El recuerdo del Dr. Gerson Taube

26TaubeDesde estos días, un mupi ubicado en la semipeatonal Paseo de las Artes de la ciudad de Canelones recuerda la figura y la trayectoria del doctor Gerson Taube.

Su vida y su desempeño profesional están estrechamente atados a la capital departamental, lugar al que llegó a principios de la década del treinta, proveniente de la ciudad de Dobromil, perteneciente a la región polaca de Galitzia. Integrante de una familia judía que buscó nuevos rumbos tras los efectos de la crisis económica mundial del año 1929, y con el nazismo empezando a hacer estragos en Europa, Taube fue otro de los tantos emigrantes que recaló en Uruguay, tierra en apariencia apacible y alejada de los vaivenes que convulsionaban a las grandes potencias.
Gerson Taube cursó estudios primarios en la Escuela Nº 102 de Canelones y Secundaria en el Liceo Tomás Berreta. En 1953 se graduó como médico en la Facultad de Medicina, realizando luego el posgrado de Pediatría. Cabe consignar que toda su actividad profesional fue realizada en nuestro departamento, donde supo ser el primer pediatra de Canelones y donde se lo conocería como “el médico de los niños”. Gerson Taube integró el Sindicato Médico del Uruguay y el Rotary Club Canelones, desempeñándose además como docente de la Escuela Industrial de Canelones.
Es por muchos conocida su entrega a la vocación que abrazó, trabajando en extensas jornadas en el Hospital Francisco Soca, siempre con buen semblante y con una palabra amable para los que lo trataban. Como pediatra, el doctor Taube asistió los nacimientos de cientos de canarios -entre los que se encuentra el del autor de estas líneas-, con un profesionalismo y cuidado que fueron marcas de su trayectoria profesional y humana.
Estos días en que su nombre ha sonado con mayor fuerza por la gestión de la Intendencia de Canelones al homenajearlo en la flamante peatonal, han sido muchos los recuerdos y las anécdotas que sobre el doctor Taube han circulado en ruedas de amigos y en las redes sociales. Una entonces madre primeriza recordaba cómo una vez llevó a su hijo con fiebre al domicilio particular del doctor Taube quien dejó de almorzar para atenderlo. Elena Bartora Carrill rememoraba, por ejemplo, que cuando un colectivo de personas de Canelones implementó una guardería, recibió el pedido por parte de los padres de atender también a los niños más pequeños. Fue así que este grupo de personas recurrió al doctor Taube quien, desinteresadamente, recibía a madres y niños los sábados, en el Hospital Francisco Soca, para realizar controles y aconsejarlos.
Otra anécdota, recordada por su compañera de toda la vida en el acto del pasado lunes al inaugurarse el nuevo tramo de la peatonal, tiene que ver con las oportunidades en que el doctor Taube acompañó, por propia voluntad, a algunos estudiantes del Liceo Tomás Berreta que, en plena época de la dictadura, fueron detenidos y encarcelados. En una de esas ocasiones, mientras permanecían todos juntos en la celda, el doctor Taube comenzó a explicarles a los jóvenes las Leyes de Mendel (las reglas básicas sobre la transmisión por herencia de las características de los organismos padres a sus hijos y que constituyen el fundamento de la genética). Para explicar los enunciados, Taube se dedicó a dibujar en el piso lo que iba diciendo. El guardia, que no entendía sobre qué estaban hablando y, de seguro, creyendo que planificaban alguna actividad subversiva, le pidió que borrara “inmediatamente” lo que había dibujado. “No borro nada”, dicen que afirmó el doctor Taube. “Claro, como usted es médico no se va a rebajar limpiando el piso”, le dijo el policía. Entonces, cuentan, el doctor Taube tomó el balde y el trapo que le tendían y limpió todo el piso, menos lo que él había dibujado. “Ya está, ya limpié. El dibujo, si quiere, límpielo usted”, afirmó.
A la hora de evocarlo, quiero hacerlo con esta historia que me contó mi madre y que, creo, pinta al doctor Taube, a su entrega y su compromiso con los otros, a la perfección. Una mañana, mientras el doctor Taube pasea por una calle cualquiera de Canelones, lo aborda una madre desesperada, con un niño a punto de asfixiarse con un trozo de manzana. El doctor toma al niño entre sus brazos y comienza a correr hacia el Hospital. A mitad de camino, el niño expulsa el alimento y logra respirar. El niño se incorpora entre los brazos del médico, la madre los alcanza, un grupo de curiosos los rodea. El doctor Taube ha cumplido su labor.
En época donde prima, con excepciones claro, una medicina despersonalizada, con médicos que tratan a sus pacientes como números u objetos y sociedades médicas que funcionan como multinacionales, es de celebrar el recuerdo y el homenaje que la semipeatonal Paseo de las Artes de Canelones le ha realizado a uno de sus ciudadanos más ilustres.

Martín Bentancor