Ayer, viernes 8 de setiembre, se cumplieron cien años de la llegada de la luz eléctrica a Canelones. Este hecho significó todo un acontecimiento y un gran “revuelo” para nuestra ciudad. Nuestro país fue pionero del sistema eléctrico en Sudamérica.
En el ‘Libro del Centenario del Uruguay’, de 1925, se mencionaba que “Don Marcelino Díaz y García, un español residente en Montevideo que ejercía la profesión de escribano público, había concebido, planeado y expuesto muy bien conformado, un proyecto de alumbrado público y particular. Este proyecto se presentó en 1885 a la Junta Económico–Administrativa de Montevideo. Un tiempo después fue instalada en la calle Yerbal 14, esquina Ituzaingó, la primera Usina Eléctrica de Sudamérica”.
Desde el surgimiento de esa primera usina, y a través de numerosas transformaciones, surgió la UTE. En el año 1913 se inicia la gestión de las Usinas en el interior del país. Hasta el año 1917, el alumbrado público de nuestro país se realizaba a base de querosene, como consta en varios documentos, y por supuesto que se siguió utilizando por mucho tiempo más, pues la luz eléctrica iba ganando terreno pero poco a poco.
La energía eléctrica ya había llegado a las localidades de La Paz (15 de marzo de 1915) y Las Piedras (5 de noviembre de 1915), pero como subestaciones. En la ciudad de Canelones se construyó un hermoso edificio que pasa un tanto desapercibido por estar muy próximo a la calle, y luce en la fachada principal las siguientes inscripciones: el año MCMXVII; su constructor, Mario Moreav 1917; y en el centro una inscripción posterior, probablemente de la década del cincuenta: “Central de Transformación Presidente Tomás Berreta”.

Un joven Melo
Eran las autoridades locales en ese momento el intendente Tomás Berreta, el presidente de la Junta Económico-Administrativo Luis Correch, y el Jefe de Policía Cesáreo Berisso. Un joven Eudoro Melo, bajo el seudónimo de Frá Diávolo, hacía el siguiente comentario en el diario El Baluarte de la época: “A las 18 horas del sábado 8, comenzó la fiesta. Ala fiat lux, dispuesto de antemano, como en los teatros, la luz se hizo. Lo que ocurrió entonces, bien merece los honores de esta crónica.
Comenzaron a explotar varios centenares de bomba, cuyos ecos proclamaban por doquiera la buena nueva. Aquel Minuto fue emocional e histórico. Los que los gozamos, tendremos mucho que contar a nuestros nietos. En las reuniones femeninas no se habla de otra cosa. El tema obligado es este mismo.-Instalaciones, artefactos, presupuestos, etc… La señora Zultánez me contó confidencialmente que había sorprendido a una muy buena amiga suya dando vueltas y más vueltas a la llave eléctrica, prendiendo y apagando la luz.
-¡Parece mentira! – exclamaba en su asombro lugareño – ¡Qué comodidad! – Ya no me romperán más tubos las sirvientas, ni compraré más mechas, ni fósforos, ni querosene, a quince el litro.
¡Qué suerte tan grande! – Agregaba, – olvidando en su entusiasmo, – el contador siempre activo, y el empelado de la Usina y el recibo mensual…”.
Javier Pérez
Especial para HOY CANELONES

