Según cuenta la historia, desde el siglo X hasta principios del siglo XVI, existía una prueba excluyente para demostrar la virilidad del cardenal designado como el nuevo pontífice. La misma consistía en pedirle al candidato que se sentase en la llamada «silla perforada», una especie de retrete con una abertura en su parte delantera, mientras una autoridad eclesiástica verificaría la existencia o no de los testículos de su santidad. La ceremonia concluía con la frase «Duos habet et bene pendentes» («Tiene dos y le cuelgan bien»).
¿Realidad o ficción?
Desde que el monje benedictino Marianus Scotus (1028 – 1086) escribiera la primera crónica acerca de la existencia de una mujer que llegó a ser Papa, a mediados del siglo IX, la Iglesia Católica ha tratado de desacreditar las investigaciones que se han hecho sobre el tema, argumentando que este personaje nunca existió. En cuanto a la ceremonia mencionada en la introducción a este artículo, es difícil ocultar 600 años de historia; sin embargo, desde el Vaticano, siempre se ha hablado de la «sella stercoraria» (algo así como la silla del estiércol), cuyos fines son bastante obvios luego de la traducción.
¿Qué hay de cierto en todo este asunto? ¿Existió realmente una mujer que burló a la Iglesia Católica y llegó a ser Papa? Si esto no fue así, ¿quién estaría interesado en inventar esta historia con tal de difamar a la fe católica? A continuación, abordaremos algunas fuentes históricas que nos permitirán conocer ciertos aspectos de esta disputa.
Las fuentes históricas anticlericales
La mayoría de los escritos que hacen mención de la papisa Juana (cuyo nombre papal era Juan VIII), paradójicamente provienen desde el propio seno de la Iglesia Católica. Crónicas escritas por monjes y sacerdotes que vivieron durante la Edad Media (476-1492), dan testimonio del pontificado de esta mujer, entre los años 855–858 de nuestra era, el cual fue interrumpido abruptamente, después de que su santidad diera a luz en plena procesión por las calles de Roma. De acuerdo con los escritos, al descubrirse su verdadera naturaleza, presa de la ira, la muchedumbre la apedreó hasta matarla.
Historiographi, una crónica de eventos históricos que va hasta el año 1083, es el primero de los textos que hace mención de la supuesta papisa. En una anotación correspondiente al año 855, establece lo siguiente: «El Papa León (en referencia a León IV, cuyo papado se ubica entre el 847 y 857) murió en las Calendas de agosto. Fue reemplazado por Juana, una mujer que reinó por dos años, cinco meses y cuatro días». Su autor, Marianus Scotus, fue un monje que pasó los últimos años de su vida en la abadía de la ciudad de Mainz, también conocida como Maguncia (Estado de Renania-Palatinado, Alemania), muy cerca del poblado de Ingelheim am Rin, lugar donde supuestamente, 200 años antes, había nacido Juana.
Sigebert de Gemblours (1030–1112), es otro monje benedictino que hace mención de la papisa. En su obra Chronographia (crónica universal), existe una anotación correspondiente al año 857 que dice lo siguiente: «se rumorea que este Juan es una mujer, conocida así solamente por su compañero, que terminó embarazándola. Dio a luz mientras era papa, debido a lo cual ciertas gentes no la cuentan entre los papas»
En el siglo XII, el siguiente en mencionar a la papisa es Gotfrid de Viterbo (1125–1191), un secretario que trabajó para el Sacro Imperio romano. En su obra Panteón (crónica de sucesos desde la fundación del mundo), luego de citar los hechos correspondientes al Papa León IV, agrega algunas notas sobre la mujer que lo sucedió. De ella dice que nació en Ingelheim (igual que Scotus), que desde pequeña poseía una inteligencia y sabiduría propias de las mentes más cultas, pero como a la mujer no se le permitía enseñar, de joven viajó a Atenas vestida de monje benedictino, conjuntamente con otro monje. De allí viajó a Roma, se ganó la confianza de León IV, además de obispos y cardenales, hasta que fue electa como Papa.
La historia de los Papas escrita por Jean de Mailly (1190 – 1260), un cronista católico de la orden de los dominicos es, quizás, la mayor piedra en el zapato de todos los historiadores que defienden la existencia de la papisa. Mailly sitúa el reinado de la papisa en el año 1100, casi 300 años después del resto. De ella destaca su sabiduría en materia teológica, filosófica y hasta medicinal, lo cual le permitió tener un destacado puesto en la curia papal, hasta ser designada cardenal y luego Papa.
Según cuenta Mailly, el Papa iba en procesión por las calles de Roma, cuando de repente cae al suelo, producto de un fuerte dolor abdominal. Allí, ante la mirada atónita de los presentes, el Sumo Pontífice da a luz. Lo que sigue, es un ensañamiento público con el cuerpo de la papisa hasta darle muerte. La pregunta del millón es ¿qué pasó con el hijo?. Mailly solo describe el hecho, no abunda en demasiados detalles, es más, debajo de lo que escribió, deja una anotación que reza «por verificar».
El sacerdote dominico del siglo XIII, Martín von Troppau, más conocido como Martin Polonus (1220–1270), es el siguiente autor que da testimonio de la existencia de la papisa Juana. Polunus, en su obra Crónica de los papas, se refiere a la mujer como Joannes, la cual ocupó el trono papal luego de León IV. También da algunos detalles interesantes sobre su origen en Alemania. Dice, por ejemplo, que nació en un hogar cuyo jefe de familia era un cristiano devoto, de origen inglés.
Si bien desde pequeña Juana demostró interés por aprender y conocer acerca de las Escrituras (en esa época escritas en latín), por su condición de mujer, su padre jamás permitió que ella aprendiera. No obstante, a escondidas, su hermano mayor solía contarle historias bíblicas y de famosos hombres de Dios. También relata como Juana, fajándose casi todo el cuerpo, se hizo pasar por un joven monje para entrar a la Abadía de Fulda (Alemania) y así trabajar como copista de textos religiosos, al mismo tiempo que aprendía teología. En ese entonces, Juana cambia su nombre por el de Joannes Anglicus (haciendo referencia al origen inglés de su familia).
Cabe recordar que en la Edad Media, a la mujer no se le permitía tener acceso a demasiado conocimiento, puesto que su condición era la subordinación al hombre y aportar hijos a la casa.
Arremetiendo contra la autoridad papa
lEn los siglos posteriores a su desaparición, la figura de Juana fue utilizada para ridiculizar y denunciar la corrupción y decadencia de la institución del papado. Escritores humanistas como Boccaccio y Petrarca, se cuentan entre las primeras personalidades que utilizaron su historia.
Fue utilizada como alegato, a modo de ejemplo, por Juan Hus, mientras este era enjuiciado por herejía. Hus, fue un sacerdote que durante gran parte de su ministerio, se dedicó a criticar y acusar a la Iglesia Católica por sus prácticas antibíblicas (como la indulgencia), por el alejamiento de esta del verdadero evangelio y por su creciente decadencia y falta de moral.
El dato del juicio de Hus no es menor, pues según el historiador del siglo XVIII James L’Enfant, «si esto no hubiese sido en ese entonces un hecho innegable, los miembros del Concilio seguramente habrían tratado de corregir a Hus con disgusto, o se hubieran reído de él, como ciertamente lo hicieron por cosas de menor importancia». Los católicos siempre han acusado a los protestantes de tratar de difamar a la iglesia, inventando esta leyenda sobre la papisa.
Argumentación de la Iglesia Católica
El llamado Liber Pontificalis (Libro de los Papas), es una de las fuentes más consultadas a la hora de conocer la vida y obra de los Papas a lo largo del tiempo. El texto fue realizado gracias al aporte de diversos cronistas religiosos, los cuales detallaron aspectos, tantos administrativos como privados, de la vida de los Papas. En este documento no existe una sola referencia a una mujer Papa. En la cronología, se coloca a Benedicto III como el sucesor inmediato de León IV. Aparentemente, existen algunas cartas enviadas desde y hacia Benedicto III, cuya fecha permite establecer que no hubo intervalo en la línea sucesoria ente ambos Papas, salvo en un par de meses.
La otra argumentación, es que, si bien existen registros escritos de su existencia, extrañamente aparecen casi 200 años después de la fecha de su pontificado. Los autores que citan la existencia de Juana, establecen fechas dispares, por lo que da para suponer que se basaron más en relatos o «leyendas urbanas» que en hechos reales.
La leyenda tiene sus orígenes en la Iglesia de Constantinopla, la cual se separa de la iglesia romana alrededor del año 1100 (Cisma de Oriente), como forma de desprestigiar al papado romano.
Pistas
Para todo aquel que desee ampliar la lectura con una buena película sobre el tema, recomiendo mirar La Pontífice (2009), del director alemán Sönke Wortman, o bien, comprar el libro del mismo nombre escrito por la autora norteamericana Donna Woolfolk Cross.
Robert Umpiérrez
Especial para HOY CANELONES

