LA PÁGINA DIGITAL: HECHA LA TRAMPA, HECHA LA LEY

No todos tienen muy clara la diferencias entre hackers y crackers, y los detractores de los primeros son los que fomentan esa ignorancia.
No todos tienen muy clara la diferencias entre hackers y crackers, y los detractores de los primeros son los que fomentan esa ignorancia.

En realidad el proceso debería ser una cadena continua: hay un problema, se hace una ley, aparece una trampa, se modifica la ley, aparece otra trampa, se hace otra ley… y así sucesivamente… Y en el mundo tecnológico sin duda que los problemas van apareciendo más rápido que las legislaciones. Entonces, especialmente promovidas por las grandes corporaciones, surgen regulaciones extremadamente restrictivas, de manera que no se les vaya a escapar nada de lo que los humanos puedan querer hacer.
¿Tenemos manera de protegernos de ese avasallamiento de los derechos? Ante un panorama con oscuros horizontes, encontramos una sociedad civil que se ha movilizado y que está “inventando” nuevas estratagemas para esquivar restricciones, crear nuevas formas de organización, comunicación y plantear y llevar a cabo acciones colectivas. El “15M” o “¡Democracia real, ya!” en España y “Occupy Wall Street”, son claros ejemplos. También la primavera árabe nos ha mostrado la potencia del uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Aquí han tenido un rol decisivo las redes sociales y eso sería motivo de otro artículo. Tan solo indicar que estas formas de organización, de trabajo colaborativo y “en abierto” tienen su origen hace algo más de 20 años en las primeras comunidades hacker, que contribuyeron decisivamente a una forma de hacer en la Red. Esas comunidades, que no le agradan para nada a los poderosos, están basadas en unas premisas éticas muy profundas: el intercambio de información y conocimientos, la autonomía respecto de las instituciones o empresas, el trabajo compartido, etc. Es necesario destacar la confusión, a veces por ignorancia pero en muchos casos deliberada, de identificar y asociar hackers con crackers. Eso se hace para desprestigiar los hackers, defensores del trabajo colaborativo y del software libre, con los crackers, violadores de datos y de los sistemas de seguridad informática.
Pero, yendo más allá, y en otro ámbito importante, el de la comunicación: ¿qué rol están teniendo los grandes propietarios de los medios de comunicación? Es evidente que su papel es clave, y ellos directamente, o en otros casos los intereses económicos o políticos, han arrinconado un amplio abanico de profesionales y de voces críticas que hay en los diferentes países. Acá, sin ir más lejos, ya son demasiadas idas y venidas con todo el proceso de instalación de la Televisión Digital, por citar un caso.
Sin duda hay muchos más aspectos relacionados con la sociedad de la información que deberíamos plantearnos y que no son objeto de esta breve página. Pero si pudiera incidir en la necesidad de cuestionarnos más esta nueva realidad en la que operamos, vivimos y trabajamos, me sentiría más que útil. Creo que a menudo caemos en la “perversión tecnológica”, extasiados ante las múltiples posibilidades de búsqueda de nuevos dispositivos, y perdemos el concepto de la base sustancial de la cosa. Nos llenamos de espejitos de colores, y nos olvidamos que “lo esencial es invisible a los ojos”, como escribió aquel francés que venía a visitar a su familia en Pando…
En este entorno tan complejo en el que los cambios se producen a una enorme velocidad, deberemos tener una visión crítica y reflexiva, ejercer cada vez más un activo rol de defensa de la libre circulación de la información en la Red y denunciar el uso fraudulento de ésta. Por nuestra formación, por nuestra experiencia y conocimientos podemos contribuir a evaluar y seleccionar contenidos, a formar a colectivos con menos recursos, a aportar nuestro grano de arena para que la sociedad de la información sea “para todos”, que contribuya a los intereses generales evitando su posible manipulación. En múltiples entrevistas a pensadores relevantes, se repiten frases que se podrían resumir en esta: “hay que poner la tecnología al servicio de la sociedad y no al revés”. Algo hoy casi imposible pero, aun así, un reto, por el que no debemos dejar de luchar.
Nobleza obliga, hemos utilizado como principal fuente para esta nota algunos extractos del libro de Max Otte: “El crash de la información: los mecanismos de la desinformación cotidiana” publicado en el 2010. No está mal pararse en los hombros de los que saben. Sólo así podremos ver más lejos…

JOSÉ ALFREDO FERNÁNDEZ SANDE
cabass@adinet.com.uy