Versos para mamá

Para quienes las tienen a su lado y para quienes sienten su presencia desde otro ámbito, para las madres de todas las edades y condiciones, para las madres que son nuestras lectoras y para las que no lo son, va este compilado de textos que a ellas les cantan.
Madre mía
Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más.
Como el agua en los cristales,
caen mis besos en tu faz…
Te he besado tanto, tanto
que de mí cubierta estás
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear:
Cuando tú, a tu hijito escondes
no se le oye el respirar…
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y que lindo niño veo
a tus ojos asomar…
el estanque copia todo
lo que tu mirando estás;
Pero tú en los ojos copias
a tu niño y nada más.
Los ojitos que me diste
yo los tengo que gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar…
Gabriela Mistral
Rosas a mi madre
Querida madre, extraño
La sencillez, la inocencia
la pureza de tus manos.
¡Rosas blancas!
Tus ojos gemían llantos
que tus labios ocultaban.
Seis pequeños acunaste
les diste honor y grandeza,
les diste la vida entera.
En tus manos enguantadas
las rosas se ven pequeñas.
Tus suspiros, los violines
que tu corazón lloraba.
Aunque ya no he de verte
siempre tengo tu presencia,
en la paloma que pasa
en la brisa tempranera
en el cielo, en el viento
en el aire te presiento.
¡Rosas blancas y poemas!
soltaré una tarde de estas
para aliviarte la pena
madre mía, madre eterna
¡Rosas blancas y poemas!
Luján Sánchez
Madre
Yo viví, desorientado,
yo soñé no sé qué mundo,
yo me hundí en el mar profundo
con delirante afán de loca juventud.
Me atraían los placeres,
un abismo las mujeres.
Ya sin madre ni deberes
sin amor ni gratitud.
Madre…
Las tristezas me abatían
y lloraba sin tu amor.
Cuando en la noche me hundía
de mi profundo dolor.
Madre…
No hay cariño más sublime
ni más santo para mí;
los desengaños redimen
y a los recuerdos del alma volví.
Yo maté mis ilusiones,
yo amargué mi propia vida,
yo sentí en el alma herida
el dardo del dolor que el vicio me dejó.
Desde entonces penas lloro
y sólo el cariño imploro
de mi madre a quien adoro
y mis desvíos sintió.
Verminio Servetto
NOTA: Este tango, con música de Francisco Pracánico fue interpretado por, entre otros, Ignacio Corsini.
La Madre Ahora
Doce años atrás
cuanto tuve que irme
dejé a mi madre junto a la ventana
mirando la avenida
ahora la recobro
sólo con un bastón de diferencia
en doce años transcurrieron
ante su ventanal algunas cosas
desfiles y redadas
fugas estudiantiles
muchedumbres
puños rabiosos
y gases de lágrimas
provocaciones
tiros lejos
festejos oficiales
banderas clandestinas
vivas recuperados
después de doce años
mi madre sigue en su ventana
mirando la avenida
o acaso no la mira
sólo repasa sus adentros
no sé si de reojo o de hito en hito
sin pestañear siquiera
páginas sepias de obsesiones
con un padrastro que le hacía
enderezar clavos y clavos
o con mi abuela la francesa
que destilaba sortilegios
o con su hermano el insociable
que nunca quiso trabajar
tanto rodeos me imagino
cuando fue jefa en una tienda,
cuando hizo ropa para niños
y unos conejos de colores
que todo el mundo le elogiaba,
mi hermano enfermo o yo con tifus
mi padre bueno y derrotado
por tres o cuatro embustes
pero sonriente y luminoso
cuando la fuente era de ñoquis
ella repasa sus adentros
ochenta y siete años de grises
sigue pensando distraída
y algún acento de ternura
se le ha escapado como un hilo
que se le ha escapado como un hilo
que no se encuentra con su aguja
cómo quisiera comprenderla
cuando la veo igual que antes
desperdiciando la avenida
pero a esta altura qué otra cosa
puedo hacer yo que divertirla
con cuentos ciertos o inventados
comprarle una nueva tele
o alcanzarle su bastón.
Mario Benedetti
Doña Micaela
Cerca de aquel pueblo donde yo nací
De Canelones a una legua escasa
Bordeando un camino de «pitas» y «tunas»
Un rancho se alzaba.
Era un rancho viejo de ladrillo y zinc
Tan humilde y pobre, que hasta daba lástima
Y a pesar de todo soportaba el tiempo,
No se conmovía, ni se tambaleaba
Ese era mi rancho…
Allí nacimos todos…
Esa fue mi casa…
Bendito su recuerdo, aquí dentro de mi alma.
Había un pozo al frente
Al que un viejo sauce su sombra le daba
Era un pozo inmenso, obscuro y hondo;
¡pero tenía un agua!
Las más pura y sabrosa de aquellos lugares…
Según se contaba…
Todos los vecinos y los peregrinos
Tejían alabanzas
Para el agua pura de aquel noble pozo
de mi humilde casa.
Era tan famoso como era su dueña
Una pobre anciana…
Partera del pago hacía 50 años.
Tenía unas manos, decían las madres
Igual que una «santa».
Mi madre y el pozo eran en el pago
Dos cosas sagradas…
Parece que aun siento después de 30 años
Una voz que llama…
Para repetirle lo mismo de siempre…
Doña Micaela, deme un vaso de agua
¡Oh que pura, ¡que linda… que fresca!…
¡Que Dios se lo pague!
Que agua divina, parece filtrada…
Y mi pobre madre
A veces descalza
Porque en el apuro perdía una «alpargata»
tendíale la mano,
al que allí llagaba
Con un vaso lleno, desbordante de agua,
de aquel viejo pozo de mi pobre casa…
Doña Micaela?, deme un vaso de agua!
Y era para ella un placer profundo
Cuando aquellos mozos y esas mozas guapas
Que ayudó a nacer
De cientos de madres de aquella comarca
Le pedían sedientos al pasar allí…
Doña Micaela?, Deme un vaso de agua!
Pobre madre mía!…
A veces lloraba de puro contenta
Cuando tantos hijos, que eran casi suyos
Al pasar llamaban y le repetían;
Dona Micaela?, deme un vaso de agua!
Todo está muerto
ya no existe el rancho…
Ni tampoco el pozo, y menos la planta…
Aquel viejo sauce donde yo pasaba
Las horas benditas de dulce infancia…
Todo está muerto
Ya no queda nada…
Sobre esos recuerdos, ha nacido alfalfa,
Un hombre muy rico
Compró aquella chacra
Puso dos obreros, con tremendas palas,
Que en poquitas horas taparon la boca
del pozo querido que aún se conservaba
Cual un centinela sobre una montaña…
Así terminó todo,
Ya no queda nada.
Nada que recuerde a los caminantes
La noble figura, la cabeza blanca,
la sonrisa triste de la pobre anciana…
Pero para muchos seguirá, viviendo
Como una leyenda
Aquellas palabras;
Doña Micaela?, deme un vaso de agua!…
El pozo y mi madre eran para el pago
Dos cosas sagradas
………………..
Yá se acabó todo
yá no queda nada
Ni padre, ni rancho,
ni pozo, ni sauce…
Nada, nada, nada…
Juan Pedro López
Las manos de mi madre
Las manos de mi madre
parecen pájaros en el aire
historias de cocina
entre sus alas heridas
de hambre.
Las manos de mi madre
saben que ocurre
por las mañanas
cuando amasa la vida
hornos de barro
pan de esperanza.
Las manos de mi madre
llegan al patio desde temprano
todo se vuelve fiesta
cuando ellas vuelan
junto a otros pájaros
junto a los pájaros
que aman la vida
y la construyen con los trabajos,
arde la leña, harina y barro…
lo cotidiano
se vuelve mágico.
Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto
y un recuerdo añorado
trapos calientes en los inviernos
Ellas se brindan cálidas
nobles, sinceras, limpias de todo
¿cómo serán las manos
del que las mueve
gracias al odio?
Peteco Carabajal
NOTA: Este tema, ya convertido en clásico del folklore argentino, ha sido versionado por diversos artistas, siendo una de las más destacadas en la voz de Mercedes Sosa.
Compilado por M.A.B.

