“Era una persona noble”: el artista Edison Aguiar recuerda a su colega y amigo Ramón Lumaca Denis

El artista plástico Edison Aguiar retrató tiempo atrás a su colega Lumaca Denis, fallecido en mayo de este año. La obra estuvo presente en la inauguración de reformas del Centro Cultural de Canelones (Ex Emao) y ahora es parte de la exposición “Tributo al amigo Ramón Lumaca”, en Santa Lucía.

Cuando a Aguiar lo invitaron a exponer para la inauguración de la ex Emao, pensaba llevar un cuadro más de su colección. Pero se acordó que Lumaca tenía un vínculo fuerte con la Emao, entre otras cosas había sido alumno de la institución, y le pareció oportuno hacer un cuadro homenaje.

En esta nota, Aguiar repasa el proceso creativo de retratar a su amigo y recuerda algunas cualidades del artista recientemente fallecido.

La vocación y la falta

El proceso de pasar al retrato el recuerdo de Lumaca fue muy movilizador para Aguiar. “Son recuerdos encontrados, de la alegría de hacer lo que te gusta con la tristeza de que alguien te está faltando”, destacó. “Era una persona muy introvertida. Difícil de conocer pero sencillo en su forma de ser. Era una persona muy noble, muy clara en su pensamiento y muy directa. Un buen amigo”, expresó.

El último encuentro entre ambos artistas fue en la casa de Aguiar. Se trató de una visita breve pero de mucha risa, cuyas anécdotas pueden leerse en una carta que publicó Aguiar en sus redes sociales (ver recuadro).

Muestra tributo

A los pocos días de la inauguración de las obras de la ex Emao, llegó la exposición en el Centro Cultural Rodó, de la ciudad de Santa Lucía. Denis y Aguiar tenían agendado desde el año pasado exponer en Santa Lucía, pero la muerte de Lumaca truncó los planes. “Me llamaron para hacer la muestra y dudé un poco, porque (en principio) era una muestra en conjunto. La encargada del centro cultural me impulsó y la hice como un tributo a un amigo”, contó Aguiar.

En la exposición del Centro Cultural Rodó se pueden ver cuadros elaborados por Aguiar, paisajes de Colonia, Minas y Cabo Polonio entre otros lugares de Uruguay. El cuadro diferente es el retrato de Lumaca, que Aguiar había hecho para la muestra de la ex Emao y calzó a la perfección en el homenaje en Santa Lucía. La muestra puede verse de lunes a viernes, de 09:00 a 15:30hrs., y sábados, domingos y feriados, de 08:00 a 18:00hrs.

Edison Aguiar y Lumaca Denis, retratados por la cámara de HOY CANELONES durante la muestra conjunta denominada ‘1 + 1’, realizada en el año 2018 en la Sala Lumière de la ciudad de Canelones. Foto: Archivo HOY CANELONES.

 

Aquella visita

Carta escrita por Edison Aguiar, meses después de la muerte de Lumaca Denis:

Él era un hombre serio, yo no diría parco, pero sí de poca risa.

Nos conocimos hace cosa de 10 o 15 años y desde entonces nos frecuentábamos.

Por lo general, era yo quien iba a su casa. En invierno nos sentábamos junto a la estufa, en aquella habitación que era cocina, living, comedor, atelier, sala, y todo aquello que se nos puede imaginar, donde se podía ver el polvo acumulado por el tiempo, alguna que otra telaraña, bocetos colgados en las paredes, alguna alpargata debajo de un mueble y que seguramente quedó ahí desde el verano pasado, pero por sobre todas las cosas, se podía apreciar la calidez de un ser humano.

En otra época del año, las cosas eran diferentes. Nos sentábamos en el exterior bajo de algún árbol.

A mi casa venía poco, no porque no se sintiera a gusto, sino porque yo diría que era de poco visitar. Sin embargo, fue ahí dónde nos encontramos por última vez.

Ese día, yo estaba haciendo una escultura en el fondo de casa, cuando sin previo aviso apareció.

Lo hice pasar para el fondo. Se sentó en una reposera mientras yo continuaba con mi labor y se dio un diálogo más o menos así:

-Vas a tener que hacerle la mano izquierda de vuelta -me dijo, refiriéndose a la escultura.

-No creo -le dije- Seguramente la deje como está pues da mucho trabajo cambiarla ahora.

-Vas a tener que hacerla de vuelta -reiteró-. -¿Pero por qué? -le pregunté algo molesto-

– Y… Porque tiene seis dedos -me contestó-

Y fue por entonces, que me percaté que esa mano cerrada, que tomaba un farol, en realidad, por una falta de atención tenía efectivamente seis dedos.

Esa tarde me reí y lo vi reírse como nunca.

Luego de eso me dijo:

-Hasta luego, me voy.

Y esos fueron los últimos recuerdos que mantengo de él:

Esa fue la despedida; con la risa interminable de un hombre de poco reír, que vino a verme, pese a que era de poco visitar y que, quién sabe por qué cosas de la vida, nos vinimos a encontrar hace 10 o 15 años, una tarde como esa, llamados por el arte.

Él era Ramón, él era mi amigo.