Con Wilson Fernández Tesoro: Atravesar la actual pandemia (casi) sin escenarios

Trabajar en el rubro de los espectáculos y eventos ha sido casi imposible para muchos artistas, músicos y performers luego del 13 de marzo. Es por ello que algunos buscaron la manera de reinventar su trabajo desde cero.

El músico y humorista Wilson Fernández Tesoro, también conocido por su seudónimo Wilsound, fue entrevistado por este medio al comienzo del pasado invierno, oportunidad en la que se mostró especialmente crítico con el cese total de espectáculos y la actividad artística. “¿Cómo no voy a salir a laburar? ¿Cómo no voy a buscar comida?”, se preguntaba entonces. El artista demostró a lo largo de varios meses que la capacidad creativa es en muchos casos la solución para los obstáculos. HOY CANELONES dialogó con Wilson Fernández Tesoro sobre diversas particularidades del mundo del entretenimiento. El artista no solo ofreció respuestas, sino que también planteó preguntas. Por ejemplo: ¿La vacuna tendrá la solución a todos nuestros problemas?.

¿Cómo te ha afectado, en tu condición de artista, la pandemia hasta el día de hoy?
Como artista, lo único que no me ha quitado es la alegría y la capacidad de improvisar. Me ha quitado escenarios, colegas, compañeros, posibilidades de crecimiento económico y posibilidades de seguir avanzando en lo escénico. En todo eso me afectó negativamente. Y desde el punto de vista positivo, me brindó posibilidades e ideas que no se me hubieran ocurrido si no hubiera sucedido esto. Todo lo malo trae algo bueno y viceversa.

¿Cómo fue atravesar casi un año sin escenarios? 
Nunca antes me había pasado. La única vez que decidí bajarme un poco de la movida fue durante los primeros dos años luego de que naciera mi hija. Justo yo estaba trabajando en Argentina, haciendo temporadas en Mar del Plata, y cuando vivía de la temporada argentina hacía de diciembre a febrero, luego volvía para hacer Semana Santa, después volvía y hacía fines de semana largos, volvía y después me iba para los quince días de Bariloche para la gente de Uruguay, y los quince días de temporada en Argentina. Luego seguía con el Mes del Niño en Uruguay (agosto), las Vacaciones de Setiembre y Primavera, y luego arrancábamos de punta y hacha con las despedidas de fin de año. Era bastante provechoso… Este año fue muy complicado. Se hicieron muchas cosas por plataformas y tuve la oportunidad de conducir la primera experiencia que se hizo en Canelones de Canto Rodado, que era un escenario con bandas y la gente dentro de los autos, observando mientras el show también se transmitía por radio. Ese fue el único escenario grande que tuve en el año. Luego, en cuanto a escenarios pequeños, hice alguna intromisión en bares y restaurantes, que se la jugaron bastante para sobrevivir y poder costear sus gastos, haciendo cosas que todos debíamos hacer. Se la jugaron al hacer esos escenarios pero fueron muy pocos. Fue muy difícil anímicamente y psicológicamente el hecho de que te estén bajando los shows. A mí me pega mal porque no es que no quiera que la gente se cuide y no entienda; es que es mi trabajo y, básicamente, no me están dejando trabajar. Me están coartando el laburo y me pone mal. Entiendo lo que las autoridades y el mundo requiere, pero yo también entiendo que tengo que alimentar a mi hija y pagar el alquiler. Es muy difícil atravesar este año sin escenarios. Lo digo por mí y por otros colegas que también lo están padeciendo.

¿Creés que las facilidades que ofrece la tecnología puedan sustituir en rentabilidad el espectáculo tradicional?
Sustituir nunca. Es muy difícil sustituir virtualmente la presencia de una persona. Lo compruebo todo el tiempo. Descubrí algo que está buenísimo, y que seguramente muchos artistas que trabajan en TV lo vivieron antes, y que es el hecho de traspasar la pantalla energéticamente. Es una capacidad que tenés que ir descubriendo y desarrollando….

¿Cómo es eso?
¿Cómo hacés para meterte en el corazón, la cabeza, el cuerpo de la persona, estando a kilómetros de distancia? Tiene que ser una transmisión por streaming, pero se requiere de hacerlo con buena calidad, con el equipamiento adecuado, porque se necesita de cierto equipamiento que antes quizás lo podían tener personas que se dedicaran a esto, pero que uno no lo tenía. Como músico, desarrollo mi instrumento y mi capacidad de recordar letras, canciones, músicas, cosas divertidas… pero no estaba en la parte tecnológica. Así que me tuve que meter en eso, aprender a la carrera, y me descubrí haciendo programas desde mi casa. Estuve un tiempo haciendo streaming por Instagram, con el auspicio de algunos amigos. Yo traía invitados, hacía un jueves temático e invitaba gente. Y descubrí que la gente se divertía conmigo por la pantalla chica pero no creo que las plataformas puedan sustituir la presencia cara a cara. Económica y rentablemente está bueno, en parte, si la pensás bien y calculás bien… También en este momento estoy vendiendo para empresas las fiestas de fin de año por plataforma de Zoom. Tenés que tener Zoom premium y, además, realizar el streaming con dos cámaras, tarjeta de sonido, de video y qué se yo… como si fuese una fiesta y la gente la viera desde la casa, sentada en el living. O sea, creo que la tecnología puede ofrecernos muchísimas cosas, pero la humanidad, desde los comienzos de la civilización, se reúne alrededor de un fuego, mirándose a los ojos y sintiendo esa energía que emana de un cuerpo. Esa energía fluye químicamente y espiritualmente en la otra persona. Sé que podemos viajar energéticamente por la pantalla, porque uno se puede emocionar mirando una película, escuchando música o viendo una imagen de otra parte del mundo, pero no es lo mismo estar cuerpo a cuerpo, piel a piel, olor a olor y eso nunca va a cambiar.

¿Qué podría tener de innovador o diferente la experiencia del espectáculo para retomar fuerzas?
Para mí ya cambió todo desde el primer día de la pandemia. Por ejemplo, miraba un programa norteamericano antes de que todo el mundo saliera acá con el ‘GOT Talent’. Vi a unos bailarines que danzaban en el piso con un proyector y los enfocaba y los pasaba en la pantalla de arriba, y qué se yo… eran todo cosas impensables y locas. Ahora es así. En mi casa tengo un estudio casero de filmación y audio. Es una tremenda innovación tecnológica, que el año pasado no la hubiéramos imaginado.
Lamentablemente, a la vista está que en este momento el artista no está siendo bien ponderado por parte del Gobierno. Si bien se ha buscado la vuelta con algún subsidio para ayudar a las salas, no estamos pudiendo trabajar. Es complicado tener una idea y que se caiga a las dos semanas por esto o por lo otro. Para retomar fuerzas tenemos que confiar en nosotros, en lo que hacemos, y hay que salir. Yo no puedo esperar. Mi hija no puede esperar. Mis cuentas no pueden esperar. La fuerza creo que la va a tener cada uno en su capacidad de reinventarse y de perder el miedo a esto que, para mí, es una enorme, gigante obra de teatro mundial. Estamos en una cosa muy loca. Es cierto que hay muchísimos focos de contagio, que de 4.000 hisopados por día dan positivo 500 y de los cuales fallece uno. En 500.000 hisopados fallecieron 88 mayores de 67 años. ¿Cuánta gente perdió trabajo en diez meses? ¿Cuánta gente se fundió en todo este tiempo? ¿Cuánta gente quedó en la calle? ¿Cuánta gente quedó endeudada? ¿Cuántas familias se separaron? ¿Cuánta violencia doméstica hubo sin que nadie pudiera hacer nada? ¿Cuánta gente que no tiene recursos para hacerse con los implementos para cuidarse, como barbijo y alcohol en gel, y que viven y trabajan en la calle cuidando coches, están pasando mal? ¿Cuántos artistas han tenido que salir a otra cosa? Es muy difícil…
Quiero, finalmente, agradecer al medio por la oportunidad de expresarme. Me encantaría seguir charlando. Un gran abrazo a todos los lectores y que sea lo mejor para todos en este cierre de año… y buen comienzo.
Fausto Hernández