Con Felipe García, de la banda Los del Galpón: El presente del grupo y la música bajo pandemia

Foto: Facebook Los del Galpón.

Luego de editar su segundo trabajo discográfico, el año pasado significó un freno en la carrera de Los Del Galpón, así como para toda la escena musical uruguaya.

La banda formada por los santalucenses Felipe García (voz y bajo), Germán Tabó (guitarra) y Gonzalo Núñez (batería) muestra un sonido que nos dispara a las bandas de rock más clásico, con un distintivo propio y toques del rock rioplatense. Así lo entiende también el vocalista de la banda, Felipe García, que en diálogo con HOY CANELONES fijó las influencias más fuertes del grupo en la música de habla inglesa de la década del setenta. En su caso personal, García contó que pasa por un momento en el que recurre seguido al músico brasileño Caetano Veloso, pero que también sigue apegado a otras bandas clásicas como Pink Floyd, o incluso a otras más nuevas como Tame Impala, el músico Mac DeMarco o el uruguayo Juan Wauters. Ahora, la banda se encuentra en un momento de pausa, buscando una mayor motivación pero sin apurar los procesos, como explicó Felipe al referirse a la actualidad del grupo y la música en pandemia.

¿Cómo es el presente de la banda?
Previo a la pandemia habíamos sacado un disco y un videoclip, que fue lo último que hicimos antes de que se cortara toda la actividad cultural en el país. Por eso quedó un poco trancado el movimiento del disco y el video. Lo que hicimos durante la pandemia fue grabar un tema cada uno en nuestras casas, una versión de un tema de Spinetta (‘Los libros de la buena memoria’) y después sacamos un par de videos con material de la grabación del segundo disco. Ahora estamos intentando ensayar para empezar a grabar cosas nuevas, para generar material en estos próximos meses, sin una fecha tentativa o límite.

No pudieron presentar su trabajo prácticamente…
Hicimos la presentación del disco y del video, pero no llegamos a tocarlo tanto como nos hubiera gustado. Generalmente sacás un disco y lo tocás, pero eso se cortó y, de cierta forma, hace que sea difícil para nosotros retomarlo, porque no vamos a volver a tocar el disco como si estuviera recién salido, porque no es así.

¿Cómo visualizan una posible vuelta a los escenarios?
Yo lo veo como una necesidad pero no lo veo muy cercano. No creo que haya interés por parte del Gobierno de que esta situación cambie para la cultura. Ojalá me equivoque y podamos estar tocando en breve, pero seguro que cuando llegue vamos a estar todos desesperados porque es una necesidad. Ni que hablar para el que vive de la música, aparte de ser una necesidad física es económica.

¿Qué desventajas más fuertes ha tenido esta realidad?
Creo que muchos proyectos se vieron apagados porque falta motivación. Ensayás y ensayás pero no tenés dónde tocar, te queda componer, grabar y demás… pero también, sin tocar no podés generar recursos para la banda y sale todo de tu bolsillo, como siempre sale en gran parte, pero algo podías generar. Nosotros tuvimos un momento complicado de falta de motivación, pero como la relación nuestra es, aparte de la banda, de amistad, le buscamos la vuelta y logramos reenganchar.

¿Qué alternativa buscaron? ¿Cambio de sonido, de dinámica…?
Estábamos muy presionados por generar material ahora y no se estaba dando, porque no somos como otras bandas que en dos horas de ensayo genera contenido. La posibilidad que teníamos era esa, de juntarnos en una sala, dos horas con el reloj en mano y no nos estaba rindiendo, pero lo que decidimos fue cambiar la estrategia y descontracturar. Ahora nos juntamos a comer un asado, si pinta ensayar ensayamos, apostamos a priorizar la relación y el vínculo para que sea el puntapié, porque nos estábamos presionando por algo que no tenía mucho fin por la situación actual.

Más allá de la realidad muy negativa que supone para mucha gente ¿se encuentra alguna ventaja?
Nos ha enseñado que podemos hacer cosas sin presencialidad. En la vida anterior estábamos condicionados por el “no puedo ir”, pero hay muchas cosas que aprendimos a hacerlas sin tener que estar ahí. Tiene una contraparte negativa que es lo social, porque no hay nada como juntarse, pero es una herramienta que aprendimos a usar y va a ser activa después que esto pase.

¿Se pudo adaptar Uruguay a esta realidad?
Yo creo que no, porque la música sin un escenario no es lo mismo. El contacto con el público es otro, los ingresos son otros… es muy diferente. El artista se motiva de manera diferente también frente a una cámara que frente al espectador.
Martín Romego