de la imaginación desbordante para, desde la metáfora o «comparancia» decir cosas sencillas y profundas a la vez; la hospitalidad y el agudo sentido de la observación inteligente. Me parece que hoy las filosofías que campean y no tienen que ver con el campo son la antítesis de este modelo.
¿Qué contacto tenés con autores y músicos uruguayos?
Debo confesar que salvo un par de amigos por facebook de Uruguay, no tengo contactos. Es que vivo un poco aislado, tipo «ermitaño» en el campo, pero «sueño» especialmente con conocer a don Abel Soria. Bueno,ayer soñé con Mahatma Gandhi y sé que ya no voy a poder conocer personalmente, pero como a don Abel no lo soñé estandodormido, no pierdo la esperanza…
Martín Bentancor

