El payador de leyenda
El 2020 es un año que marca una doble efeméride redonda para un destacado cultor del canto repentista del departamento de Canelones: se cumplen ciento treinta y cinco años del nacimiento y setenta y cinco años del deceso de Juan Pedro López, quien pasó a la historia como ‘El payador de leyenda’.
En una entrevista que el autor de esta nota le realizara al payador patriarca Héctor Umpiérrez (1915-2009), allá por el año 1999, quien supo ser discípulo y amigo de Juan Pedro López, se refirió al momento exacto de la muerte del trovador canario, el 25 de enero de 1945, en Montevideo. Parece ser que unos minutos antes de morir, aquejado por una grave enfermedad cardíaca, encontrándose en su lecho, López llamó a su esposa y le pidió que observara el pequeño Cristo de bronce colgado en la pared. “Mirá”, le dijo, “mirá como me está llamando”.

Verdad o leyenda, la anécdota calza perfectamente con la vida del payador canario, ya que cierto espíritu cristiano campea en toda la obra de Juan Pedro López, a quien las vivencias e historias registradas lo señalan como un hombre bueno y honrado, sustento moral y ético de su compromiso con el canto y la guitarra.
Celebrado bardo
Nacido en el Paraje Echeverría, muy cerca de la ciudad de Canelones, el 15 de agosto de 1885, Juan Pedro López ejerció varios oficios (labrador, empleado portuario, boxeador) hasta consagrarse como poeta y cantor repentista. En la década del veinte del pasado siglo, su nombre ocupaba la plana mayor de los principales escenarios dedicados al canto criollo en Buenos Aires y Montevideo.
Autor de una infinidad de celebrados textos (‘La casa encantada’, ‘La venganza de Tolosa’, ‘Mi facón brasilero’, ‘Julián el maula’, ‘Tupambaé’, ‘El rebenque fatal’, ‘Quemá esas cartas’, ‘China hereje’ y un largo etcétera), una de sus obras mayores, seguramente la más recordada, es la milonga narrativa ‘La leyenda del Mojón’, el relato de un crimen pasional narrado durante una noche de lluvia en un fogón de estancia, que supo convertirse, además de en un clásico de su repertorio, en una obra de la que se han “apropiado” muchos artistas en diversas partes de América Latina, al punto de que se ha desdibujado su autoría.

Un gesto
En el libro ‘Juan Pedro López y la leyenda del Mojón’, publicado por el investigador Xosé de Enríquez en el año 2013, se relata la historia de la guitarra que al payador le obsequiara el comandante Ramón Franco. Cuando llegó por primera vez a Montevideo el hidroavión Plus Ultra, en el año 1926, dirigido por el comandante Ramón Franco (hermano del dictador español Francisco Franco), el payador Juan Pedro López se coló en la recepción realizada en el Club Español. Después, según el relato del citado investigador, el payador le pidió a Franco una guitarra española, que el aviador le hizo llegar, unos meses más tarde, a su regreso a España. La guitarra se la encargó Ramón Franco al famoso luthier Santos Hernández y le fue remitida al payador con la dedicatoria: “Al payador uruguayo Juan Pedro López. Poeta cantor de los Orientales. Te envío la guitarra para que cantes con ella las glorias de la raza; al Trabajo, a la Industria y a la Libertad, pero deseo que se te rompa en las manos el día que cantes a la tiranía del poder. Comandante Franco”.
Algún tiempo después, cuando Juan Pedro López se enteró de que Ramón Franco había adherido a la causa de su hermano, se apersonó en la redacción del diario Crítica, manifestando su intención de devolverle a la guitarra al comandante por su deslealtad y felonía. Una historia como esta pinta a las claras la actitud humanista del gran payador nacido en el Paraje Echevarría.
López en Canelones
Un camino vecinal, que sirve de “cortada” entre Canelones y Los Cerrillos, atravesando el Paraje Echeverría, y un MUPI (Mueble Urbano para la Presentación de Información) instalado por la Comisión de Patrimonio de la Intendencia en el año 2013 en el centro de la capital departamental, son los pocos espacios que recuerdan al payador Juan Pedro López en su departamento natal. Quizás este 2020, en que se celebran ciento treinta y cinco años de su nacimiento y tres cuartos de siglo de su defunción, se concrete algún homenaje a su memoria. Por lo pronto, vaya la semblanza trazada en esta nota como una forma de mantener vivo su recuerdo.
Martín Bentancor


Debo acotar que la calle donde vivo en La Paz, se llama Juan Pedro López.
Saludos.
Hebert Pistón Rodríguez