Reflexiones sobre las primeras películas del cineasta francés Jean-Luc Godard

Adelantado a su tiempo

28Pierrot
De Jean-Luc Godard se ha dicho de todo con el correr de las últimas décadas. Intenso, soporífero, poético, reflexivo, vendehumo, nerd, intelectual, cerrado, onírico y artista superior son algunos de los epítetos con los que se ha resumido una obra de más de medio siglo en el séptimo arte.

Pocos como Jean-Luc Godard, dentro de la amplia y siempre renovada troupe de los directores de cine, ha sabido adaptarse a la evolución del lenguaje cinematográfico y, mientras hoy en día, muchos colegas se empeñan en lanzar al mercado películas atadas a los viejos moldes y con las misma fórmulas, Godard se ha tomado en serio la capacidad de mutación que tiene la pantalla grande. En una entrevista que le realizaron en 2001 lanzaba una perlita como esta: “

El cine está acabado. Es muy triste que nadie esté realmente explorándolo. ¿Pero qué podemos hacer? Además, con los teléfonos móviles y todo lo demás, ahora todo el mundo es un autor. No soy un autor. Bueno, ahora ya no. Todos creímos una vez que éramos autores, pero en realidad no teníamos ni idea”.

Jean-Luc Godard, a lo largo de su prolífica carrera, ha sabido acompañar la evolución del cine pero también de la sociedad y del mundo, contando desde su óptica las diversas transformaciones que hacen al rol humano y al hecho de vivir en sociedad.


La comunicación, en millones de variaciones y de formas, ha sido siempre el vaso comunicante del cine de Jean-Luc Godard. En otra entrevista ofrecida algún tiempo atrás, manifestaba: “La comunicación es lo que se mueve; cuando no se mueve, es pornografía. Una imagen o un sonido se mueven no porque representen un movimiento, o su ausencia, sino porque antes hay algo y después hay algo. Resulta que ese algo son mujeres y hombres, y entre ellos hay la televisión, tarjetas postales, cartas de amor, giros telegráficos, SOS, cine, es decir, medios de comunicación. Saber comunicar es plantearse la cuestión de los medios. Por ejemplo, si quiero pedirle a mi amada que está de vacaciones noticias suyas o de su hija, escribo una tarjeta postal. Pero si no tengo en el bolsillo con qué comprar el sello, todas mis grandes palabras de amor serán letra muerta”.

En ese sentido, para Godard, “hacer cine o televisión, técnicamente, es enviar 25 tarjetas postales por segundo a millones de personas, sea en el tiempo, sea en el espacio, cosa que a la fuerza es irreal”.

Lo cierto es que, con fervorosos seguidores y con cerrados detractores, Jean-Luc Godard se las ha ingeniado para constituir una de las obras más personales y críticas del cine, no eludiendo hincarle el diente a muchos temas de los que preferiríamos no hablar, arrojándolos hacia debajo de la alfombra.

28SoldatÀ Bout De Souffle (1960)

El primer largometraje de Godard presenta una sórdida historia de amor entre el ladrón de autos Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) y la joven con ínfulas de artista Patricia Franchini (divina Jean Seberg). Con un ritmo frenético y un gran manejo de la cámara, el filme le permite a Godard introducir varios de sus signos característicos que desarrollaría en películas posteriores, tales como los saltos entre planos, la disonancia en la banda sonora y el hecho de filmar en exteriores, por ejemplo en una calle, sin importarle que los extras involuntarios miren descaradamente hacia donde está la cámara.

Le petit soldat (1963)

La acción nos ubica en plena guerra de independencia de Argelia contra Francia. Bruno Forestier (Michel Subor), agente de poca monta, se verá envuelto en un cruce de terroristas que involucra a la presunta doble agente  Veronica Dreyer (la hermosa Anna Karina). Como siempre en Godard, nada es lo que parece y el filme despliega un sinfín de recursos (sin salir de cierta precariedad fílmica, común al Godard de aquellos años). Un guión solvente se complementa con una gran fotografía y una banda sonora sincopada y frenética.

Pierrot le fou (1965)

O road movie a lo Godard, con la pareja de inadaptados de Jean-Paul Belmondo y Anna Karina atravesando Francia y huyendo de unos traficantes de armas. Como siempre en Godard, el argumento importa poco y nada y sirve de mero vehículo para que el director introduzca sus ideas sobre el tiempo, la percepción y otras más que interesantes cuestiones. Visualmente, la película es una obra de arte. A modo de ejemplo, mencionaré la secuencia en que Pierrot-Belmondo asiste a una fiesta en casa de sus suegros en la que las habitaciones disponen de colores diferentes y en las que los invitados se comunican mediante jingles publicitarios.

Ernesto Borgnino

En voz propia

“Muchas veces me pregunto cómo es posible que despierte tanto interés entre la prensa y el público cuando este mismo público no va a ver mis películas y las salas están vacías. En veinticinco años de carrera solo he realizado dos películas que han funcionado. El resto, aproximadamente el 95%, han significado un desastre absoluto en el terreno financiero. El primer film de éxito fue À bout de souffle que me superó completamente. Por suerte casi enseguida hice una película, Le petit soldat, que fue un fracaso total. Eso me salvó del pecado del éxito. Al menos así es como lo veo ahora. El film fue prohibido y ni siquiera puedo decir que hubiera poca gente en la sala porque no llegó a haber ni sala”

-Fragmento de una entrevista realizada a Jean-Luc Godard durante el Festival de Berlín de 1985 donde se presentó Je vous salue, Marie.