Con el escritor, cantautor y docente Martín Palacio Gamboa

La resistencia al poder desde el lenguaje

22Gamboa Esta tarde, sobre el filo de las 18.30 hrs., en la Sala Mtro. Julio Castro de la Biblioteca Nacional, se presentará el libro ‘Tomar el suelo por asalto. La modernidad al acecho en cuatro poetas uruguayos. Federico Ferrando / Juan Cunha / Saúl Pérez Gadea / Alfredo Zitarrosa ’, de Martín Palacio Gamboa (Montevideo, 1977), obra que inaugura la colección ‘Cordero Rojo’ de la editorial Trópico Sur. HOY CANELONES dialogó con el autor para conocer su abordaje a estos cuatro poetas tan diferentes entre sí y la vigencia del ensayo literario en las letras uruguayas, entre otros temas.

¿Por qué esos cuatro autores y no otros?

La historia de la literatura, como la historia en general, es la historia de los recortes. Y en la retacería con que armamos y entretejemos los acontecimientos, quedan afuera las hilachas, las hebras. Lo silenciado termina diciendo más que lo que consta en actas. O, por lo menos, adquiere un espesor tal con el pasar del tiempo y el cambio de las circunstancias que termina opacando lo ya dicho. El caso de Federico Ferrando y Saúl Pérez Gadea terminan siendo emblemáticos, aunque no fueron los únicos, claro está. En un país que optó por el río donde cayó la flor de Zorrilla de San Martín en vez del mar de Lautréamont, la poesía desbordada, la que surge del viejo y querido desarreglo de los sentidos, no tuvo cabida. Ante los juegos de la analogía y la asociación libre de Ferrando y la imaginería alucinada de Pérez Gadea, se prefirió una escritura lineal, de connotaciones burocráticas, hija de un positivismo ramplón que se volvió el sustrato idiosincrático del Estado uruguayo. Sólo así se explica la omnipresencia de alguien como Mario Benedetti en nuestras letras.

¿Y los nombres de Juan Cunha y Alfredo Zitarrosa?

Ya lo de Juan Cunha y Zitarrosa responde a otro orden. En el caso del primero, la poca circularidad de sus ediciones y su polimorfismo textual lo hacían casi un escritor para iniciados. Aparte de eso, subvirtió de manera notable algunos ideologemas o leit motivs de la literatura nuestra. Un ejemplo es el del campo, que nativismo mediante, decantó en un bucolismo de nostálgicos oligarcas y reaccionarios.
En el caso de Zitarrosa, su condición de cantautor eclipsó fuertemente la apreciación crítica de su poesía. Mucho de lo que se puede encontrar en las librerías sobre él no logran salir de lo anecdótico o el elogio de rigor.  De allí la ausencia inexplicable de una lectura crítica de algo tan monumental como ‘Guitarra Negra’. En ese texto, que dio nombre al disco que terminó de grabarse en 1986, ciertas metáforas corporales como el dolor, el desgarramiento, la marca de la tortura, el amordazamiento, sirven para anclar un discurso desvertebrado por el terror de lo que ha sido el golpe del 73, y para resistir los borramientos que la ‘posdictadura’ supone, y que ese tránsito exige como precio y prenda de la ‘democracia’. Son cuestiones que no han sido resueltas en el imaginario de un país como el nuestro. Y que a su vez indaga, como un eco del pasado reciente, el papel que ha cumplido la izquierda institucionalizada en estos últimos años. Una izquierda que llegó a tener consistencia ideológica y que hoy ejerce un capitalismo de buenos modales, aunque no menos salvaje, maquillado por políticas sociales de tipo asistencialista o compensatorio. Y que terminó enajenando la subjetividad de la propia izquierda mediante la expropiación de su  lenguaje.

22TapaGamboa¿Cuál sería entonces el elemento que unifica a estos cuatro poetas, que los hace dialogar?

Su condición de outsiders. Hay pocos estudios sobre sus respectivas producciones, O, quizás, pocos estudios que se hayan detenido seriamente sobre ese plus de significado que las nuevas formas de recepción han ido descubriendo o sospechando en relación a estos autores.  Pienso en algunos trabajos de Luis Bravo, Gerardo Ciancio, Amir Hamed. Ahora, casi al mismo tiempo que ‘Tomar el suelo por asalto’, sale por la editorial Solazul ‘El ojo de la tempestad’”. Se trata de la obra completa de Saúl Pérez Gadea con un prólogo de Diego Techeira. Yo, por mi lado, insisto en que tuvimos a un verdadero precursor del surrealismo en la figura de Federico Ferrando, a quien Horacio Quiroga mató accidentalmente de un balazo en la boca. Y a quien Arturo Sergio Visca, desvalorizándolo, le metió una lápida desde la crítica.

¿Cómo fue el proceso del libro hasta la publicación?

Azaroso. Los textos que integran el libro (uno por cada autor tratado) fueron escritos en diferentes etapas y en distintos medios, especialmente electrónicos. Hasta que un día, el editor Jorge Montesino vislumbró un hilo conductor del que no me había percatado en esta conjunción de ensayos: los vínculos tensos entre la escritura poética uruguaya y la modernidad. Propuso, en una primera instancia, agarrar esos textos y publicarlos por separado en un formato de mini-libro. Pero después vimos que no era muy práctico. Optamos, por común acuerdo, en colocarlos dentro de un solo volumen a condición de revisarlos y re-escribir algunas partes. Fue un proceso algo arduo. La re-escritura es ardua. Pero en definitiva valió la pena: quien relea la obra de estos autores descubrirá que la función de quien ejerce la literatura no sólo pasa por una denuncia abierta de los conflictos político-sociales ni por la representación de sujetos subalternos excluidos de un proyecto. Tampoco por una mímesis imitativa de lo real que busca poner en evidencia las inequidades del sistema y así crear una conciencia y una conducta nuevas que sirvan para cambiar la sociedad. En lo que sí consiste, de un modo más amplio, es en un trabajo de resistencia al poder, el cual se realiza desde el lenguaje.

¿Qué se siente inaugurar con esta obra la colección ‘Cordero Rojo’ de Trópico Sur?

Decir que me siento con suerte es poco. ‘Cordero Rojo’ está haciendo su apuesta desde un costado muy punk, es decir, desde la autogestión y la independencia  de las demandas más rastreras del mercado. No dudo de que vaya a hacer historia en el panorama -algo imprevisible- de la actual producción literaria. Pero también es cierto que su presencia es acorde a ese emerger febril -si tomamos en consideración la escala nuestra- de nuevos sellos editoriales que buscan explorar otras voces, otros territorios, que no sean tan consonantes con el canon que se instauró, casi monolíticamente, desde la generación del 45 y sus epígonos del 60. Lo que es una señal de buena salud.  Más allá de los riesgos de cierto snobismo intelectual, más allá de que se quiera reiterar gestos transgresores que van con más de ochenta años de atraso.

¿Se lee ensayo literario en Uruguay? ¿Cuál sería el público de este libro?

El ensayo es visto como el hermano pobre de la narrativa. Sin embargo, contamos con un buen plantel en ese rubro que supieron ser divisores de aguas y tener una proyección de largo alcance. Sólo por citar algunos ejemplos al vuelo, ahí están Zum Felde, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa, Lisa Block de Behar, Roberto Echavarren, Sandino Núñez. De hecho, estos dos últimos han colaborado enormemente a que esta modalidad escrituraria tuviera una mayor recepción. Ciertamente, sobre el ensayo se cierne una sospecha, tanto si se dirige al público en general cuanto si se difunde entre el público especializado. Si sucede lo primero, nos las tenemos con un género menor sin auténtico valor de ley, tan sólo de uso, que sólo recoge las sobras, una sarta de meras ocurrencias que no merecen mayor atención. Si sucede lo segundo, nos hallamos ante un género mixto en el que está permitido ‘ensayar’ cualquier cosa y llevar a cabo toda clase de experimentos pero que carece de categoría suficiente para ser apreciado como género de pensamiento y de enseñanza (sobre todo, para quienes piensan que ambos términos son sinónimos).

¿En qué otros proyectos se encuentra trabajando?

Aparte de ir por un segundo disco de descarga gratuita (el primero salió el año pasado, ‘Declaración Conjunta’),  está por salir en estos meses un ensayo sobre la obra poética de Clemente Padín y una edición aumentada del poemario experimental ‘Celebriedad del fauno’, que fue publicado primeramente por Trópico Sur en 2011. También se encuentra, en lento proceso de armado y en colaboración con otro escritor amigo (Nota: el entrevistado se refiere a quien firma esta entrevista) una antología del payador anarquista Carlos Molina. Esa antología contaría con un estudio biográfico y un prólogo que se detiene en sus estrategias discursivas. Pero bueno, cuestión de dejar que asiente un poco toda esa productividad.

Martín Bentancor