La última de Clint

El reciente estreno de la última película dirigida y protagonizada por el legendario Clint Eastwood, ‘Cry Macho’, permite enhebrar algunas reflexiones sobre una forma de hacer cine que continúa desapareciendo, así como sobre cuál es el momento de retirarse de las grandes estrellas. Reconocido por sus tempranas actuaciones (o antiactuaciones) en los spaghetti western de Sergio Leone, especialmente en ‘Por un puñado de dólares’ (1964), ‘Por unos dólares más’ (1965) y ‘El bueno, el malo y el feo’ (1966), Clint Eastwood fue labrando una sólida carrera como intérprete, al tiempo que comenzó a dirigir sus propias películas. 

Así, a la saga de ‘Harry el sucio’, una serie de películas que incubaron los peores vicios de la brutalidad policial y el rechazo al diferente, junto a diversas apariciones en películas de variado tenor, Eastwood le fue dando forma a su labor como director. Debutó como tal en la película de terror psicológico ‘Play Misty for Me’, de 1971, sumando con el tiempo filmes variados y sólidos como ‘Los imperdonables’ (1992), ‘En la línea de fuego’ (1993), ‘Los puentes de Madison’ (1995) y ‘Gran Torino’ (2008), entre muchos otros. 

Como director, Clint Eastwood es un cineasta clásico, siempre atado a estructuras narrativas convencionales, que tienen su gran peso en las actuaciones, tales como la de Gene Hackman en ‘Los imperdonables’ o la deAngelina Jolie en ‘El sustituto’ (2008), por mencionar solo un par de ejemplos. Los resultados siempre son variados, cubriendo un abanico amplio que tiene destacadas cimas como ‘Río místico’ (2003) y ‘Cartas desde Iwo Jima’ (2006), a bodrios insuperables como ‘Million Dollar Baby’ (2004) o ‘La mula’ (2018). A este último grupo pertenece la reciente ‘Cry Macho’. 

El principal problema de la película es la propia actuación de Eastwood, que con 91 años le da vida a un personaje notoriamente menor, que arrastra ciertos problemas de movilidad y un acartonamiento físico natural. Hay escenas en las que un doble salva la plata, como en la que muestra la doma de un potro, pero en otras se lo nota demasiado envarado para la movilidad que se le exige al personaje. El otro problema es la historia en sí, plagada de giros caprichosos y comportamientos inexplicables de algunos personajes, además de las facilidades y coincidencias que atraviesan la historia, como el hecho de que el personaje de Eastwood se introduzca en un ámbito de malvivientes sin ningún problema y encuentre a quien anda buscando a las primeras de cambio. La mayor parte de la acción transcurre en México y el director no puede dejar de presentar a los mexicanos como unos simplones y vagos en general, llegando al máximo en el personaje del alguacil del pueblo en el que en un momento se ve obligado a parar. 

Hay momentos en los que un artista debe ponerle un punto final a la carrera y dedicarse a vivir de las glorias (y los dividendos) pasados. Clint Eastwood parece no compartir esta máxima. 

E.B.