Resisten el tiempo: Ecos del encuentro de autos clásicos del pasado sábado en la ciudad de Canelones

Conductores de autos clásicos de distintos modelos y marcas se encontraron el pasado sábado en el Aeroclub de Canelones. El evento fue organizado por el Montevideo Classic Car Club.

La pasión por los autos clásicos no distingue edad ni departamento. Encontrar los repuestos y hasta el tapiz original en algunos casos lleva tiempo y trabajo, pero el camino se recorre con paciencia y dedicación. Algunos modelos llevan más dinero que otros, pero nada tiene más valor que poder subirse a un auto clásico y conducir parte de la historia. En esta nota, HOY CANELONES recoge algunos testimonios de los participantes del encuentro del sábado pasado e intenta mostrar la pasión por los coches clásicos. 

Nada de viejo

Alejandro es argentino pero desde 2017 vive en Uruguay. Tiene dos vehículos de finales de la década del veinte (del pasado siglo): un Ford A de los más antiguos y un Chevrolet Campeón. “Cuando compramos la Ford A, era nada más que un montón de fierros oxidados con documentos. Llevó tres años de restauración. La desarmamos íntegramente”, comentó Alejandro. El vehículo, de casi cien años desde su fabricación, parece cero kilómetro. 

A Alejandro siempre le gustaron los automóviles con historia, pero dio el primer paso para tener uno cuando conoció a Sergio Russi, un tapicero que se dedica a la restauración de autos clásicos. El conocimiento de la familia Russi por la restauración de este tipo de vehículos viene de familia y la historia de Sergio merece otra nota periodística. 

Manejar un vehículo así “es algo diferente, tenés que amar a los autos. No es que te subas a un auto viejo, te subís a casi cien años de historia. Es algo fascinante, no porque vayas a mil, porque el auto no camina más de sesenta (kilómetros por hora), sino porque estás manejando cien años de historia”, remarcó Alejandro. 

Daniel, dueño del automóvil más votado.

El más votado 

Los participantes del encuentro podían elegir el auto que le pareciera más atractivo. El ganador del voto popular fue un Mini Austin Seven, del año 1960, que fue tapizado con la misma empresa que hacía los interiores para la fábrica de los Mini. Daniel, dueño del automóvil, explicó con lujo de detalles cómo hizo para que el auto pareciera de fábrica. Contó que, antes de restaurarlo, el conductor puede pedir un certificado en Inglaterra que especifica, con el número de chasis y de motor, de qué color salió, qué día se fabricó y cómo era el interior. Con base en esos datos, Daniel lo restauró y lo dejó como de fábrica. 

Daniel es un apasionado por los autos de toda la vida y tiene un vínculo muy especial con los modelos Mini. “Cuando cumplí 18 años, con mi hermano compramos un auto para usar entre los dos. Elegimos un Mini”, contó el aficionado. La conexión con los automóviles Mini fue instantánea y, desde aquellos años, Daniel ha venido restaurando automóviles de ese tipo. 

Mario Monserrat, un vecino de la capital canaria que concurrió con su Ford Victoria de 1952.

Como en sueños 

En el encuentro no faltaron participantes de la ciudad de Canelones. Mario Monserrat, un vecino de la capital canaria, concurrió con su Ford Victoria de 1952. Mario tiene el auto desde hace unos quince años. Era el modelo que veía pasar por la calle cuando muchacho, que asociaba a tal o cual personalidad. 

El Ford estaba en un estado aceptable cuando llegó a las manos de Mario. Con el paso del tiempo, el vecino lo fue restaurando y quedó como alguna vez lo soñó: con un color rojizo intenso y un cuidado al detalle. “A uno le gusta un modelo, se apasiona y ve la oportunidad de comprarlo pensando que un día lo va a tener como uno quería, como se lo imaginaba. Si les ponés pasión, tenés suerte y encontrás a las personas indicadas, se puede lograr”, aconsejó el aficionado. 

Mario acotó que el Ford Victoria está cumpliendo un ciclo en su vida. Lo pudo disfrutar al máximo y ahora lo puso a la venta para el interesado en mantener encendida la pasión. 

Fernando Guerrero