Grandes obras de pequeños autores
Seguramente, en las bibliotecas de muchas casas de Canelones se encuentre un pequeño libro editado en 1986 por Ediciones Atenea, llamado ‘La metamorfosis como todo el tiempo’. La compiladora –ella prefiere que no la consideren “autora”– fue una joven maestra de Canelones que, a la manera del clásico ‘El humor en la escuela’ de José María Firpo, recopiló textos de escolares en los que el humor (involuntario) constituye la marca.
Breves redacciones, diálogos entre maestros y alumnos en clase, esquelas escritas por los padres y hasta comunicados informativos conforman este divertido volumen que tiene la particularidad, además, de que sus “autores”, que hoy rondan los treinta largos y los cuarenta y pocos años, son habitantes de nuestro departamento. HOY CANELONES dialogó con Cristina Bide para conocer cómo se gestó el libro, qué fue descubriendo en el proceso y cuál es su visión de la educación actual a la luz de su labor docente, desarrollada en las ciudades de Sauce (Escuela Nº 109) y Canelones (Escuela Nº 110), algunos años atrás.
¿Cómo empezaste a darle forma a ‘La metamorfosis come todo el tiempo’?
El origen del libro es ese cuaderno rojo que está ahí (señala un voluminoso cuaderno compuesto por apuntes y recortes pegados que está sobre la mesa). En la época de la dictadura, yo tuve muchos amigos exiliados en diversos países de América y de Europa y, sobre todo, una de mis grandes amigas, que es Cristina Canoura. Como ella es docente, la gracia estaba en que yo buscara cosas graciosas en el ámbito escolar para enviárselas, cosas que la hicieran sonreír porque el exilio fue muy duro. Así que yo tomé la costumbre de insertar en las cartas que le enviaba, textos que fueran de mis alumnos. Ese es el origen.
El libro dialoga con el ya clásico ‘El humor en la escuela’ del maestro Firpo…
Sí. Nosotros habíamos leído a Firpo y lo admirábamos mucho. Hay gente que dice que Firpo modificaba los textos, que no eran tal cual fueron escritos por los alumnos pero basta escuchar a los niños para saber que nada es inventado. En mi libro no hay nada modificado. Eso sí es seguro. No toqué ni una coma de lo que los gurises escribieron.
Fue un trabajo de varios años…
Sí. El libro es de 1986 pero la recopilación la arranqué antes, en la década del setenta.
¿Cómo fue el proceso desde esos textos que incluías en las cartas a tu amiga hasta la compilación en un libro?
El esposo de Cristina quiso publicar todos esos textos en México, donde estaban exiliados, y yo me negué. Ellos eran periodistas de la revista ‘Tercer Mundo’ y tenían acceso al mundo editorial pero yo no quise que se publicara.
¿Por qué?
Porque no fue pensado para ese objetivo, estaba hecho para nosotros nada más. Cuando ellos volvieron a Uruguay, intentaron otra vez publicar los textos del cuaderno. Yo no quería pero insistieron hasta que al final lo lograron. Te puedo decir que yo no hice nada de ese libro, más allá de la recopilación. Es más, ni siquiera hice la selección, como dice César di Candia en el prólogo. La selección la hizo él. Yo hice la corrección y, además, exigí que no aparecieran los nombres y los apellidos de los alumnos, datos que sí están en el cuaderno. Aun así, se me escapó un apellido…
Leyendo el libro en estos días descubrí que es muy vigente, que el humor no se ha perdido a pesar del paso del tiempo y de los cambios en el diario vivir. ¿No has pensado en reeditar el libro?
No. Es que yo no tengo nada que ver con el libro tal como salió, lo único que escribí fue la dedicatoria del primer ejemplar que le regalé a mi esposo.
¿Sabés qué tiraje se hizo?
No, pero se hicieron tres ediciones.
Así que fue un éxito…
No, no creo (risas).
¿Lo ves como un libro de humor?
Sí, pero no es solo un libro de humor. Ofrece, además, un reflejo de la realidad descarnada porque los niños son los seres más objetivos y, en ocasiones, crueles que te puedas imaginar. A partir de ahí se pueden leer muchas cosas. Y lo otro que tiene el libro es una profunda crítica al sistema nacional de enseñanza, algo que quizás muchos no vean pero que está. Por ejemplo, si en mi época vos le decías a un niño “Haga una oración con la palabra ‘horizonte’”, escribía cualquier cosa porque nadie le había enseñado lo que era el horizonte. O sea que hay una crítica al sistema de enseñanza de aquel entonces, que tampoco ha cambiado tanto que digamos.
¿Qué repercusiones tuviste del libro cuando salió?
Yo nunca lo vi como algo tan extraordinario. Armaron mucho bochinche a su alrededor. Terminé siendo entrevista en Canal 5 y en Radio El Espectador, por ejemplo.
¿Y de parte de tus colegas maestros?
Todos estaban muy entusiasmados porque, además, muchos de mis colegas trabajaron en el libro. En Sauce, que fue donde junté la mayor parte del material, algunos maestros me acercaban material.
¿Cómo era trabajar como maestra durante la dictadura?
Tuve muchas compañeras presas y destituidas durante la dictadura. Acá en Canelones, estuvieron presas en la Jefatura y en los vagones. Yo tenía dos alumnos de Sauce cuyos padres estaban presos acá en Canelones e iba a verlos, a ellos y a mis compañeras. Los domingos, cuando venían de Sauce los familiares de los presos, yo los acompañaba hasta la cárcel hasta que después no me dejaron entrar más.
Sauce, donde vos trabajabas, era una zona peligrosa…
Sí, era un lugar muy peligroso. Yo trabajé allá en aquellos años con un inspector que nos hizo la vida imposible pero igual resistimos. En aquellos años se hacía lo que uno podía. Si le decían que leyera en clase unos decretos que había que leer, uno trataba de no llegar a esa parte del programa de Historia para que los niños no lo tuvieran. Una docente me denunció, a raíz de mi relación con los familiares de los presos de Sauce, diciendo que yo leía en clase las cartas de las personas que estaban detenidas, algo que yo nunca haría. En Sauce había mucha gente que no siendo militar ni policía, se dedicaba a observar a los demás, por lo que era difícil hacer algo contra la dictadura.
¿Cuál es tu visión del sistema educativo actual en nuestro país?
Estoy en contra de esa opinión generalizada de que todo se cayó y que está todo horrible. Hay lugares y hay personas muy valiosas que son excepciones a todo eso. No son muy pocos los que trabajan bien sino que son muchos, pero la sociedad se ha degradado totalmente. También me niego a pensar que todo lo mejor de la educación está en el ámbito privado. El problema es que lo que se ve es la generalidad y, además, me animaría a decir que hay cierta campaña contra la educación actual. Aun así, creo que el sistema educativo en Uruguay no está bien y uno de sus grandes fallos es el nivel de formación de los docentes. Creo que el nivel cultural de los docentes ha decaído mucho.
Martín Bentancor
Wilson Falero
Los niños escriben
En el ‘Especial de los sábados’ del próximo sábado, publicaremos una compilación de textos de ‘La metamorfosis come todo el tiempo’ pero, a modo de aperitivo, vaya esta breve selección.
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