En nuestra nota de portada del jueves 21 de marzo, dimos a conocer la historia de Martín Cardozo y Verónica Echenique, dos jóvenes de Paraje Etchevarría, localidad cercana a la ciudad de Canelones, que desde hace algún tiempo se hicieron al camino para recorrer América a bordo de un auto acondicionado para la ocasión, y que han bautizado su aventura como ‘La Sociedad de la Minocha Galáctica’. Desde su periplo en Paraguay nos han remitido un interesante texto sobre la yerba mate, acompañado por algunas imágenes, que acá publicamos.
Conocemos mucho de yerba, su sabor, si es fuerte, si no, si tiene palo, si se lava, si está cara; somos el pueblo que camina con un termo y un mate bajo el brazo, nos conocen así en todo el mundo; nuestra cultura está totalmente enraizada con este árbol y más allá también, gran parte de Brasil, Argentina y Paraguay. El mate, la pava, el tereré, el matungo, el cimarrón y más: todos estos sinónimos de yerba mate.
Pero como inmigrantes que somos, a veces desconocemos los orígenes de nuestras costumbres más arraigadas, lo que no ayuda en la convivencia de nuestros pueblos, que prefiere reconocer con aprobación las fronteras políticas y no las culturales enraizadas en este árbol.

El país de la yerba mate limita al norte con el café de Brasil, al oeste se pierde su rastro paulatinamente en la pre cordillera andina, donde va dejando paso al mascado de coca; al sur desconocemos sus límites, pues el pueblo argentino la exporta hasta sus fronteras más septentrionales en Ushuaia y finalmente por el este, el océano se torna casi infranqueable. Si el lector lo visualiza, verá que es una región muy amplia, pero aun así las gentes aquí establecidas comparten todas ellas en alguna forma, un buen mate.
Aún más, sin introducirnos demasiado en un análisis social, los habitantes del país de la yerba mate comparten muchas costumbres similares, a pesar de los orígenes inmigrantes que son muy heterogéneos y la presencia de nativos con sus culturas foráneas, los modos de actuar se tiñen por la infusión y terminan pareciéndose bastante. En la vestimenta, principalmente la de campaña, hacen gala en sus bombachas camperas de norte a sur, la forma de trabajar la tierra, donde europeizamos el paisaje en chacras, huertos, haciendas, facendas, sin necesariamente mejorar la producción, nuestras costumbres alimenticias donde no podemos comenzar un día sin un buen mate y más, enraizadas en nuestro colectivo. La evidencia definitiva de esta gran nación sobreviene con una asociación de imagen: si usted reconoce sin más al gaucho, sentado en una piedra de fogón donde “hirve la pava pal mate”, sin lugar a ninguna duda, querido lector, usted pertenece a la nación cultural de la yerba mate.
Ahora que expusimos nuestras evidencias sobre esta pujante y antigua nación, pasamos a realizar una descripción del árbol, sus requisitos y características. Damos estos rumbos a nuestro relato por unas preguntas viejas y mal contestadas.
¿Dónde nace, cómo crece y se prepara este yuyo que ponemos en nuestras calabazas?
Si eres de Uruguay, sabrás que somos los numero uno tomando mate, pero que este árbol no crece en el país, salvo contadas excepciones como las riberas del Río Yaguarón, en la frontera con Brasil, y la Quebrada de los Cuervos debido a su clima subtropical; salvo estas excepciones, no tenemos forma de saber lo que ponemos al mate, así que aquí va nuestra contribución.
Es un árbol, no un arbusto. En esta última presentación lo vemos en los campos de cultivo donde los cosechan al mismo tiempo que los podan, para evitar que crezcan demasiado y se haga impracticable la quita de hojas sin tener que derribarlos.

Es de aquí, de la selva paranaense, de las cuencas de los ríos Paraná y el Uruguay prolongándose por el estado de Paraná en Brasil. Aquí la tierra es roja, tanto que todo, incluidas las personas, tienen un tono un tanto color ocre. Esta tierra con la descomposición de la materia orgánica y la lluvia tan frecuente se torna ácida, requisito fundamental para el crecimiento de nuestra yerba. El tronco del árbol es de tonalidades grises, tachonadas de líquenes blancos de bordes rosados a los que parece cobijar sin conflictos. Crecen altos hasta el dosel arbóreo, donde se ven sus hojas sin punta y con los bordes anteriores aserrados. El color es verde oscuro y son gruesas un tanto carnosas, de forma que las nervaduras apenas son visibles. También tiene un fruto, una baya bien pequeña parecida a la de anacahuita, con corteza quebradiza y tonos de blanco, rojo y morado dependiendo de la madurez. Los frutos son comidos por las aves y estas defecan las semillas dispersando la especie en la selva. Si uno quisiera plantarlas, nos cuenta Fede, guardaparques de Misiones, tiene que ir a un rio y raspar y golpear las semillas hasta que quedan limpias. Solo así germinan cuando las plantas.
Los guaraníes fueron los artífices de la yerba y su preparación: muy prácticos, cortaban el árbol y lo desnudaban de hojas, las cuales secaban al sol, molían y estacionaban. Ellos también inventaron el mate, la calabaza que adoba casi todos los mates de esta gran nación; la bombilla, una caña perforada; todos estos elementos y más, actualmente presentes en la selva por cantidades industriales. El pueblo guaraní consumía la bebida como hoy nosotros, buscando una pausa, un energizante, una charla amistosa; seguramente también tuvieran algún valor ritual pero desconocemos y nadie parece saber de la magia chamánica que siempre acompaña una planta con capacidad de enraizarnos.
Actualmente la yerba mate se planta en hileras, manteniendo los árboles bajos y usando pesticidas y quien sabe qué más para aumentar sus producciones. Es un cultivo habitual en la región, sobre todo aquí en Misiones, Argentina; sin embargo en Brasil la cosa es diferente, ya que los cultivos de yerba han sido cambiados por los de soja, con el aumento significativo de los precios en la yerba mate que todos hoy conocemos. Otro dato de Brasil y la yerba que nos preparan es que a los uruguayos nos gusta la yerba sin palo; son hojas muy estacionadas y secadas de forma que concentran más las sustancias psicoactivas que contiene y produce como síntomas no deseados, temblor, nerviosismo, ansiedad, trastornos gastrointestinales y más. Lamentamos informar que la yerba con palo es mejor para la salud, es más suave y no afecta tanto al sistema nervioso, así que nuestros hermanos argentinos están en lo cierto.
Ahora cargamos dos bolsitas con hojas de yerba que estamos secando al fogón, pero se puede secar en horno. Después las envasaremos en papel y dejaremos estacionar por al menos un mes, cundo las molemos y cargamos en el mate… el primero que tomaremos en nuestra existencia conociendo el auténtico abuelo de nuestra gran nación.
Sociedad de la Minocha Galáctica

