El pasado domingo 5 de agosto se cumplieron 150 años del nacimiento del escritor Javier de Viana

Javier de Viana nació en la ciudad de Canelones, el 5 de agosto de 1868, ciento cincuenta años atrás.

Principismo y botas de gaucho

El profesor de Historia y referente del Mueso ‘Primer Gobierno Patrio’, de la ciudad de Canelones, Daniel Torena, recordó que Javier de Viana, que nació en Canelones el 5 de agosto de 1868, está considerado como uno de los más grandes escritores de la narrativa nacional.

“Hablamos de una narrativa histórica de primerísimo nivel y mucha creatividad. Un estilo romántico pero, al mismo tiempo, con una muy fuerte información desde el punto de vista histórico”, describió Torena en diálogo con HOY CANELONES.

El docente destacó, por otra parte, la participación de Javier de Viana en la política y la historia de la Provincia Oriental: “Se opuso a los totalitarismos de la época. Combatió en la Revolución de las Lanzas cuando prácticamente era un niño. Tuvo, además, una participación muy destacada en la Revolución del Quebracho. Luego acompañó con su pluma, y con los pocos medios económicos que le quedaban, a las revoluciones saravistas de fines del siglo XIX y principios del XX”.

Cruce de ideas

Javier de Viana publicó la novela ‘Gurí’, uno de sus textos más celebrados, en el año 1901.

De Viana tenía como faro a las ideas del Romanticismo europeo pero también conocía de fondo los pormenores de la vida de campo. “Por un lado tenía una profunda admiración por la cultura liberal de origen europeo de la época, pero también quería rescatar nuestras raíces”, indicó Torena. “Por eso es parte de nuestra narrativa gauchesca, y es un escritor tan importante en Uruguay como José Hernández en Argentina”, ejemplificó.

El reconocimiento académico y político del recordado escritor no alcanzó, sin embargo, para paliar su situación económica. Fue heredero de una gran fortuna de sus familiares pero perdió sus riquezas por la guerra. “Volcó su dinero a apoyar campañas. Ocupó, inclusive, cargos de Gobierno. Pero su actividad pasional y políticamente idealista lo dejó en la ruina. Al final de su vida logró una pequeña pensión”, explicó el referente del Museo ‘Primer Gobierno Patrio’. “Es increíble que un hombre con el reconocimiento de todos los ambientes ilustrados de nuestra literatura viviera casi en la miseria”, agregó.

Entre colegas

El profesor Daniel Torena reconoció, además, el trabajo que el escritor Milton Stelardo realizó por la difusión de la figura de Javier de Viana en su tierra natal. “El profesor Stelardo, otro gran escritor y vecino de Canelones, conocía la obra de de Viana como nadie. El esfuerzo de Stelardo era para que se le diera en Canelones la trascendencia que se le ha dado en otras partes del país y en Argentina. Mucho fue su esfuerzo y logró que colocaran un monumento en el Barrio La Estación y una placa que recordaba el lugar donde el escritor nació. Lamentablemente, la placa que había en la casa natal donde Javier de Viana nació (donde hoy hay un supermercado) no está más”, expresó.

La muerte de Javier de Viana

En el año 2016, el recientemente fallecido investigador Luis Blanco Correa, dictó una interesantísima charla en la Escuela N° 172 ‘Javier de Viana’, de la ciudad de La Paz, en el marco de los festejos por el 144° aniversario de la ciudad.

La charla, que estuvo acompañada por una muestra documental sobre el escritor Javier de Viana, que supo ser ilustre vecino de la zona, incluyó la revelación de interesantes datos, basados en las investigaciones realizadas por el propio Blanco Correa, sobre el fallecimiento del autor de los libros ‘Gurí’ y ‘Abrojos’.

Hasta algún tiempo atrás, se creía que Javier de Viana había fallecido en La Paz, el 25 de octubre de 1926, a los 58 años, víctima de una afección pulmonar. Las investigaciones documentales de Blanco Correa permitieron arrojar evidencia contraria a ese hecho, dado que encontró la partida de defunción de de Viana en Montevideo, concretamente en Paso Carrasco. En ese entonces, el hallazgo de Luis Blanco generó una suerte de debate con las investigaciones realizadas por el profesor Jorge Rossi Silva, quien remarcó el dato de la muerte del escritor en la ciudad de La Paz, basándose en registros orales y en determinada documentación oficial. Blanco Correa, sin embargo, al presentar como evidencia la partida de defunción emitida en Montevideo, contrapuso los nuevos hechos despertando el misterio sobre el fallecimiento del destacado paceño.

Braulio Césaro despide a Javier de Viana

Cuando muere un poeta, otros poetas se dedican a exaltar el nombre y la obra del difunto, generalmente con palabras llenas de pomposidad, que pretenden el bronce y la aparente eternidad del Parnaso. Cuando el escritor canario Javier de Viana falleció en 1926, su paisano Braulio Césaro escribió el poema ‘El Charrúa’, en el que para homenajear a quien acababa de partir, se vale de un recurso lejano al bronce y la pomposidad. Césaro presenta el luto instalado en el campo por la muerte de de Viana y evoca su figura a través de una pequeña historia campesina. Acá compartimos el texto.

El Charrúa

Callaron los federales,

se entristeció el canelón,

se queja el sauce llorón,

se inundan los pajonales.

Los grandes tembladerales

también se han embravecido,

un sabiá dejó su nido

porque un zorzal de mañana

gritó que a Javier de Viana

la Parca lo había vencido.

El chingolo ni el hornero,

la calandria ni la urraca,

ya ninguno se destaca

como en mañanas de enero.

Ya no anida el carpintero

en palos del telefón

porque ha caído el campeón

de nuestra selva frondosa

y hoy sólo vive en las prosas

del campesino fogón.

Ya no cruza los rastrojos

en su flete y con orgullo,

el autor del libro ‘Yuyos’,

de ‘Gaucha’, ‘Gurí’ y ‘Abrojos’.

Sólo quedaron despojos

de la vieja tradición;

como sería la impresión

que le causó al paisanaje

que cuentan que hay un paraje

que siempre ven su visión.

Triste está la paisanada

y suele contar la gente

que hay noches en que se siente

aullar tuita la perrada.

Dicen que una madrugada,

al desuñir los carreros

largaron los delanteros

para verdiar un ratito

cuando sintieron el grito:

«Cuidao con los pertigueros».

Uno de ellos, sin recelo,

cuando ese grito sintió

al punto se persignó,

dijo «Dios lo lleve al cielo».

De la bombacha un pañuelo

el más anciano sacó,

las lágrimas se secó

y al empinar la carreta

dijo «Ese grito es de un poeta

sus libros he leído yo».

.

Después de haber amarguiado

arrimaron la boyada,

para emprender la jornada

el viejo un cuento ha empezado

de un libro que había estudiado

hecho por un gran talento

y en ese mismo momento

sintió un peso en la picana,

y era la visión de Viana

que venía a escuchar el cuento.

Braulio Césaro