Unas veinticuatro familias del barrio La Esperanza, de la ciudad de Canelones, firmaron ayer contratos con OSE para la instalación del servicio de agua potable en la zona. El próximo lunes comenzarán las obras.
Gabriela salió a los gritos luego de firmar el contrato, Jonathan no pudo contener las lágrimas y Pilar rompió en llanto al recordar la importancia del agua para la higiene de su hijo. Es difícil expresar con palabras lo que significa para los vecinos de La Esperanza poder acceder al agua potable en un futuro cercano, por eso es mejor describir algunas emociones. También es complejo comprender lo que implica la falta de agua durante años, un servicio tan necesario como naturalizado para muchos lectores que pueden abrir la canilla todos los días.
Los vecinos del barrio La Esperanza lucharon incansablemente para acceder a este servicio. Comenzaron hace diez años con los reclamos, se desmotivaron ante la falta de respuestas y luego retomaron con fuerza la solicitud. Golpearon puertas, coordinaron reuniones y se movilizaron con pancartas que recordaban que el acceso al agua es un derecho establecido en la Constitución.
HOY CANELONES concurrió a la firma de contratos con OSE y conversó con algunos vecinos sobre la llegada del agua potable.
Idas y vueltas
Gabriela vive en el barrio desde el año 2011. La vecina recordó todos estos años de lucha y las idas y vueltas por las que el barrio tuvo que pasar. “Realmente nos escucharon, después de todo lo que hicimos. Nos decían que sale hoy, que mañana, que hablamos, que no. Finalmente, se logró llegar a un acuerdo y hoy estamos firmando los contratos”, celebró.
Pilar se mudó al barrio hace un año y medio. El agua implica un antes y un después para la vecina, cuyo hijo padece una de las enfermedades consideradas raras y necesita bañarse cuatro veces por día. “Es un gran cambio por mi nene, que tiene que hacer una higiene continua. Cuando me mudé para acá, la falta de agua se sintió, porque lo de él es crónico”, expresó.
Pilar recordó que la única agua con la que contaban era la de un tanque de cien litros, que se distribuía entre familias del barrio. “Llegar a un acuerdo con la OSE y la Intendencia era difícil, hicimos huelgas y huelgas hasta que llegó este momento. Estoy recontenta”, comentó.
Jenifer, vecina del barrio y parte del equipo del Merendero La Aldea, sostuvo que el agua potable es una gran victoria para el barrio. “Es un logro enorme. Poder abrir la canilla y poder bañarnos es un logro para los niños y para todos”, remarcó.
El empuje
La llegada de OSE fue posible gracias al trabajo de vecinos, voluntarios y organizaciones sociales que le pusieron el hombro a la causa. Vanesa Rodríguez, referente del Merendero La Aldea, y Jonathan Artigas, vecino de la ciudad que desde hace dos años realiza un trabajo social en la zona, fueron dos actores fundamentales para obtener el servicio.
“Nos dimos cuenta de que la lucha del agua había quedado atrás y le empezamos a dar empuje. Comenzamos a golpear puertas, a concurrir a organismos y a tener entrevistas con personalidades, tratando de sacar esto adelante”, recordó Vanesa. “Los últimos meses fueron de mucho trabajo para poder llegar a la firma. Nuestra pandemia era no tener agua, ahora salimos de esa pandemia”, valoró.
Jonathan, por su parte, informó que cada vecino va a tener su contador y que todos pagarán su factura. Agradeció a la Intersindical de Canelones, que “abrazó al barrio”, y a todas las organizaciones que ayudaron. El voluntario estaba emocionado por la firma de los contratos. En estos dos años pudo conocer de cerca la realidad de cada vecino y entendió lo que implica la falta de agua. “Me emociono porque estoy todos los días acá”, expresó.
Fernando Guerrero







